Samanta acomodaba con empeño la ultima propuesta que su titular le había pedido, si la memoria no le fallaba, con esta sería la quinta corrección que le hacía y estaba muy segura que para Marcela seguiría estando mal. Antes de salir de su oficina, se miró por ultima vez en el espejo de la pared, se notó cansada y se preocupó, pensó en lo que haría si la volvía a rechazar, pensó en renunciar, pero ¿Era eso justo? Se preguntó, sabía que no lo era, pero ya estaba llegando a su límite con aquella mujer. — Adelante — le dijo la voz femenina desde el otro lado de la puerta cuando Samanta tocó a esta. — Buenos días, arquitecta — saludó al entrar. Lo primero que notó sobre el escritorio de Marcela fue una nueva fotografía, rápidamente pudo reconocer a las dos personas en ella, a la mujer se

