Samanta despertó por el ruido de voces conversando, abrió los ojos y pestañó un par de veces tratando de asimilar el sitio donde se encontraba, a unos pasos de ella, Darío despedía al repartidor y cerraba tras de él, al volver al interior del cuarto sonrió al ver como el pequeño cuerpo de la chica se removía bajo las sábanas. — ¿Ya te despertaste? — le preguntó. — Ya ha llegado el desayuno. Ella abrió los ojos de pronto y se reincorporó en la cama de un salto, pero perdió el aliento cuando notó al chico frente a ella, Darío caminaba descalzo por la habitación, tenía el cabello mojado peinado descuidadamente hacia atrás, no traía más que unos jeans que se le pegaban perfectamente a sus piernas y glúteos y estaba con el dorso descubierto, para Samanta fue imposible no sonrojarse y levant

