El tono de una llamada despertó a Marcela, se fijo en la hora en el reloj del buró: 11: 23 de la noche, el celular seguía sonando por lo que después de ver el nombre de Darío en la pantalla se decidió a contestar. — ¿Qué pasa? — Necesitamos hablar… La premura y el nerviosismo en la voz del chico fue lo que le hizo ponerse en guardia, sabía que no le llamaría sino fuese algo de vital importancia y temió porque fuera un problema con su padre. — ¿Ha pasado algo malo? — Sí, pero necesitamos conversarlo en persona… — Estoy en mi casa. — Saldré justo ahora, te aviso cuando este cerca. — Darío, espera. — trató de detenerlo, pero él ya había colgado. Marcela salió de su cama y se metió al baño para darse una ducha rápida, sabía que Darío tardaría en llegar por lo menos en

