Nicolás

1691 Palabras

Nicolas Mendoza Me encontraba embistiendo a la bella castaña sobre mi cama. Sus gemidos llenaban la habitación, y cuando terminé, me dejé caer pesadamente sobre el colchón, satisfecho. Lancé el preservativo hacia el cesto de basura sin mirar si había atinado, mientras ella, que decía llamarse Juanita o Jazmín —qué más daba—, comenzaba a vestirse apresuradamente. Solté una carcajada cuando, de repente, Noah entró al cuarto sin avisar, con la cara hecha un poema. Compartir habitación con mi querido hermano era una desgracia que toleraba, pero verle esa expresión de fastidio siempre tenía su lado divertido. —¿Qué demonios, Nicolás? —me recriminó cruzando los brazos, claramente molesto—. Mamá no quiere que traigas a cualquiera a la casa. Rodé los ojos, apoyándome en los codos mientras Jua

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