La madre de Darío se dirigió al patio para confrontar a su hijo acerca de la mujer que acababa de salir de su casa. El chico estaba tan ensimismado, que no notó su presencia hasta que ella lo llamó por su nombre. — Madre — contestó y se sonrieron. — Me alegra que salieras a tomar un poco el sol. — Sí, también necesitaba un poco de aire, estar mucho tiempo en la habitación comenzaba a ser sofocante. Ella solamente asintió, tomó asiento a su lado y mandó a traer algo de beber. Después agarrando valor, soltó lo que debía decirle. — Vi que Marcela vino a verte. — Ah, sí — contestó con tranquilidad. — ¿Qué quería? Darío no le respondió con rapidez, se tomó su tiempo para pensar lo que diría, pues había planeado tener primero el permiso de su padre y después revelarle las not

