Capitulo XXII Spondylus

990 Palabras
Beatriz andaba con la ocurrencia de mirar fijamente a los ojos a las personas para averiguar si tenían la misma energía que ella. Cuando clavó su mirada en Alberto, él también se la quedó mirando a los ojos y ella pensó: —“este está igual de loco que yo.“ Durante su primera noche Beatríz sentía energía oscura oprimiéndole el pecho. En un sueño vió el cuerpo de Alberto como energía brillante dorada y plateada, densa, muy concentrada, con forma de silueta de cuerpo humano. Su energía estaba muy limpia. Estos y más signos le hicieron saber que su maestro sabía cosas que la mayoría de la gente no sabe. Al día siguiente, por la mañana, apareció Alberto, usaba unas enormes botas negras de caucho, de campo. Su vestimenta estaba repleta de arbustos y malezas, como si se hubiese introducido a lo profundo del bosque. Saludó respetuosamente a su alumna, y se dispuso a cocinar, portaba unas hierbas con un olor agradable. La calentura dentro del aula era muy diferente a la de afuera, ya que los alimentos no tardaron en cocinarse. Beatriz sintió terror cuando un animal, parecido a un milpié gigante, se hizo evidente desde el cuello, por la parte superior de la cazadora del profesor. El milípedo era de color rojizo, semejante a los arthropleuras extintos hace 300 millones de años, tan escurridizo que ingresaba y salía velozmente del interior de su ropa con destreza suprema. Beatriz le preguntó: —¿Que tipo de animal es ése? ¿Y por qué lo tienes como mascota? Alberto sonrió levemente y respondió: —Se llama Spondylus y lo considero, antes que una macota, un confiable y valioso compañero—Alberto llamó a la criatura por su nombre y éste recorrió la columna vertebral del profesor, se pasó a sus brazos y llegó hasta el borde de su mano, aparentaba estar adherido al cuerpo del docente—No temas tocarlo. El animal se transfirió al cuerpo de Beatriz y recorrió todo su cuerpo, ella sentía cosquillas. —¿Que clase de bicho es éste?—Preguntaba Beatriz, al tiempo que se reía a carcajadas. —El único en su especie—Respondió Alberto. —¿Te es útil este animal? —Su nombre científico es spondylius artiquiridetus, es una especie no procedente de este planeta, aunque le sería de gran provecho al ser humano. Llegaron, en estado de huevo, principalmente a través de impactos de cometas ricos en hielo hace unos 300 millones de años, desde la constelación Canis Major, más específicamente de la estrella más brillante, Sirio, y se extinguieron hace unos 60 millones de años. Son algo infrecuentes, tanto en Sirio como en este planeta. Su alimentación se basa, como las plantas, principalmente de energía solar. Aunque también son omnívoros. —Si se extinguieron hace aproximadamente 60 millones de años ¿Cómo es posible que tú tengas uno?—Preguntó sorprendida Beatriz—¿Me estás tomando el pelo? —No es eso a lo que me refería, quise decir que la mayoría se extinguieron en ese tiempo. —¿Me estás jorobando? No soy una experta paleontóloga para saber que este raro invertebrado no existe en la actualidad. —Si, eso es verdad...—Alberto, pese a siempre mostrarse transparente, parecía ocultar algo. —Vamos, solo dime—Dijo Beatriz, se sentía muy cómoda al tutear, mientras platicaba con su maestro. —Es que este animal es un animal etérico, astral, que sólo a ciertas personas se les manifiesta. Debes atesorar virtudes para que se incline a quedarse contigo —¿Ah si? Dime cómo ayudaría a los seres humanos. —Mira—Le dijo Alberto y el animal ingresó en el interior de su columna vertebral, los dos organismos se fusionaron. El quilópodo era capaz de nutrir, con su energía sutil, acumulada del sol, a Alberto. Esta energía era transportada hacia la médula ósea, haciendo que Alberto pueda sobrevivir bastante tiempo sin comer. El miriápodo astral le regeneraba el sistema nervioso central y lo amparaba en las noches, de los seres oscuros, mientras dormía. —Es increíble que este fósil viviente pueda ayudar a una especie tan reciente en la historia de la vida como el ser humano (Homo sapiens) Es como si hubiesen sido hechos el uno para el otro. —Asi es, es algo no creíble. Solo Dios sabrá como este artrópodo coincide de manera tan precisa con nuestra biología. —¿No quieres probar?—Preguntó Alberto. —¿Probar? ¿A qué te refieres? —Prueba que Spondylus se adentre en tu organismo. —No lo sé...Hacer eso es algo que me resulta repugnante, la verdad. —Anímate, no te va a hacer daño. Es más, vas a salir beneficiada—Terminó diciendo Alberto y Beatriz aceptó. Beatriz y Alberto juntaron sus manos y el artrópodo se trasladó al cuerpo de Beatriz a través de sus brazos, como si el animal aceptara completamente su presencia. —Es una buena señal, el animal te aprueba—Dijo Alberto. Al momento de acomodarse más y examinar el cuerpo de Beatriz, Spondylus entró a su columna vertebral y la enderezó sutilmente, ella sintió la energía fluir de manera rebosante por todo su cuerpo, comprendió que todas las experiencias espirituales elevadas se dan en el interior de la columna vertebral. El animal aparentaba ser un intruso dentro del cuerpo de Beatriz, pero respetaba el libre albedrío. Si la persona repelía su presencia, rápidamente se retiraba. Esta destrucción de la consciencia del ser, a Beatriz le pareció lo mismo que la muerte. Sentía que la misma muerte estaba allí ante sus ojos, muy cerca. Incapaz de controlarse, gritó muy fuerte. —Ah, ¿qué me está haciendo? ¿Qué no sabe que tengo mis padres en mi casa? Todo esto sucedió en solo unos segundos. Y cambió la manera entera de pensar de la Beatriz. Estaba confundida y seguía tratando de analizar lo que había sucedido.
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