Es hora de divertirse.
En otras circunstancias hubiese deseado lo que estaba pasando, pero ahora no lo deseaba en lo más mínimo, no quería que de ninguna forma él la estuviese tocando como lo hacía ahora, no quería que sus manos pasaran por su cuerpo al cual le faltaba cobertura.
Wayne, estaba sobre su cuerpo y tocaba cada parte de su piel sin ninguna pizca de respeto, pasaba sus manos por sus pechos, por su cintura, inclusive en aquella zona. Sucia, así se sentía.
—Es hora de que me pagues aquella humillación estúpida que me hiciste, pequeña perra —sollozos salían de sus labios y se preguntaba porqué de repente quiso tener pinta de valiente.
—Aleja tu cuerpo de mí, por favor —Y aún así en los peores momentos su voz no había fallado y se culpaba por ello, porque ella quería que él tuviese un poco de compasión por su persona, quería que él se alejara de ella y que se olvidara de lo que había pasado.
En un momento él puso una de sus manos alrededor de su cuello y comenzó a apretar robando su aire, aprovechó eso y comenzó a bajar su pequeño pantalón de pijama.
—Ahora no soy sangre sucia ¿eh?
Comenzó a empujar el cuerpo de él con sus pequeñas manos y con la poca fuerza que le quedaba.
—Espero que tus gritos no despierten a Deana, hice que ella tuviese un sueño profundo para que no pudiera interrumpir nuestro encuentro, ni nosotros a ella.
Él había comenzado a besar sus labios dejando rastros de saliva en ellos, al igual que en su cuello que estaba rojo por el agarre de Wayne.
—Aleja tu cuerpo de mí— En ese momento se diría que estaba enojada aunque el miedo la invadía. Ella estaba enojada, sí, lo estaba. Se preguntaba que le pasaba a su cuerpo, que le pasaba a ella, sentía más fuerza y se sentía segura, sentía que él no la podía dañar porque si lo hacía lo pagaría
—No lo volveré a repetir—Una estruendosa carcajada salió de los labios de Wayne y de inmediato los ojos de Aneu se transformaron en un verde intenso que brillaba intensamente y así fue como Wayne se había alejado de ella, mirándola con miedo.
Ella no sabía lo que pasaba, sólo veía como su rostro mostraba miedo.
¿A que le temes Wayne? ¿me temes a mi?
~
Había amanecido en el mismo lugar, y su cuerpo se mecía de lado a lado, a pesar de lo último que había pasado la noche anterior sentía miedo, sentía los dedos de Wayne, sobre ella. Aún sentía sus labios en los suyos y aun podía sentir la humedad de su saliva en su cuello. Se levantó de donde se encontraba y fue directo hacia el baño, se arrodilló frente al retrete y dejó salir todo lo que tenía dentro. Vomitó por todos sus recuerdos, sentía repulsión, de hecho hasta un pequeño mareo la había invadido.
Se paró frente al espejo y vió una marca roja en su cuello, se miró sus muñecas y vió que estás estaban diseñadas por un rojo intenso. Diseñadas no, más bien, marcadas. Sus ojos tenían ojeras y no podía sacar de su cabeza aquellas imágenes. Ella sabía que eso no lo iba a olvidar tan fácil.
Solamente por un vaso de agua pasó aquello, aunque ella no hubiese bajado Wayne iba a poder hacer lo que su sucia mente estaba pensando...
1 semana después.
La graduación había pasado y la fiesta de una semana después era justamente hoy, no quería siquiera ir, pero desde lo más profundo de su ser si lo deseaba, quería divertirse si quiera un poco, Deana le había insistido demasiado pero ella no quería ya que la fiesta era en aquel lugar.
El bosque.
—¡No, no y más no! —Estaba cenando con sus padres, eran apenas las siete de la tarde. Estos la miraron como si ella estuviese loca, ya que esta habló de repente. Pensaba en lo de la fiesta y las insistencia de su mejor amiga.
—¿Pasa algo? —Su madre la miró y añadió—: No sé porqué se lo pregunto.
Susurró su madre para ella misma.
—Padres —Había mordido la parte interior de su mejilla y había tomado valentía para hablar.—Quisiera saber si me pueden dar permiso para ir a una fiesta —Su padre la miró con interés, era la primera vez en años que su hija osaba hablar para pedir permiso para una fiesta de chicos de su edad.
—Claro, hija. Tienes mi permiso —Su padre le regaló una sonrisa.
—¿De verdad? —Sus ojos verdes se habían iluminado y un brillo había invadido estos por la emoción.
—Claro que no —Su madre había hablado en la mesa y todo rastro de emoción se había fugado del cuerpo de Aneu —Tienes la valentía para pedir permiso para una fiesta pero para decir que lograste humillar a Wayne Swallow no, que poco valiente me salió el pequeño árbol. Te queda rotundamente prohibido que salgas de esta casa si quiera hacia donde Deana, saldrás de acá cuando el maldito ciclo se allá acabado. Y si intentas siquiera huir y lo logras volverás y vas a lamentar.
Aneu, estaba furiosa y se notaba por el rojo que había invadido sus mejillas, se levantó de la mesa y miró a su madre desafiante. Su madre por igual se levantó de la mesa y arqueó una de sus cejas -¿Osas desafiar a tu madre, hija?
—No te estoy desafiando, estoy poniendo un alto a todo esto. No hé podido vivir la vida de adolescente sólo porque tu piensas en la asfixiante perfección. Debes entender que la perfección no existe —Su madre que era mucho más alta que ella cruzó sus brazos sobre su pecho, continuó hablando—: Quieres que viva un matrimonio infeliz junto a Wayne, que me logre embarazar a los dieciocho años como tú y que me case con un hombre que no era el padre de mi hija. Justamente lo hiciste así ¿No, madre?
Por su parte sus padres estaban sorprendidos, Aneu siempre supo que el hombre que la había criado no era su padre biológico este mismo se lo dijo cuando la había encontrado llorando por las cosas que le había dicho su mamá. Ella amaba a ese hombre porque este siempre la había tratado aunque no era tan cercano.
—No me importa absolutamente nada de lo que pienses, opines o hables. No sólo lograste dañar mi vida al nacer, también lo hiciste al...—Su madre dejó las palabras a mitad por el sonido de una mano estrellada a la mesa.
—Te queda prohibido que le hables de esa manera a mi hija, escucha bien una cosa. Tu poder no te hace más grande que ella, ni mucho más grande que yo.
Su padre se quedó en su mismo lugar y la señora Steel se apoyó en el borde la mesa y se inclinó hacia delante.
—No saldrás de aquí, porque si lo haces pagarás las consecuencias. Cuidado conmigo, no conoces a tu madre, Aneu.—Esta estaba sorprendida por el rumbo que había tomado la conversación y copió la acción de su madre y se inclinó sobre la mesa, copiando su acción.
—¿Osas desafiar a tu hija, madre?
Es hora de divertirse...