BLAKE La madrugada pesa como una losa cuando estás despierto por las razones equivocadas. Me quedo de pie junto a la mesa del despacho porque moverme me ayuda a pensar; sentarme sería aceptar que esto dura más de lo previsto, y no voy a regalarle confort a quien me esté probando. Las pantallas parpadean con un brillo pálido, el café se ha quedado frío en un vaso, y el mapa desplegado sobre la mesa parece una herida abierta en la ciudad: líneas, puntos, posibles tumbas de información. Matt está clavado en su estación, las ojeras le marcan el rostro como si alguien hubiera escrito una advertencia en cada una; Georgia y Saanvi esperan en silencio, sosteniéndose un poco a duras penas. Somos una unidad improvisada que no tiene derecho a la duda. La notificación llega con el ruido seco de algo

