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90 días para enamorarla

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Descripción

Sinopsis

"90 días para enamorarla"

Gustavo D'León un prestigioso abogado, multimillonario muy cotizado; dueño del mejor bufete de Londres, dedicado completamente a su trabajo que es su pasión, roto por una antigua traición, pero con una nueva esperanza para amar.

Charlotte Montiel una hermosa joven, hábil abogada familiar, dedicada a restaurar el que algún día fue un reconocido bufete y el mayor orgullo de su difunto padre, centrada en poder demostrar a todos los que dudaron de que era capaz, obviando el amor de sus planes presentes.

Dos personas unidas por una casualidad, en la que el amor y el deber por hacer lo correcto será lo primordial para ellos.

Él un hombre enamorado dispuesto a hacer cualquier cosa por proteger a la mujer que ama y conquistar su corazón para conseguir su amor.

Ella una hija capaz de soportar un matrimonio de 90 días por salvaguardar el honor y lo que alguna vez fue la felicidad de su padre.

Ambos dispuestos a arriesgarlo todo por lo que creen correcto.

Ambos capaces de llegar hasta las últimas consecuencias por las personas que aman.

Ambos luchando entre si para encontrar el camino a la verdad.

Luchar contra enemigos es fácil, luchar contra el amor imposible. ¿Será Gustavo capaz de conquistar el corazón de su amada y poder ganar su amor? ¿Permitirá Charlotte que su orgullo sea más fuerte que los sentimientos que él despierta en ella? ¿Serán su apoyo mutuo luchando contra verdaderos enemigos a la hora de escoger lo que es más fuerte que todo aquello que los quiere destruir y separar? ¿Podrán lograr que el amor sea sobrepuesto antes que el deber? ¿O por el contrario permitirán que todo lo que tienen se pierda para siempre?

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Prólogo
Prólogo  Esa mañana Gustavo entraba en las instalaciones del tribunal de justicia. Con paso firme y su habitual aspecto de seriedad camino por los enormes pasillos del edificio hasta llegar a la recepción del área donde atenderia su caso ese día.  Mientras pensaba dirigirse hasta la sala donde sería la sesión, escuchó derrepente una voz conocida.  - Gustavo D'León - dijo. Gustavo miro hacia donde estaba el sonido y vio a un viejo amigo de su padre Robin Scort, este se acercó y con un fuerte estrechon de manos lo saludó.  - Robin Scort - dijo Gustavo con expresión afable y voz neutra - ¿Cómo estás? - pregunto con amabilidad.  - Muy bien, gracias - respondió con su sonrisa de siempre -¿Y tú qué tal? - pregunto acomodando su corbata -¿Cómo está el viejo de tu padre? Tengo entendido que su expansión internacional está properando excelentemente bien - comentó con gracia. El padre de Gustavo era otro prestigioso abogado de la rama empresarial que se dedicaba a cerrar tratos entre compañías, trámites legales entre otros para estas. Quien luego de conseguir mucho éxito en su carrera decidió expandir su bufete a varios países. Y tanto sus hermanos como él colaboraban en el proyecto familiar, por supuesto él menos que sus hermanos ya que también tenía su bufete de manera independiente y obviamente tenía más responsabilidades, pero igualmente los apoyaba en todo lo que podía.  - Maravillosamente, gracias por preguntar - respondió con familiaridad - Incluso ayer volvió de su viaje, aunque Amanda y Harry tuvieron que quedarse en España para terminar algunos trámites. Parece que se les complicó un poco más de lo esperado.  - ¿Y sabes cuál es el problema? - pregunto - Yo podría llamar a un par de amigos que tengo y ver si lo podemos solucionar - ofreció. No era de extrañar que quisiera ayudarlos en cualquier cosa, su padre y él eran amigos desde su juventud y desde entonces se apoyaban y acompañaban creando una fuerte amistad entre las familias de ambos.  - No estoy muy seguro, pero si quieres le puedo decir que te contacte - propuso - Tengo entendido que hace mucho no hablan con frecuencia. Ha estado bastante atareado con el trabajo. Incluso mi mamá se lo ha dicho.  - El como siempre - rio con ganas - De acuerdo, yo mismo lo llamaré ahora en la tarde o puedo ver si paso por la casa de tus padres y de una vez saludo a tu madre. Mi linda Teresa ha estado insistiendo con que le envié saludos de su parte.  - Bien - acepto - Como gustes.  -Pero cuentame ¿A qué debemos el honor de tenerte en el área familiar de los tribunales? Tenía entendido que tú rama era la penal - dijo cambiando el tema de la charla.  - Si, en realidad así es - aclaró su garganta viendo entrar a alguien en la estancia - Lo que pasa es que un conocido me pidió el favor de representarlo en el caso de su divorcio y bueno, no pude decirle que no ante su insistencia - explicó - Y como conozco algo acerca de esto, me pareció sencillo poder aceptar.  - Tienes la misma seguridad que Francisco al hablar de tu trabajo - negó encontrando tanto parecido entre aquellos dos.  - Como dice mi padre " Muestra seguridad y seguro ganarás" - bromeó con aquel hombre.  - Ya veo porque los D' León tienen tan buena autoestima - rio nuevamente notando que Gustavo tenía su atención en otra cosa o mejor dicho en otra persona.  - Se llama seguridad en si mismo - respondió sin arrogancia solo con su constante buen humor carecte de sonrisas para con la familia y amigos cercanos. Robin al ver que incluso mientras respondía parecía tener la vista perdida en otra parte decidió volverse para mirar lo que él.  Detrás de él, a dónde el muchacho miraba vio a Charlotte Montiel, una joven y hermosa abogada experta en el derecho familiar, que para más más señas era hija de un difunto amigo suyo, magnífico abogado y hombre de familia el cuál le heredó a su preciosa y única hija un propero bufete que fue decayendo con el tiempo por los malos manejos de su esposa hasta que la jovencita decidió tomar las riendas del negocio familiar tratando de hacerlo prosperar. -¿Quién es ella? - preguntó Gustavo percatandose de que Robin miraba en la misma dirección que él a la joven que charlaba con otra chica.  - Ella es Charlotte Montiel - dijo - Hija del difunto Esteban Montiel.  - No se quién es Esteban Montiel - confesó -¿Era abogado?  - Tan bueno como tú padre o como yo - asintio - Creo que tú padre nunca te hablo de él ¿no? - pregunto ante algo que era obvio.  - Nunca lo escuché mencionar - negó.  - Quizás si pero eras pequeño - sonrió con pesar dejándolo desconcertado.  -¿A qué te refieres? - pregunto con esa mirada inquisitiva y penetrante que le ayudaba a descubrir la verdad ante un tribunal.  - A nada importante - movió la mano en un gesto de menos interés -¿A qué caso dijiste que vienes? - preguntó con una chispa de diversión en la mirada.  - Al de los Bronw - informó. - Pues mírala bien muchacho - aconsejo dándole una palmadita en el hombro.  -¿Y eso porqué? - arqueó una ceja con curiosidad.  - Es tu rival el día de hoy - la expresión de Gustavo cambio a una de incredulidad y esbozando por primera vez hace mucho tiempo una sonrisa.  -¿Es en serio? - el hombre asintio.  - Por supuesto - afirmó - Charlotte - la llamó sin esperar nada. Está enseguida lo miro y pidiendo disculpas a la chica con la que hablaba le dió unas indicaciones ante las que asintio y se fue. Luego se acercó.  - Buenos días Robin - saludo alegremente abrazándolo con familiar mostrando una hermosa sonrisa. Notando después la presencia de Gustavo - Buenos días - lo saludo no tan efusiva posando su ojos cafés en los verdes grisáceos de él.  - Buenos días - respondió sin apartar la mirada.  - Buenos días linda - respondió Robin percatandose de como los chicos se miraban - ¿Cómo estás?  - No tan bien como tú creo - bromeó - Estás muy galante el dia de hoy - dijo cómplice, el hombre rio mientras Gustavo solo miraba la escena.  - Eres un caso jovencita - está le guiño un ojo con picardía y diversión.  - Herencia Montiel - reconoció riendo igual sin notar lo mucho que eso le gustaba a Gustavo.  - Mira te presento a él licenciado Gustavo D'León - ella volvió de nuevo su vista a él haciendo un asentimiento - Gustavo, ella es la preciosa licenciada Charlotte Montiel y mi pequeña y consentida ahijada.  - Gusto en conocerte Gustavo - dijo ella con amabilidad.  - El placer es todo mío - admitió él sonriendole lo que le provocó a la chica un ligero escalofrío que por suerte paso desapercibido.  - Bien, chicos yo debo irme - dijo esté intencionalmente fingiendo que miraba su reloj, mientras se disculpaba - Los veo luego - se despidió - Gustavo, Lotty.  - Hasta luego - dijeron ambos al unisono. Cuando Robin se retiró se miraron nuevamente.  - Creo que yo también debo irme - se excuso ella sintiendo los nervios a flor de piel. Ese licenciado D' León era guapísimo y ni hablar de los precioso ojos que tenía - Mi audiencia está por empezar - añadió.  - Y yo creo que vamos al mismo sitio - dijo él, cuando ella iba a preguntar él se adelantó a informarla - Soy la parte defensora en el caso Bronw.  -¡Ah! Osea que eres mi rival - dijo con gracia.  - Exacto - respondió igual sin perder su amplia sonrisa.  - Bueno hablar con mi rival no es beneficioso - admitió - Pero me sirve para advertirte - sonrió ella con picardía.  -¿Advertirme? - arqueó una ceja.  - Si, decirte de antemano que aunque me agrades no te voy a dejar ganar el caso - él rio.  - Oh no linda, no lo necesito - le siguió la broma con algo de arrogancia - Por qué aunque eres preciosa debo advertirte también que yo nunca pierdo un caso - ahora el turno de reír fue de ella.  - Hoy será la primera vez - aseguró - Y gracias por el halagó.  - Por nada - dijo - Pero si te soy sincero lo dudo.  - Bien, veamos quién gana - propuso extendiendo su mano la que él estrecho con una sutileza maravillosa.  -Trato hecho - acepto.  Al llegar a la sala donde sería la sesión todos procedieron a toma asientos en los lugares correspondientes y la audiencia empezó. Transcurrió el tiempo y la mayor parte de este tanto Gustavo como Charlotte defendieron sus argumentos con gran profesionalismo, iban bien hasta que derrepente ella vio un punto débil en la defensa de su oponente.  -¡Objeción su señoría! - intercedio - Mi cliente me ha asegurado que lo que dice el señor Fuentes no tiene argumentos sostenibles y tengo pruebas de ello - dijo notando la inconsistencia con respecto a el asunto económico.  - Objeción aceptada - dijo el juez - Tiene la palabra la licenciada Montiel.  - Mi cliente es esposa del señor Fuentes desde hace más de diez años - empezó a explicar - Este antes de su boda le hizo firmar un acuerdo prenupcial el cuál indicaba que, ella solo trabajaría hasta el día en el que tuviera su primer hijo, y que a partir de entonces ella se ocuparía al completo de su casa y él de los gastos de la casa, los niños y los de ella. La señora Fuentes aceptó porque con esto estaba segura que estaría protegida y dejo a un lado todo su avance laboral para cumplir como esposa y madre, por lo que ahora le corresponde al señor Fuentes responder como es debido ante ese acuerdo, dándole una pensión justa tanto para sus hijos como para ella en remuneración por todos los años en los que mi defendida ha seguido al pie de la letra este trato - Gustavo aparte de estar encantado por lo que decía, estaba más quedé acuerdo con ella.  -¿Tiene algún documento que lo compruebe? - pregunto el juez.  - Por supuesto, señoría - con paso decidió se acercó al estrado entragandole una carpeta con el documento original de aquel acuerdo - Como podrá ver allí está el acuerdo con cláusulas muy claras que, por parte de mi cliente se ha cumplido a cabalidad.  -¿Tú sabías de este documento Fuentes? - preguntó Gustavo molesto mientras el juez lo leía, el hombre pálido asintió.  - Si Gustavo, pero no sabía que...  -¿Por qué no me lo dijiste? - dijo furioso.  - No tenía idea de que lo recordaba - se defendió.  -¡Que bien! - exclamó molestó por aquel detalle no tomado en cuenta.  - No pensé que fuera relevante - añadió.  - Pues mira que es tan importante que ahora ya perdiste el caso - el sujeto abrió los ojos de par en par - Si tú firmaste ese acuerdo y es verdad que todo se ha cumplido a cabalidad, lo más probable es que el juez declaré a favor de tu ex esposa.  -¿Pero... pero no puedes hacer nada? - preguntó desesperado.  - No - negó este sin inmutarse por la angustia de el tipo - No lo haré por dos razones: Primero porque no hay nada que hacer. Segundo porque lo que quieres hacerle a tu ex mujer no es ni siquiera por ley aceptable.  - ¿Algo que objetar la defensa? - pregunto de pronto el juez.  - Nada señoría - dijo sin importarle perder el caso.  - Muy bien, dada la prueba que comprueba el acuerdo entre los señores Fuentes y la actual posición de la señora Fuentes - comenzó a hablar - Está tribunal dicta el veredicto a favor de Priscila Fuentes concediendole la petición de divorcio y dándole también así la manutención que le exige al señor Ricardo Fuentes haciéndose cargo de los gastos al completo de su casa y también de su ex esposa hasta que está decida renunciar voluntariamente a lo que le corresponde o contraiga matrimonio nuevamente. Dicho estoy doy por finalizada la sesión - y al sonar el mazo todo termino.  Al salir de la sala Gustavo miro a Ricardo de manera penetrante demostrando lo enojado que estaba.  - Espero no se te vuelva a ocurrir pedirme que me ocupe de uno de tus casos Ricardo - dijo con frialdad - Me ridiculizaste de la peor manera por tu falta de responsabilidad y palabra para cumplir con lo que prometes dejándome cómo alguien de poca hombría que defiende un caso sin importarle las consecuencias. Lárgate y espero no volverte a ver cerca de mi despacho.  - Lo siento Gustavo, pero no recordaba ese acuerdo - mintió sacándolo más de su casillas. Odiaba cuando lo tomaban por idiota.  - Ricardo trato a diario con los peores criminales de Europa y otras partes del mundo - le recordó - deberías saber que no puede mentirme - dijo sin quitar su expresión enojada - Te recomiendo que te largues ya y no te vuelvas a acercar a mi despacho - sugirió por segunda vez. En esta ocasión el hombre sin decir nada más decidió marcharse.  Luego de verlo irse, suspiró tratando de menguar su enojo. - Hola licenciado D'León - escucho esa voz detrás de él cosa que hizo que todo su enojo pasará y se calmará completamente. Así que se dió media vuelta y la vio.  - Hola licenciada Montiel - respondió - Felicidades por su victoria el día de hoy - dijo dejando pisoteado su orgullo. - Gracias Gustavo - sonrió igual - Excelente defensa por cierto.  - Gracias - asíntio.  - Aunque tengo una duda - admitió.  -¿Cuál sería? - pregunto con caballerosidad dispuesto a responder.  -¿Está no es su especialidad cierto? - arqueó una ceja estudiando su aspecto -¿O es nuevo en el terreno? - Gustavo sonrió encantado por su astucia.  - La verdad es que no - confesó - Mi especialidad es el área penal - Charlotte abrió los ojos con sorpresa.  -¿El área penal? - repitió a lo que él asíntio de nuevo -¿Y que haces aquí entonces? ¿Por qué tomo este caso? - parpadeó con curiosidad.  - Un favor a mi conocido - suspiró con pesar - Lamentablemente no me informe bien del caso que ya iba avanzado por otro abogado. No sabía lo que hacía lo que me llevo a perder el segundo caso en mis 10 años de carrera - dijo con cierto descuido - Un error que no se debería cometer.  -Claro - asintió - ¿Tienes diez años de carrera? - sonrió de nuevo.  - Si, lo único bueno de haber perdido el caso es que fue contra usted - confesó con coquetería lo que le saco una pequeña risita - Y por justa razón obviamente. No me pareció justo lo que le hacía a su ex esposa y preferí no seguir con la defensa de algo así - explicó.  - Ya veo - rodó los ojos en un gesto cómico y lo vio de nuevo - Bien creo que es hora de irme, debo ir a mi despacho - informó - Hasta luego licenciado, un placer haberlo conocido - estrecho su mano.  - El placer ha sido mío - besó el dorso de su mano - Que tenga un maravilloso día.  - Igualmente - susurró y salio de allí.  - Lo tendré - murmuró Gustavo sin borrar la sonrisa resplandeciente de su rostro fascinado por aquella joven. Charlotte Montiel era un mujer impresionante y desde hacía mucho tiempo él no se deslumbraba de esa manera por alguien. Sin pensarlo saco su teléfono y llamó a su secretaria - Clarisa - habló - Hazme un favor - dijo con una idea, aunque loca acertada. 

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