Durante el trayecto que les faltaba a su casa ella lo atravesó con un absoluto silencio metida en la profundidad de todos sus pensamientos, aún sin poder asimilar la noticia o las noticias anteriores que le había dado su esposo hacía solo unos minutos. No comprendía cómo había podido vivir engañada durante tanto tiempo, como las personas siempre le habían visto la cara de tonta y habían permitido que llamará tantas veces mamá a una mujer que durante toda su infancia y adolescencia lo único que hizo fue maltratrala y menospreciarla. Su padre, el hombre que más la adoraba en el mundo incluso no había pensado en ello y la había registrado de forma que solo quedará con su apellido en el registro civil. Además de todo esto, Charlotte también sentía una enorme culpa por la que en realidad era

