LA ESPECIALISTA

1032 Palabras
Los hombres tienen una ventaja a la hora de la vestimenta, el común denominador de ellos se viste con cualquier cosa, no en un sentido estricto de la expresión, pero a la hora de elegir prendas es sencillo, tengo una cita con Camilo este sábado y ¡adivinen! No sé qué ponerme, normalmente nunca sé que ponerme, la universidad, la iglesia, alguna salida, alguna cena, pero en esta ocasión ni sé cómo identificar esta salida. No puedo vestirme como si fuera a la universidad pero tampoco como si fuera a una fiesta, no es una salida con un novio, tampoco puedo decir que es un amigo y mucho menos compañero, no voy a una discoteca y tampoco voy a misa, no quiero vestirme como prepago y tampoco quiero parecer cristiana, hoy es jueves y solo tengo dos días para elegir, estoy segura que a él solo le costará 20 minutos tomar esa decisión. Me desconozco a mí misma, me genera mayor conflicto la ropa que usaré que el hecho de que voy a salir con un criminal ¿Por qué lo hago? No tengo problemas económicos, no tengo ausencia paterna que me haga buscar alguien que lo remplace, no me gustan las drogas, no estoy mal en la U, todas estas personas tienen una excusa para meterse con un narco ¿Cuál es la mía? Bueno no tengo excusa, solo me da la puta gana. Me acerque a mi armario, las mujeres solemos ser muy organizadas, en mi caso divido todo en tipos y luego en colores, tipos de blusas, vestidos, faldas, pantalones, zapatos y accesorios, son un millón de posibilidades y todas pueden verse mal, me considero hermosa, pero si puedo amplificar esa belleza lo haré. Empecemos desde abajo, él me lleva aproximadamente cinco centímetros por lo que descartemos los tacones y plataformas tengo tres de esos, no quiero usar tenis aunque tengo cinco y mucho menos sandalias solo tengo unas, podrían ser valetas que tengo dos, pero no, unas botas estarán bien, tengo dos, las botas negras pues podrían combinar con todo, ahora las botas eliminan los cinco jeans y los dos pantalones, pero no pienso usar ninguna de las cuatro faldas entonces deben ser uno de los ocho vestidos, no, el elegante no, el que uso para ciudades calientes, claramente no es de carolina herrera, debe ser el blanco, aquel con un cierre atrás, llegas a la mitad de mis piernas y con mangas largas, además algo para cubrirme, tengo cuatro chaquetas y dos  busos, evidentemente debe ser una chaqueta y debe ser la negra de cuero ¡puta madre no tengo que ponerme! debo ir de compras. Es tan horrible sentir que tienes tanto que no tienes nada y la ropa solo es la punta del iceberg, cremas para el cuerpo, cremas para la cara, jabones íntimos, tratamientos faciales, tratamientos para el cabello ¿Qué tipo de peinado debo llevar? ¿Debo cortarme el cabello? ¿Suelto? ¿Recogido? Y el maquillaje debe ser un punto medio entre prostituta y mujer de negocios, debo depilarme las cejas, arreglarme las malditas uñas ¿para qué si ellos no lo notan? Bueno, es para mí. Ya habían pasado dos horas desde que empecé a decidir, ya eran las 11AM y tenía un examen a la 1PM, guarde toda mi ropa y me arregle para ir a la Universidad, subí al carro y decidí llamar a mi mamá, mi madre era periodista, trabajaba en una canal de televisión institucional de Santa rosa de Osos y en un periódico del municipio, esta tan expuesta a situaciones horribles que a menudo se preocupa por mí, no contestó ni a la primera o la segunda llamada y decidí insistir una última vez. -Mamá.   -Hola hija.   -¿Cómo vas, cómo está mi papá?   -Estamos bien ¿y qué estás haciendo?   -Voy a la Universidad.   -¿Estas manejando?   -Sí, Mamá.   -Y con qué mano sostienes el volante.   -El auto tiene Bluetooth mamá.   -Ya entiendo, y ¿Cómo estas, te sientes bien?   -Si.   -¿Llamaste a la EPS?   -¿Para qué?   -Para la cita que te dije, con el psicólogo.   -No necesito una cita psicológica mamá, yo estoy mentalmente bien.   -Es que desde lo de Andrés.   -No vamos a hablar de Andrés mamá, no viene al caso, ese tema está cerrado y luego te hablo, te amo mamá, adiós. Llegue a la Universidad faltando veinte minutos para el examen, los días de exámenes importantes traen consigo una atmosfera de tensión, están los que ya saben que van a ganar y están tranquilos, los que son inteligentes pero no tienen tanta seguridad, los que saben que van a perder y ya les importa muy poco, claramente los más molestos los que no estudiaron y quieren absorber de tu cabeza como si tu cerebro fuera la última gota de agua y por último, las monedas al aire esa gente que podría ganar o perder y ni ellos saben cómo obtuvieron su resultado ¿de qué parte soy yo? Creo que ya lo saben. He empatizado con Angie me propuse a ayudarla a estudiar, en otras ocasiones seria parte de ese grupo que no estudio y quiere ganar pero al verla noté que había entendido todo, solía observarla en los exámenes, perdida en sí misma; pero cuando comenzó este examen estaba perdida pero esta vez en su examen, nunca levanto la mirada de su hoja y cuando terminamos se sentía segura, claro que con ciertos nervios pero satisfecha, nos sentamos en unas bancas para hablar y decidí contarle mi situación, porque si no sabes que ponerte para salir debo hablar con la experta. -Angie, necesito un favor.   -Claro.   -Tengo una cita con alguien, y quiero comprar ropa nueva, quiero que me acompañes. -¿A dónde?   -Mayorca.   -¿Y si vamos a Molinos?   - Hay demasiada gente en molinos a todas horas, es como si medio belén se metiera ahí. -De acuerdo ¿con quién vas a salir? ¿Es de la U?   -No es de la U.   -¿Es de la iglesia o el grupo juvenil?   -Tampoco.   -¿Quién es? -No lo conoces, no tendría sentido.   -¿De dónde lo conoces?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR