Mi libertad Al terminar aquellas palabras, el mago hizo a un lado a los hombres frente a él. Al estar de frente miró de manera extraña a aquel hombre. —¿Como qué hermana? —El hombre se alejó del alfa de aquella manada y al hacerlo miró de arriba hacia abajo a el mago que estaba allí. —¿Algún problema? —el mago le hizo frente, lo miró de arriba hacia abajo. —No tienes derecho de llamarla hermana, eres su guardian. No su familia. —Cuestionó. —¿Disculpa? ¿No acabas de escuchar lo que dije pedazo de imbécil? —Su cuerpo se acercó al de mago frente a él —¿Quién te crees tú? —Las personas allí los miraban distantes y ninguno se atrevía a opinar. —Soy su guardián, al igual que tú y como lo eres deberías hacer tu trabajo y no decirle hermana porque no lo es —Las palabras del mago hicieron qu

