Había pasado un mes desde la ultima vez que Darío había visto a Samanta, desde que ella se había ido para siempre de su vida, y no había día que no pensara en ella, era peor que cuando lo habían dejado plantado y no comprendía la razón de ello. Pensó que, al llenarse de trabajo, al mantenerse ocupado, pronto podría olvidarla, pero eso no pasó. La extrañaba demasiado y si no fuera porque su vida era un desastre, hacía mucho que hubiese ido a buscarla, pero eso era imposible. No tenía a nadie más. Su relación con Marcela simplemente se había reducido a un par de llamadas a la semana y ninguna otra visita, era como si ni siquiera hubiese una relación entre ellos, que al final de cuentas realmente no la había, formalmente no habían regresado y la única conexión que ahora tenían era el hijo

