El pueblo estaba esperando la llegada del príncipe del Reino de Adya. El cual varios meses atrás dijo que haría una visita para saludar y ayudar a algunas casas, para revisarlas y ver si necesitan algo. Todos estaban emocionados esperando y rogando para que el príncipe fuera a sus casas a ayudarlos con algunas cosas, aparte de aquellas personas que tenían ilusión de que el príncipe los ayudara.
Habían tres ladrones que esperaban que el Príncipe llegara, para poder quitarle todas las joyas y todas sus ropas caras, para venderlas y así poder tener la vida que siempre han querido tener y que piensan merecer. Pero su plan casi se fue a la borda al olvidarse que al ser alguien de la realeza, estaría rodeado de un montón de guardias armados y dispuestos a dispararle a quien se vea sospechoso, pero no le tomaron mucha importancia porque en algún momento el príncipe debía separarse de ellos .
Todo el pueblo gritó de felicidad y alegría con su llegada, el príncipe no paraba de sonreír y saludar a las personas sobre Vicente, su hermoso caballo blanco. Todos les ofrecían varias de sus cosas para que los tomaran en cuenta, algunos daban bolsitas de dinero (aunque sabían que no lo necesitaba), canastas llenas de comida y algunas de sus mejores ropas, aunque se quedaran con menos de 5 prendas. Entre la multitud estaba nuestra protagonista Lía, que con su hermoso pelo de color n***o e impresionantes ojos verdes llamó la atención de algunos de los pueblerinos e incluso de algunos guardias, quienes se deleitaron con su singular belleza.
Pues en el castillo-aunque no lo crean-no existía alguien con esa hermosura casi exótica, pero ella estaba más preocupada por el príncipe al saber del plan.
Esos ladrones no eran tan inteligentes como todos pensaban, ellos no conocían la palabra "disimular", ya que se pasaban por el pueblo diciendo sus planes a todo pulmón, todo el mundo sabía lo que planeaban, pero no decían nada por temor, sabían que ellos planeaban alejar al príncipe de los guardias para poder atacarlo y quitarle todo, pero si él se resistía lo apuñalarían hasta dejarlo inmóvil o hasta matarlo, cosa que no les importaba a estos ladrones .
Porque con tal de ser ricos harían cualquier cosa, aún si eso implica matar a varias personas. No les tiemblan las manos a la hora de hacerlo.
Luego de unas horas de ayudar a los habitantes del pueblo, cargando algunos bebés, dándole ropa nueva, todo pasó en cámara lenta, cuando se estaban por ir devuelta al castillo, el príncipe se puso una especie de capucha con hoyos-para intentar camuflarse como un habitante más del pueblo-que tapaba muy bien su cabeza, se bajó del caballo y salió corriendo rápidamente, intentando camuflarse entre todo el gentío; lográndolo. Los guardias se alarmaron e intentaron seguirlo pero... con la basta cantidad de personas que se encontraban allí lo perdieron de vista.
Los ladrones-estando acostumbrados a moverse por la multitud para poder robar-lo persiguieron hasta perderse de la vista de los demás. Lía al observar esto se acercó a uno de los guardias para decirle hacia donde había ido el príncipe y que lo estaban persiguiendo para atacarlo, o algo peor, torturarlo hasta asesinarlo, pero al tocar un brazo para llamar la atención de uno de ellos, este la empujó casi haciéndola caer y le dijo.
—¡Quítate! ¡pobre asquerosa! no me vuelvas a tocar con tus mugrosas manos -dice limpiándose el lugar donde fue tocado, como si fuera la peste y la miró con cara de asco.
La volvió a empujar y con tantas personas alborotadas, cayó de trasero al suelo siendo casi pisoteada por los demás. Uno de los guardias que la estaba mirando antes le ayudó a levantarse y miró mal a su compañero por haber empujado e insultado a una señorita, sin medir su fuerza y sus palabras.
—Se arrepentirán por no haberme escuchado y por no hacerme caso -les dice enojada.
Al decir eso dio media vuelta y se dirigió a su casa, bajo la vista de los guardias, quienes observándose unos a otros, tenían un mal presentimiento.
...
Lía había llegado a su casa preocupada por el príncipe, ya habían pasado cuatro horas de lo sucedido y aún no sabía nada sobre él. Cuando iba a prepararse algo de cenar escuchó un ajetreo fuera de su casa. específicamente, cerca de la puerta principal. Caminó hacia la puerta pero se arrepintió, entonces se dirigió hacia la ventana y ahí vio a los tres ladrones cargando un cuerpo inmóvil, quienes lo tiraron al suelo y se quedaron un rato mirando este.
—¿Por qué lo tiramos aquí? Allá hay un bosque y si lo ponemos ahí, no lo encontrarían de inmediato, incluso podrían durar días en ese lugar sin ser encontrado hasta se puede morir ahí mismito -dice uno observando a su alrededor.
—Este es el lugar más lejos del pueblo y si el Rey viene en busca de su hermano, seguro que no sabría de este lugar -responde otro-bueno, a menos que se lo digan... además investigué y sé -gracias a unas fuentes "confiables"- que se supone que quien vivía aquí, era un guardia del antiguo Rey Ben, está más duro que una roca, al igual que el Rey.
—¿más duro que una roca? ¿qué quieres decir con eso? -preguntó el otro ladrón, quien estaba arrodillado jugando con el pasto.
—¡Qué está muerto hijo! eso es lo que quiero decir -responde exaltado por lo tonto que es- ¡y deja de jugar con el pasto asqueroso! -le grita, ya que odia la suciedad.
—Perdón.
Se escuchó un pequeño ruido venir de entre los árboles y ellos se asustaron, así que dándole una última mirada al cuerpo salieron corriendo, yéndose al lado contrario del pueblo, es decir, saliendo de este.
Lía al ver a los hombres salir corriendo despavoridos, salió de una manera rápida y con una cara preocupada, asustándose al confirmar sus sospechas y quitándose las ganas de llorar por ver que era el príncipe.
Lía con la poca fuerza que tenía, gracias al hambre, cargó el cuerpo del príncipe y lo metió a su casa dispuesta a curar sus heridas y salvarlo.
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Primer capítulo, espero que les guste.