Uriel sospechó que se le aproximaba un fantasma. Para su alivio, se trataba de Teresa, estaba empapada y con un semblante pálido.
En el sitio no se oía nada, sus voces resonaban como ecos que se disipan en el vacío.
—Uriel, gracias por salvarme—Dijo Teresa al mismo tiempo que le estrechaba su espalda.
—La salvación de tu alma me costó una vida.
—Mmm ¿Por que dices eso?—Preguntó extrañada. A Uriel no le apetecía platicar sobre el asunto, sintió desconsuelo por entregar el alma de Beatriz.
Teresa le relató, de manera muy detallada, el sueño que tuvo de los infantes que se ahogaron en el río del colegio, como si sus almas vagaran por aquella zona. Basados en relevaciones del sueño, sospecharon que se encontraban en una área subterránea, muy por debajo de la superficie del colegio Bedford.
Dentro de la cueva circulaba un río, repleto de crustáceos Niphargus de agua dulce. Teresa le ordenó a Uriel perseguir el trayecto del río. Ambos continuaron su curso después de alimentarse de susodichos crustáceos y recomponerse. Conforme trascurría el tiempo, el nivel del río se incrementó y estimaron que, si no descubrían una salida -de prisa- se ahogarían, dado que la caverna era un lugar cerrado.
A lo lejos escucharon un silbido que se asemejaba al generado por una persona. Uriel, con mucho valor, se acercó a la entidad que percibía nadaba en el agua.
Al dar con la criatura, descubrió que se trataba de un delfín nariz de botella, había emergido del río que estaban siguiendo.
—¡Es él, vamos, créeme, es él!—Exclamó Teresa —Es el animal que se me apareció en el sueño.
El delfín volvió a emitir unos silbidos, con frecuencias muy altas (hasta 13 kHz).
—Rápido, sube, el animal te está dando una señal de alarma—Ordenó Teresa e impuso a su amigo a ser el primero en tratar de huir con la ayuda del cetáceo.
—No, ve tú, yo iré después, no me perdonaría perderte otra vez.
—Vamos amigo, no temas que yo estoy contigo¹—Dijo el delfín, Uriel temió sobremanera al apreciar que el mamífero podía hablar—No me comunico con palabras, mi modo usual de comunicarme es por medio del sentimiento. El sentimiento es el lenguaje del alma—Le explicó el animal. El delfín tenía la idéntica voz del muchachito que se le presentó en el sueño. Mas adelante comprendió que el delfín se comunicaba telepáticamete, y que lo que captaba no eran palabras, sino imágenes y sensaciones que intuitivamente traducía al lenguaje humano.
El nivel de agua -dentro de la cueva- subió, Teresa impelió a su amigo y este se sumergió en el río. El delfín embistió -aún más- el cuerpo del estudiante hacia el fondo. Como todo estaba muy apagado, Uriel se aferró al cuerpo del animal y los dos fueron succionados por un fuerte remolino encubierto bajo las aguas. El remolino giraba extremadamente rápido. De no ser por la asistencia del cetáceo, hubiera sucumbido ahogado por aquellos "conductos" subterráneos, conformados por rocas o estratos geológicos, con la suficiente porosidad y permeabilidad para permitir un flujo significativo de las aguas.
El rostro desfigurado de su amiga permaneció grabado en su memoria, como una fotografía, antes de partir. El proceder inusitado de Teresa lo consideró una consecuencia del gran estrés y trauma que estaba viviendo.
Transcurrieron 3 minutos con 16 segundos y finalmente sobresalieron hacia la superficie del río del colegio. El afluente los conducía a unos 8 km/h. Uriel notó que por todas partes había troncos, raíces, escombros y hasta bolsas de plástico, de modo que su cuerpo padeció unos cuantos cortes y raspones.
Llegaron al mar. Uriel percibió el cambio brusco de densidad y temperatura de las aguas, se le hizo más sencillo flotar.
Uriel agradeció al cetáceo y con prontitud se separaron de modo que él prosiguiera con el rescate de su amiga.
—No tardes— Se decía a sí mismo Uriel, estaba impacientado al imaginar que la caverna estaba completamente inundada .
Estaba en una playa desconocida. Cuando, en virtud de la gran ansiedad que sentía, le surgió el impulso de rezar, rememoró el mantra que le había revelado la ballena, ideal para invocarla ahora que se localizaba a orillas del mar.
Al invocarla, la playa empezó a temblar.
Divisó algo moviéndose dentro del agua, cerca de donde estaba. Escuchó el canto característico del misticeto, con una frecuencia de cuarenta hertz, por encima del mínimo audible para el oído humano. Acto seguido, avistó la expulsión de un chorro de vapor de agua de unos ocho metros de altura. Uriel obedeció a lo que él consideraba una llamada explícita de la ballena.
Sola y varada, debía medir unos veintiseis metros de largo, pesar unas cien toneladas o más. Se trataba de una ballena azul pigmea color gris pizarra. Para respirar, la ballena expuso su espalda y espiráculo en mayor medida de lo habitual.
El chico la saludó inclinándose frente a ella con gran cortesía. Estaban muy cerca el uno del otro, sintió una especie de respeto y temor reverente, ya que se encontraba frente al animal mas masivo que jamás haya existido alguna vez en la Tierra. Supera a cualquier animal terrestre, actual o extinto. Supera al mas grande de los dinosaurios. Todos estos animales serían más pequeños que la ballena azul.
Entre tanto, la cueva subterránea había agotado toda su capacidad volumétrica para abarcar el agua del río. Teresa estaba al borde del colapso. Al advertir la presencia del cetáceo, rápidamente se sostuvo de él. El delfín nariz de botella la trasladó hasta la playa donde los esperaba Uriel.
Un grupo de pescadores amontonados en una zona inmediata a la orilla, rodeaban algo o a alguien, como si hubiese acontecido un accidente. Teresa se juntó al grupo, para averiguar que estaba aconteciendo.