Viernes cinco de la tarde estaba aquí frente a mi casa mientras observaba la calle, es una calle linda, vehículos hermosos, mujeres hermosas y edificios lujosos, había aprendido algo muy valioso esta semana, estar en el metro te hace pasar desapercibido, si vas en tu carro es fácil para la cualquiera seguirte el rastro, vigilarte y localizarte, en el metro también, pero nadie espera nada de alguien en el metro, gente común y corriente.
Era importante para mi borrar mis pasos, evitar lugares donde ya había hecho daño, sabía que luego del proyecto Mariana me expandiría al eje cafetero ya que era muy difícil para mí seguir en esta ciudad sin ser notado, Mariana es descuidada, la vigilo dia y noche, nunca había tenido que vigilar de manera tan agresiva a nadie, pero es que esta no es una joven cualquiera, me preocupa de mayor medida que su compañerito de iglesia haya pasado la noche ahí ¿es su pareja? Y si lo fuera ¿Por qué saldría conmigo? Dos preguntas sin respuestas.
Empecé a caminar hacia la estación y pronto ya estaba recorriendo el estadio, para mi mala suerte jugaba el independiente Medellín, había una pasarela de hinchas de ese club tratando de venderme algo, querían completar dinero para pagar la entrada al partido, sinceramente no confió en personas así, si no tienen dinero para pagar su entrada es posible que tampoco para comer, pero te piden dinero para una boleta, no creo que tengan sus prioridades claras.
Pude salir de ese campo de zombis y llegue hasta la estación estadio, hace parte de la línea B del metro que lo cruza de oriente a occidente, la línea A va de norte a sur, no sabía que un pasaje costaba 2.600, tengo que sacar una tarjeta cívica, subí y espere el tren durante veinte minutos, hay menos trenes en esta línea, puesto que hay menos estaciones, me preocupaba un poco que por cada minuto que pasaba la cantidad de gente sumaba.
Logré entrar al vagón, las distancias eran más cortas entre una estación y otra, en dos minutos estaba en suramericana, entendí que así se llama la estación puesto que estaba próxima a Seguros Suramericana, si supieran cuántos de esos directivos son socios de Vo4 no se sentirían tan seguros, luego la estación Cisneros la cual era la más cercana al centro administrativo de la ciudad, los juzgados, la alcaldía y la gobernación y pronto
llegamos a la estación San Antonio es la más importante de todas, de ella se desprenden la línea A, la Línea B y el tranvía, tuve que pasar de la línea B a la A y dirigirme hasta bello, ahí me encontraría con Allan, lo conozco hace 2 años, vendía m*******a en la universidad Pontifica Bolivariana, le vendía m*******a a niñas ricas, hijas de concejales y diputados en una universidad católica, tenía una beca y solo estudiaba para sostenerla y poder seguir vendiendo drogas, una persona muy particular, me facilito información sobre una niña peruana que estudiaba de intercambio a la que le robe a una semana de que volviera a su país, desde ahí le pago por trabajos menores como este.
Me esperaba en la estación, se notaba que estaba cansado de esperarme, extendió sus brazos al verme como diciéndome “al fin” al llegar solo le dije.
-Donde está la bolsa.
-No me la quiso dar.
-¿Por qué?
-Solo no me la dio.
-¿Le dijiste que te mandé yo?
-Sí, y empezó a seducirme.
-Te dije que lo intentaría, es un aguacero le cae a todo lo que se mueve.
Claramente me refiera a Lonzo, a ese enfermo s****l le hice un encargo, una maravilla de la química farmacéutica llamada Rohypnol, esa mierda hace que se te borre la memoria, olvidas mucho antes y después del consumo, pero también la Tetrabenazine es la que hace que caigan al piso, con poca cantidad caen en una hora, mucha y caen en un segundo, la cantidad apropiada me daba esos hermosos 5 segundos.
Tomamos un taxi hasta una construcción y ahí estaba él, liderando un proyecto para construir un conjunto residencial, ambos llegamos y le dije.
-Señor Lonzo ¿Cómo está?
-Hola Robín Hood.
-Teníamos un acuerdo.
-Claro que sí, contigo no con él.
-¿Qué tiene de malo él? Míralo como una extensión de mí.
-No confío en los malditos de Envigado.
-¿Pero qué dices?
-Se creen mejor que todos los demás del valle de aburra.
-Yo soy de Envigado.
-¿En serio?
-Si.
-Bueno ¿Qué es lo que quieres?
-Mi maldita bolsa con la química.
-Cierto, debes esperar que terminemos, no la tengo aquí.
-Hijo de perra, no se lo entregaste porque no confiaras en él, sino porque eres un irresponsable.
-Tranquilo niño, vamos a terminar pronto.
Les daré un consejo, cada vez que alguien les diga, “Ya voy a llegar” “Estoy llegando” “Ya Salí” “Ya vamos a terminar” es una mentira, sabía que iba a esperar demasiado y me lleve a Allan conmigo diciéndole a Lonzo.
-Cuando termines me llamas, de acuerdo, voy a tomar algo.
Caminamos hasta un pequeño local, ambos bebimos una cerveza, Allan era muy bajo, hincha del nacional, disfrutaba de ver batallas de rap y solía mostrarme videos, eran entretenidos, Allan era hijo adoptivo, sus padres biológicos fueron asesinados en la operación orión cuando él tenía 4 años, lo adoptaron una familia cristiana, eso hace que el hecho de que haga todas estas cosas sea increíble.
Leía la biblia y fumaba con las hojas del nuevo testamento, hasta el proyecto de milena, tenía poco dinero, pero gracias a las esmeraldas su suerte cambio, me juro su lealtad y se quedó a mi lado desde ese momento, en medio de los tragos decidió preguntarme.
-¿Y la niña católica?
-¿Mariana?
-Si ¿Cómo van?
-¿Cómo vamos? ¿Es mi novia o qué?
-Pero ¿te gusta?
-Claro que no ¿Por qué piensas eso?
-Es que te molesto que el niño católico durmiera con ella.
-No me molesto, solo me causa curiosidad.
-Se llaman celos.