Capitulo XXII

970 Palabras
Tanto Clara como Agustín despidieron a Beatriz. El día era muy favorable, la temporada era seca, se presentaba un buen sol. Era más allá del mediodía. A Beatriz se le había ocurrido atravesar la playa sola, le apetecía despejarse un poco antes de ir a su residencia y, retroceder al hospital para observar la condición en la que estaba Fenicio. Sentía el impulso del viento, las olas chocar fuerte y la marea elevarse. La playa estaba escasa de gente y eso la hizo sentirse más ella misma. Estaba contemplando el mar y sospechó que un animal la perseguía. Sus pies descalzos se dirigían mojados por el agua. Y sus huellas se esfumaban prontamente por las olas. —¿Quién eres?— le dijo al desconocido animal, como si conversara con un crío —¿Acaso eres tú, Uriel?—advertió que era un delfín el que la venía siguiendo. —Haber, si eres tu ¿Por qué no me lo manifiestas?—el delfín tenía la apariencia de una pequeña y tierna mascota, hacía como si ansiara acariciarla, levantó la boca y se dejó tocar. El delfín la escoltó durante un largo tramo. De vez en cuando Beatriz se acercaba más al agua y lo agasajaba. Al llegar al límite de su esfuerzo, la disposición de Beatriz cambió. Ya muy exhausta, ideó seriamente si debía abandonar a su amado o convivir con él en su corazón. Tenía un escrito que le recitó al delfín, decía así: “Amado, niño de mis sueños, querido Uriel. Hoy se cumplen dos años desde de tu desaparición. No sé si la responsabilidad divina te llama más que la responsabilidad humana. He pasado abundante tiempo en aislamiento y meditación. Ya no percibo tu agradable voz. Medito para encontrar a La Providencia en mí. Por eso los lazos mundanos suelen debilitarse. Solo así comprendo que la obligación celestial te llama de una manera muy atrayente, más que tu estima a familiares, como me lo señaló Teresa en un versículo bíblico: "El que ama padre o madre más que a Mí, no es digno de Mí. El que ama hijo o hija más que a Mí, no es digno de Mí."¹ Querido, me propuse dejarte ir o, más bien, dejar lo que lastima, que suelen ser estos deseos individuales y egoístas, este apego, estos sentimientos mal asimilados de tu partida. Por lo tanto, me quedaré sólo con lo provechoso, lo bien que me siento memorándote. Teresa me platicó que no condenabas el enamoramiento. Es un sentimiento muy bonito y puro. Tú condenabas lo que acongoja: la lujuria, el deseo insatisfecho, la baja autoestima, el miedo, el orgullo y el egoísmo. Por eso anhelo guardarte en mi cofre de reminiscencias. Quiero que seas parte de mí, no te extingas. Si te apetece, envíame tus vibraciones de cariño que en momentos me hacen (e hicieron)tanta falta. Quizás, por mi mala afinidad, no conseguí siempre percibir tus avisos. Es lo que pienso, Dios no se muestra a los mortales porque éstos, no han creado un cuerpo lo bastante sutil y puro para recibir las descargas de energía del Creador. Dios es tan grandioso, que se requiere de un cuerpo robusto, en sintonía, y con los canales internos y de electricidad purificados, para resistir sus visiones. Este es el engaño de la humanidad: no hacer nada y suponer que Dios se te va a revelar. A lo largo de este período que no acudes a mí, me he sentido muy vulnerable, abandonada ¿Sabes? A mi lado humano le apetece algo que sentir. Por eso te estimo, porque amas al Creador, aún cuando al principio es tan complicado percibirlo con este cuerpo. Quiera Dios que te encuentres bien. He sufrido tanto... Aún te pienso. Aún te aguardo, pero ya no más. «la última vez que me viste todavía está quemado en el fondo de mi mente Así que esta soy yo, tragándome mi orgullo, diciendo lo siento por esa noche Y vuelvo a diciembre todo el tiempo. Volvería a diciembre, daría la vuelta y lo haría bien. Luego pienso en el verano, en todos los tiempos hermosos. Y me di cuenta de que te amaba en el otoño Y luego vino el frío, los días oscuros. Cuando el miedo se apoderó de mi mente Te di todo este amor y lo único que recibí de ti fue un adiós. Pero si nos volviéramos a amar, te juro que te amaría bien. Retrocedería en el tiempo y lo cambiaría, pero no puedo. Volvería a diciembre, daría la vuelta y cambiaría de opinión. Vuelvo a diciembre todo el tiempo. Todo el tiempo»² La vida solitaria me la está inculcando Teresa, por eso casi no conozco chicos. Confío que este escrito se lleve todo el tormento acumulado por tu ausencia. Que esta carta aminore las miserias experimentadas durante esta difícil prueba. A veces te odio porque, si tanto me amabas ¿Por qué no hiciste el mínimo empeño en aproximarme un mensaje? eso es lo que anhelo ¡un maldito mensaje! algo palpable, para poder resolver si continuar amándote o dejarte ir. Si sigues vivo, también eres un execrable egoísta, que escasamente le importa su familia y yo. Quiero salvaguardar, como tú, el sentimiento del enamoramiento. Sólo quería que nos amemos como seres mortales también. Oh Dios, o mejor llévatelo a tu esfera si sus aspiraciones espirituales son muy grandes“ Beatriz creía que los motivos de la desaparición de su amado se debían a causas espirituales, lo dedujo así por la fuerte conexión que sentía de Uriel con los seres cetáceos, que los representaba como seres divinos. Ella se sentía a reventar. No sabía si la carta era oportuna para ese momento, la había escrito cuando más enamorada se sentía. Y decidió recitársela al delfín, que no era tan evidente que fuera Uriel.
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