LIAM Cuando abrí la puerta del departamento, el sonido de las teclas fue lo primero que escuché. Saanvi estaba sentada en la mesa del comedor, rodeada de papeles, el portátil abierto y una taza de café medio vacía. La luz de la tarde entraba por el ventanal, bañando todo con ese color ámbar que siempre me recuerda a finales. Ella no me vio enseguida. Tenía el ceño fruncido, el cabello recogido en un moño improvisado y el gesto de quien está resolviendo el mundo sola. Me quedé un segundo observándola. Era hermosa así, sin maquillaje, sin poses. Solo ella y su cabeza intentando construir algo. —Tienes la mirada de quien acaba de declarar la guerra a una hoja de Excel —dije, apoyándome en el marco. Saanvi levantó la vista, sonrió apenas. —Estoy viendo los presupuestos de la remodela

