Una vez que aterrizaron en la capital, un chofer ya los esperaba en el aeropuerto, una soñolienta Samanta agradeció por ello, se subieron al automóvil y unos minutos más tarde llegaron al edificio. El chofer subió primero para dejar las maletas, mientras que Darío trataba de despertar a Samanta que se había quedado dormida. — Hemos llegado, linda — le dijo. Darío la ayudó a bajar, se despidieron del chofer y subieron a sus departamentos, el chico pensaba que debido al cansancio deberían dejar la conversación para otro día. — Estás muy cansada, ¿Quieres dormir en tu departamento? — le preguntó, pero ella negó y con timidez lo agarró por el puño de su camisa, y lo miró. — Quiero quedarme contigo. — murmuró, y él le sonrió asintiendo. — Entonces entremos y hablemos dentro

