Vladenchenko se posiciona entre mis piernas, sujetando las mías al punto de abrirme lo suficiente para acomodarse entre ellas. Por más que quiero echarme para atrás, sus besos y caricias sobre mis pechos están volviéndome loca. Una sensación que quizás es primera vez que conozco, es un hombre que sabe lo que está haciendo y como quiere hacerlo, y yo...
Solo estoy loca.
Mi cuerpo reacciona al arrebatador pene que se acaricia en la entrada de mi v****a, Vladenchenko no hace el intento por entrar y esa sensación es frustrante. Mi interior está exigiéndolo.
—Por favor... —terminó diciéndole.
—>>>¿Por favor qué? —pregunta.
—Adentro... ponlo adentro... —jadeo, sus dientes tiran de mi pezon. Arde, pero es un ardor placentero.
No me responde, su pene se desliza en mi interior y debo cerrar los ojos sintiendo ese enorme pedazo de carne entrar poco a poco en mi. Las piernas me tiemblan, las levanto más enroscándome en su cintura la presión en mi interior es poco a poco más profunda. Estoy dandole todo el acceso que ni siquiera ha pedido pero solo ha tomado.
—>>>Leaf mírame.
Abro los ojos por unos segundos mirándole, una gota de sudor cae por su frente y cuando cierra los ojos se que está haciendo lo imposible por no invadirme con fuerza.
Es grande... demasiado largo.
—Ah... joder... —gruñe.
Estoy caliente.
Siento mi cuerpo y en especial esa parte muy caliente, la forma en cómo se mueve suave y lento como si fuera casi imposible llegar al final, es estimulándome al punto que no puedo cerrar la boca y dejar de hacer ruidos raros.
Me sujeto de sus brazos, clavando las uñas en ambos o de lo contrario podría perder la cordura. Se está moviendo, soltando y presionando. Duele. Duele un poco pero mi propio cuerpo se rehúsa a dejarlo, deseo más y quiero más.
—>>>Estas muy apretada, solo un poco más. —gruñe, sí, esta conteniéndose.
—Hazlo. Vladenchenko... rápido... —mi voz es una súplica.
Su mirada azul se fija en la mía, no sé que es exactamente lo que logra ver pero como si eso le diera autorización se introduce en mi interior con más fuerza.
—¡Ah! ¡Dios! —jadeo, creo que acabo de ver a toda la creación en el cielo.
Mi cuerpo se estremece por el brusco arranque pero me limito a él apretándome, enroscándome al intruso que en este momento está obligándome a perder todo sentido de la razón. Los movimientos son fuertes pero pausados, acostumbrado a él. Es perfecto. Una delicia.
Las embestidas no se hacen esperar, una a una, Vlandenchenko se mueve con más fuerza y aunque al inicio duele mucho poco a poco se convierte en una sensación que por primera vez estoy experimentando y es sentirme llena por un hombre. No hay descripción, no hay detalles solo un hombre absorbiendo cada parte de mi cuerpo y en este momento cada uno de mis pensamientos.
Su cuerpo se siente enorme sobre el mío, el aroma de Vladenchenko Paradox invade mis fosas nasales desorientándome. Un olor suave pero penetrante, una fragancia que jamás había olfateado.
El enorme pecho de Vladenchenko pegándose al mío, su rostro buscando mis labios encontrándolos y poseerlos con una pasión y deseo que confunde distorsionando todos mis sentidos. Mis manos van a parar en su cabello rubio avellana, jalándolo, acariciandolo y haciéndome de él. Su lengua es experta, este hombre sabe lo que hace y como lo hace.
—Mmmm... maldición. —gruñe presionando sus labios en mi boca con más fuerza.
Está por llegar, se mueve, levantando un poco y pasar uno de sus brazos por mi cintura. Mi rostro se esconde en su pecho, sintiéndolo tan agitado como el mío. Sus embestidas se aceleran, mi cuerpo vuelve a convertirse en electricidad pero esta vez un sensación de anhelo me aborda confundiéndome.
—>>>Damelo. Leaf. Córrete conmigo en tu interior. —su voz ronca justo en mi oído son un estímulo fabuloso.
Me abrazo a su espalda, necesito buscar equilibrio o voy a...
—¡Ay, Dios! —abro los ojos sintiéndole salir y sumergirse en mi interior con fuerza.
Mi cuerpo se convierte en gelatina y aunque creo que voy a caer, uno de sus brazos me sostiene con fuerza. Mi rostro pegado a su pecho que sube y baja con fuerza.
Estoy muerta. Literal.
—¿Tú habitación? —pregunta, le miro agonizante.
Señaló hacia atrás mostrándole una puerta de vidrio oscurecido. Sale de mi, no se como rayos lo hace pero logra levantarme con un solo brazo incorporándonos a ambos. De pie, me coge por completo cargándome camino a la habitación.
Se inclina recogiendo su billetera, haciendo que su pene se golpee en mi espalda, este hombre no tiene el mínimo deseo de detenerse y por extraño que parezca mi mente esta nublada pero mi cuerpo parece exigirle. Exigir a este precioso desconocido que me he traído a casa, estoy loca, completamente loca.
—Yo... de verdad espero no arrepentirme mañana. —digo más para mi que para él.
—>>>No voy a permitirlo, incluso si te olvidas de mi, no olvidarás esta noche. Eres la primera mujer que me hace perder la cabeza en un solo día.
—¿Así? —sonrió a medias.
Entramos a la habitación, una luz tenue se enciende alrededor de mi cama. A causa de insomnio nocturno y mis ojos prefiero tener una luz opaca que permite al exterior iluminar mi habitación. Edimburgo es la luz nocturna que siempre he deseado para tranquilizarme.
Vladenchenko se quita el preservativo usado, saca uno nuevo de su billetera y se lo coloca. Estando completamente desnuda sobre la cama, le observo; no hay más razones, este hombre es un equilibrio entre masculino y perfecto. Un hombre arrebatador y puedo considerarlo un modelo de masculinidad que ni siquiera encuentras en las revistas o mucho menos en una porno.
Se acerca, su mirada azul parece estudiarme por unos segundos como si tratara de evaluar lo que está sucediendo. No es nada malo. Solo dos extraños teniendo sexo descontrolado porque es una noche bastante caliente en Escocia y debemos solo vivir el momento.
Acercando más el rostro a mi, su penetrante mirada azul queda sobre mis ámbar a los cuales se limita observar sin decir nada. Con un poco más de suavidad, deja un suave beso sobre mis labios. Tengo que aceptarlo, en otras circunstancias podria caer rendida a su voluntad sin ningún problema, pero estamos hablando de mi. Leaf Capuleti, no soy esa clase de mujer.
Sus labios y lengua saboteando los míos, levanto los brazos pasándolos por su cuello y volver a acariciar su cabello. Suave. Diligente y paciencia. Disfrutando cada segundo. Un beso bastante largo, debemos separarnos a causa del aire pero no es por mucho tiempo; me busca otra vez, lamiendo el labio inferior y seguir bajando por el mentón y garganta. Una cadena de besos suaves me estimulan, respiro profundo conteniendo el aire unos segundos. Es tentador.
—>>>Respira, Leaf. —su aliento se pega en mis pechos, los cuales besa cada uno dejando pequeños mordiscos.
Suelto el aire poco a poco, Vladenchenko continúa con una tarea más lenta que esta volviéndome loca. Baja lo suficiente besando el ombligo y la pelvis, besando el monte de Venus por encima, me agradezco mentalmente por tomar una buena ducha el día de hoy.
Su barbilla rasposa se acaricia por encima, pienso que pondrá su boca entre mis piernas pero solo es un largo beso por encima. Uno que me sorprende cuando otra vez uno de sus dedos me invade.
—Dios. —jadeo.
Mi cuerpo se arquea, echándose hacia arriba gustoso por el dedo intruso que está marcando círculos en el interior. Sosteniéndome de las sábanas me muevo como una loca sintiendo el placer abordarme en todos los sentidos.
Vladenchenko se toma el tiempo, estimulándome, humedeciéndome más pero estoy lista. Dios que lo estoy. No quiero parecer una loca pero lo necesito, quiero tenerlo dentro de mi y lo deseo en este preciso momento. No puedo ir lento... me gusta pero... ¡Siento que voy a morir!
—Vladenchenko... por favor... —jadeo, deseosa y mi propia voz me traiciona con súplica.
El hombre no se deja esperar ni dos veces, como si hubiera estado esperando que se lo pidiera. Me ataca moviéndose sobre mi y entrar en mi interior sin ningún tipo de aviso.
—¡Maldición! —gruñó, no es gruñido de dolor es... —Fascinante... —gimoteo.
El altercado me resulta excitante, sentirle entrar en mi con fuerza y sin aviso me ha llevado nuevamente al quinto cielo. Las embestidas no son en nada suaves a como lo eran sus actos hace solo unos segundos, me contengo tanto como puedo de no jadear como lo hacen las chicas en el porno pero es casi imposible.
Muerdo mi labio inferior con fuerza, aceptando cada arranque que tiene en mi interior. No se cuantas veces contengo el aire pero es que soy tonta, creo que pierdo el aire en cada momento que lo siento empujarse en mi interior.
—No te contengas, déjame escuchárte. Quiero escucharte. —sus palabras son suaves, su fuerte acento ruso no lo parece pero es suave.
—Mmm... es que... mmm... —jadeo.
—¿Qué?
—Eres impresionante... —el me mira a los ojos. —Me gusta mucho... —me sincero mirándole a los ojos. Sus azulados se tornan más oscuros y eso solo acompañado de una fuerte embestida que logra derrotar mi cuerpo dejando que ese ahora conocido puente eléctrico se active dándome paso al orgasmo.
Mi cuerpo se encoge, haciéndose bolita por debajo de su cuerpo. La expresión en su rostro es de satisfacción, ha llegado conmigo y puedo sentir su descarga mientras se continúa moviendo.
—Ah... j***r. —eso es lo único que gruñe cerrando los ojos. Sin embargo, cuando abre los ojos y se encuentra con los míos, la sonrisa que me entrega llega directamente a mi interior en un lugar que no podría imaginarlo. Mi corazón se acelera ante esa bonita blanca y no pienso que sea bueno.
Es el sexo Leaf. Solo eso. Esto es nuevo para ti.
¡Por supuesto que lo es!
Sale de mi interior, quitándose el preservativo y enrollarlo para tirarlo. Puedo ver como coge un nuevo papelito pero no le digo nada, él tampoco parece querer decir nada. Baja a mis labios, besándome. Me abrazo a él, saboreando sus labios y dejándome llevar por todo tipo de sensación que esté teniendo.
Pasando un brazo por mi cintura, me levanta moviéndome de posición y así el caer sobre el colchón y yo quedar recostada sobre su pecho. Me levanto, empujándome con las manos pegadas a su duro pecho. Mi trasero queda a una distancia corta de su pene que se golpea por detrás. Sin decirme nada, me entrega el papelito. Le miro con una ceja arqueada.
No voy a parar, es solo esta noche.
Lo abro con los dientes, bajo su oscurecida mirada. Nunca había puesto un preservativo, le miro a él esperando que me indique cómo hacerlo y creo que parece dudar si estoy actuando inocente o de verdad no tengo idea de cómo hacerlo. Dejando las dudas de lado y sabiendo que eso no es difícil, me muevo cogiendo su pene entre mis manos. También es la primera vez que toco uno de esta manera, no soy precisamente inocente y me divierto pero hay muchas cosas que no he hecho antes.
—>>>Deslízalo por la punta hasta abajo. —ordena en ese ruso fuerte que tiene.
Hago lo que me pide, con los dedos acaricio su pene bajando el látex por lo largo. Es largo, grueso y blanco, hasta un punto parece color rosa y las venas que comienzan a marcarse son una clara muestra de excitación. Le observo fijamente, acariciandolo nuevamente de arriba hacia abajo, es duro.
—Es muy duro... —masculló. Continuó acariciandolo, embelesada.
Nunca había tocado un pene de esta manera, su pene se mueve por sí solo, presiono la punta inspeccionándolo. Es un pene perfecto.
—Mmmm... —gruñe.
El gruñido que se escapa de su boca me hace volver a verlo, tiene la vista pegada en mi en lo que estoy haciendo. El placer que logro encontrar en su rostro me incita a seguir haciéndolo, despacio y pausado. Su cuerpo, se mueve impulsándose, golpeándose en mi vientre.
—>>>Móntame, Leaf, muéstrame lo que puedes hacer.
No estoy segura de entenderle, pero hago lo que es obvio. Levanto la cadera, sin dejar su pene y así posicionarlo en mi sexo, sumergiéndolo despacio. Cierro los ojos, la sensación es diferente porque estoy prácticamente incrustando su pene en mi interior. Despacio, dejando que entre en mi tan lento y suave, la sensación es exquisita.
—Joder...
Cuando estoy llena de él, me echo hacia atrás, dejando que mis manos se sostengan de sus piernas.
—>>>Muevete, despacio. Suave.
Hago lo que pide, mi cuerpo se mueve pero el me toma de la cintura guiándome en cómo desea que lo haga. Mi cuerpo se acopla a los movimientos, cierro los ojos sintiéndome de lo más llena por él. Sus manos se presionan con fuerza en mi cintura, más calientes y duras, mis manos las buscan para entrelazar nuestros dedos y sostenerme.
Unas palabras se escapan de su boca pero no logro entenderle, quizás no estoy poniéndole atención. Apresuro los movimientos, rápido pero suave al mismo tiempo. Quiero correrme, necesito hacerlo.
—Mmm... Vladenchenko... —jadeo, él se mueve empujándose en mi interior.
Mi cuerpo se encorva, arqueo la espalda echándome hacia atrás. Explotando, rodeándolo con la esencia. Mi mente se cansa, Vladenchenko tira de mi cuerpo sin soltar mis manos haciéndome caer sobre su pecho.
Está noche, ha sido una gran noche.