capitulo XIX Almas en pena en el río Demmin

1126 Palabras
Todo el paisaje a su alrededor era muy bonito, como si todo encajara perfectamente. Al inclinarse al río por aparecerle un fuerte impulso de beber agua, se contuvo, dado que la contaminación hídrica afecta a la mayoría de los ríos a nivel global. Solo contempló su faz plasmada en el río, parecía tan distinto al rostro con el que salió -aquella mañana- de su hogar, ahora una marca en la frente le cambiaba de forma abrupa sus facciones. Se percibía a sí misma más madura, más seria. Principió a lavarse el rostro, tan pronto acabó de hacerlo, vislumbró a un niño o adolescente distante, en la zona espesa del bosque. Al minuto de observarlo, un miedo frío atravesó su cuerpo. El adolescente estaba privado de vestimenta, salvo por un trozo de manta que lo cubría. Estaba calvo, demacrado, tembloroso y tenía ensangrentado el rostro. —¿Quien eres?—Preguntó Beatriz muy intrigada. El muchacho apenas prestó atención a sus palabras, se escondió detrás de un árbol y empezó a cantar una canción que decía así: "Quiero sufrir por amor, y hasta gozar por amor, cantaré aun cuando tenga que coger las flores entre las espinas, y tanto más melodioso será mi canto, cuanto más largas y punzantes sean las espinas"¹ La canción era interpretada elegantemente. Su voz pertenecía a alguien completamente inocente y dulce. Beatriz estaba interesada en ayudarlo, más este la esquivaba —Escúchame mozalbete, si no me develas por qué estás aquí, quién eres y de dónde vienes llamaré a la policía. —¿Por que harías eso? Tu no puedes arrestarme—Dijo el jovencito, se lo apreciaba bastante cándido al articular las palabras —¿Cómo que no? ¡Ven aquí!—Dijo Beatriz y procuró atraparlo. Cuando lo tuvo acorralado, el muchacho, por fin, resolvió hablar. Su semblante cambió, se tornó serio y algo amenazante. —Ayúdame a localizar a mi mamá por favor. —Lo haré, pero antes cuéntame qué haces aquí o cómo perdiste de vista a tu madre. —Había gente, habían gritos. La gente estaba preparada para morir. —¿Qué? ¿Que personas? ¿De qué me hablas?dime. —En aquel momento se les dijo a los niños: ¿Quieren vivir? La ciudad estaba ardiendo. "No, ya no queremos vivir más" respondieron. La gente se dirigió principalmente a este río e intentaron ahogarse voluntariamente. La población estaba extremadamente en pánico—El niño hablaba en soliloquio. —Oye, te ves muy maduro para tu edad—Beatriz juzgó al niño por su modo de expresarse. El niño dirigió su mirada al río y trató de ahogarse. Beatriz pensaba que la imprevisibilidad comportamental del adolescente la enloquecerían. Haló su párvulo cuerpo de las aguas poco profundas. —No hijo mío ¿Que haces?—Dijo una señora, se encaminó hacia el chiquillo y éste, enseguida fue a parar a los brazos de ella, quién debía rondar los 44 años de edad. —¿Donde estabas? Te estuve buscando la totalidad de la noche, una vez que mis hermanos ya estaban a salvo. Mis ñaños Fritzgerald y Jacobo Zimmer me informaron acerca de tu intensión de suicidarte en este río, más yo te lo impedí, lo sé...—El adolescente reprimía con total firmeza las lágrimas, debido a las intensas emociones que estaba experimentando. —Mi niño, no sabes lo que aconteció después ¿verdad? —No, dime mamita. —Yo tuve que asesinar a tus hermanos y a ti mismo en...—El muchacho se aferró fuertemente de la blusa de su madre, y empezó a llorar desconsoladamente. —¡No, eso no pasó, nada de eso pasó!—Exclamaba el jovencito al no contar con el aplomo interno necesario para aceptar los hechos. —En este mismo río yacen las almas de tus hermanos, mejor ayúdame a hallarlos. Ésa es la realidad, y por un largo periodo rehusé revelártela, porque tú mente aún no sube de nivel, debes tener una mente superior para volar al cielo. Ahora debes escuchar esto, aunque dediques mucho tiempo para asimilarlo y aceptarlo. Ahora te voy a explicar una cosa: Aquella siniestra noche del desastre colectivo, una vez que los rusos incendiaron todo, muchas mujeres mataron a sus hijos antes de suicidarse, o se sumergieron en este río con una roca a la espalda llevando a sus bebés en brazos. Antes del s******o colectivo, los rumores sobre las atrocidades y los fusilamientos en masa, llevados a cabo por los rusos, como forma de represalia, estaba bastante extendido. Aquel día de la m*****e, los soldados soviéticos ondearon varias banderas blancas y algunos fanáticos, miembros de las Juventudes Hitlerianas, dispararon contra los opositores. Nos hubieran perdonado la vida si no hubiesen incurrido en este error. Hay ejemplos donde los rusos intentaron sacar a la gente o impedírles que se sumerjan en este río, para frustrar los suicidios. El joven que, posteriormente reveló se llamaba Fred Zimmer, sentía soltar un resentimiento, ocultado por varias décadas en lo profundo de su ser. El recuerdo lo liberaba, sospechaba que en un futuro cercano perdonaría definitivamente a los principales causantes de los suicidios en masa. Permaneció tendido en el río, con una mirada vacía. Trataba de asimilar un hecho traumático, que su mente se negaba a aceptar, para evitarle el sobresalto extremo generado en aquel periodo bélico. Gisela le explicó que ahora ella era un alma en pena, tal como su hijo, que vagaba por el río Demmin con apegos terrenales e ideas torcidas, dado que no lograban purificar completamente sus mentes por los suicidios. Se habían suicidado el 2 de mayo de 1945 después de que el ejército rojo ingresara a aquella región. En aquel tiempo la Wehrmacht (fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi) había hecho volar los puentes de escape sobre el río Demmin, lo que provocó el cierre de la zona del colegio Bedford por el norte, el sur y el oeste, esto dejó atrapados a miles de civiles. Los soviéticos saquearon y quemaron la ciudad, cometiendo todo tipo de violaciones y ejecuciones. Gisela relató, con lágrimas en los ojos, que había sido violada unas 50 veces delante de sus propios hijos. Después de que varios soldados hubiesen violado hasta la muerte a su hermana y disparado mortalmente a su padre. Gisela cortó las muñecas de sus hijos e hijas, así como las suyas, mientras que las demás mujeres de la familia se suicidaron. Antes, Fred había rescatado a su madre de suicidarse ahogándose en el río, pero posteriormente su madre les -y se- quitó la vida. Unos fantasmas se amontonaron a su alrededor. Superaban las 1500 personas, de las que se habían suicidado posteriormente a la llegada del Ejército Rojo. La energía alrededor se sentía muy pesada, todos habían fallecido violentamente.
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