Al aspirar el aire de afuera, agradeció a Dios la libertad que atesoraba, dada la era liberal en la que vivía. Por esto sentía gran clemencia por Teresa y Uriel, dado que, si aún estaban vivos, por las presentes circunstancias, vivían -prácticamente- una vida de esclavos, ocultándose de todo el mundo.
Descendió por una quebrada, a fin de acortar el sendero, que la conduciría prontamente a un pintoresco parque, donde se situaba una laguna, con un cuerpo de agua de 3.6 Km² de superficie, allí se alquilaban botes de paseo.
Alquiló una embarcación, que ella contempló como la de mejor calidad, la más grande, resistente, con mejores equipos de seguridad, con mayor estabilidad, etc.
—Oiga jefe, este bote soporta una travesía por un río ¿verdad?—Preguntó Beatriz al alquilino de las naves, al estar ya embarcada en el bote.
—¿Que dice señorita? ¿Acaso considera alejarse fuera de la laguna? ¡Oh, miserable! ¡Usted es la única responsable de mi bote!—Dijo el envejecido hombre, incapaz de hacer algo, al apreciar que Beatriz estaba ya muy distante, hasta para ser escuchado. Ella sabía que la laguna se unificaba a un río descomunal, que a su vez se conectaba a unos afluentes, uno de los cuales era el río que llegaba al colegio. Era su táctica prevista para acercarse a su colegio. Los policías habían obstaculizado cualquier intento de los ciudadanos por acercarse a dicho lugar. Dados los motivos judiciales que causaron los jóvenes desaparecidos, las calles para llegar a la institución estaban bloqueadas y custodiadas por guardias y vigilantes.
Un señor muy mayor viajaba al lado del bote de Beatriz, ella le preguntó:
—Señor ¿Cuánto me resta para dar con el río Demmin?
—Unos 12 minutos—Al verla más atentamente, le dijo—Jovencita, es usted muy temeraria, ese río es muy caudaloso. Por tal razón, en esta laguna, la mayoría de hombres no considera al río como un pasatiempo o un deporte extremo, debido a que existe un riesgo muy alto de muerte. El río ha cobrado la muerte de 279 personas, y contando ¿Qué va a hacer usted allá? No vaya, siga mi consejo, no gana nada con ir.
Las palabras del anciano tuvieron peso sobre la conciencia de Beatriz, pero imaginaba que era el único medio de llegar a Bedford. Desde la desaparición de su chico, le apetecía conectarse con el agua, la hacía sentirse unida a él. Le respondió al anciano:
—Es una nueva ruta que quiero explorar para llegar más ágilmente a mi destino.
—Pero si eres una cría para comprometer así tu vida—Dijo el adulto mayor al observar todavía más el rostro de Beatriz. No era rubia natural, su pelo era castaño y lo decoloraba constantemente para obtener un rubio platinado.Tenía un rostro redondo, con pómulos marcados, labios carnosos y un lunar cerca de su boca.
—¿Que tanto conoce el río Demmin? Dígamelo por favor, que en poco nos separaremos—Le dijo algo incómoda, al percatarse que el señor la observaba minuciosamente. El viejo se colocó unos anteojos para ver mejor su figura femenina.
—Desde la laguna Mieps, hasta su desembocadura en el río Demmin el nivel del agua está a diez pies y más por debajo del nivel del mar. Esto hace que el nivel del río varíe y refluya ante el nivel del agua del mar, incluyendo flujos bidireccionales. Esto convierte a las aguas muy turbias y repleta de restos flotantes.
—Gracias y ¿Cuánto falta para alcanzar el río?
—Aproximadamente 1,5 millas
Al advertir que el río seguía una ruta de descenso, el bote aumentó su velocidad. Las aguas de la laguna, antes de unificarse al río Demmin, se dividían en dos partes. El anciano tomó la ruta opuesta a la del río, dicha ruta lo devolvería a la laguna. No obstante, la dirección que siguió Beatriz la hizo descender ferozmente y, aparte, viajaba a una peligrosa velocidad.
—Si alcanzas a sobrevivir, tendrás una experiencia singular. El riesgo no siempre es de naturaleza física, sino, en ocasiones, de índole espitual—Le dijo el adulto mayor antes de desaparecer de su vista.
Beatriz se esforzó mucho por cambiar de dirección y seguir al anciano, pero fue demasiado tarde. Sintió extrema turbación, casi como si las nuevas aguas fueran de piedra.
La temperatura descendió bruscamente. Beatriz prácticamente viajaba a ciegas, no alcanzaba a percatarse del paisaje, ya todo se tornó muy nublado.
Sentía piedras golpear debajo y a los lados de la embarcación. Fue una experiencia inaguantable. La muchacha tenía raspaduras y hematomas regados por todo el cuerpo. Un golpe en la frente le generó un aumento de la presión intracraneal, compresión y daño del tejido cerebral. Desde fuera se apreciaba un moreton rojizo.
—¡Rayos! Y todo por mi maldita terquedad ¿Que me costaba acatar las órdenes del viejo? Empezó a experimentar tal desconcierto, que consideró seriamente abandonarse en el río y buscar un lugar donde sentirse segura, alejada del endemoniado río. Pero el río era tan caudaloso, que estimó que enseguida moriría ahogada.
Transcurridos 21 minutos, se encontraba en una zona reposada. El río se tornó muy diferente, su superficie parece que estaba hecha de cuarzo. La neblina también se desvaneció. Mientras Beatriz viajaba, la fricción del casco sumergido del bote con el agua, producía ondas que se propagaban como un eco. Tal era la sutilidad que, hasta advirtió la presencia de pequeños insectos patinando sobre la superficie del río. También las percas se veían en el fondo del agua, ahora, transparente.
Todo el paisaje a su alrededor estaba rebosante de espesa vegetación. De vez en cuando observaba a castores (muy abundantes) y nutrias.
Cuando el bote, por la diminuta velocidad a la que se movía, se detuvo, ella se dispuso a caminar sobre el río. El nivel del agua rondaba los treinta centímetros. El abuelo tenía razón:
El nivel del río variaba ante el nivel del agua del mar y los flujos bidireccionales.