Después de compartir el baño, de risas y besos, Darío la dejó para que pudiese cambiarse a gusto, no quería que pensara que era una molestia y sabía que habría más tiempo para ambos. Samanta se admiró en el espejo, buscó en su semblante algo que hubiese cambiado, pero solamente notó que estaba especialmente relajada y un brillo minúsculo alumbraban sus ojos, parpadeó un par de veces, le costó encontrar concentración, su mente no terminaba de traerle los recuerdos de lo que acababa de pasar momentos atrás. — Me acosté con mi jefe — le dijo a su reflejo, y notó como se sonrojaba —Darío me hizo el amor. Se aferró con fuerza del lavabo, sentía un alboroto en su interior, estaba feliz, plena, y hasta podía decir que completa. Nunca había visto su virginidad como algo malo, pero ahora que h

