MI HOMBRE AL RESCATE

1574 Palabras
CAPÍTULO 7 Llegamos al hospital y Ben me pide que busque a Edward mientras él hace lo propio con John, voy a la recepción de urgencias y le pido que por favor llamen al doctor Marshall, que él me está esperando; no pasan ni 5 minutos cuando Edward viene apurado donde estoy y le explico la situación, busca una silla de ruedas y vamos al auto de Ben por el anciano enfermo; Él, prácticamente lo carga y lo pone en la silla y luego la agarra y le pegunta a Edward hacia donde debe dirigirse y luego lleva la silla hasta donde este le indica. Entramos a la unidad de urgencias y la mujer de la recepción pide que lo registremos, pero al verlo bien se pone de inmediato a la defensiva: — Doctor Marshall, el caballero es un hombre de la calle sin seguro médico, no será posible ingresarlo. — Edward le replica muy molesto: — Este hombre padece una enfermedad grave, necesita atención médica, si no lo hacemos, puede morir aquí mismo y eso sería por negligencia de su parte. — No puedo creer que a estas alturas de la vida sea más importante un seguro médico que salvar la vida de un ser humano. — Doctor Marshall lo comprendo, pero el protocolo… — Benjamín la interrumpe y no la deja seguir hablando. — Pagaré lo que sea, mi nombre es Benjamín Black. — Saca su tarjeta dorada y los ojos de la mujer se abren mucho. — Mi familia hace grandes aportes anuales a este hospital, este hombre es un familiar mío, no sé cómo vería la directiva del hospital que el familiar de uno de sus mayores contribuyentes sea tratado de esta manera. — Recuerdo que la primera vez que esto sucedió, también me valí del apellido de mi marido para que lo trajeran aquí, hay cosas que nunca cambian. — Lo siento muchísimo señor Black, lamento el malentendido — Se disculpa la muy cabrona, me indigna que todo se reduzca al dinero, Ben le pasa la tarjeta y yo la miro mal y luego, cuando lo miro a él, le doy una gran sonrisa de agradecimiento por haber intervenido; dos enfermeros vienen por John y se lo llevan junto a Edward para revisarlo, antes de irse, me dice que en cuanto tenga un diagnóstico vendrá a hablar con nosotros. Nos quedamos en la sala de espera por lo que parece una eternidad, Ben va por unos cafés para los dos y al volver está hablando por teléfono por lo que tarda un buen rato en sentarse a mi lado, era la bruja Harris o eso parecía, cuando se sienta, me entrega uno de los recipientes que recibo de muy buena gana. — Lamento haberte causado inconvenientes en tu trabajo, vete tranquilo yo puedo esperar sola. — Se suponía que ya debería estar en su oficina y ha estado aquí por horas acompañándome. — ¿¡Que!? Y perderme de la diversión — Sonreímos por su broma y siento como si estuviéramos escribiendo una nueva historia, una mejor creo. —Gracias Ben, por todo. — Amo que él se haya involucrado en todo esto y fuera mi mayor apoyo. —No fue nada, me alegra haber estado ahí para ayudar. — Si él tan solo supiera lo importante que es, que esté conmigo en este momento... — Espero puedas sacar un poco de tiempo de nuevo para lo del proyecto. — Eso es algo que realmente he amado de estar aquí, poder llevar a cabo mis proyectos al lado de él, como debió ser. — No te preocupes, Julián ya envió la documentación respectiva y mi asistente ya se puso manos a la obra para que podamos comenzar el lunes. — Me emociono y aplaudo como una niña tonta. — ¿De verdad? — Dios podría besarlo en este momento, pero creo que él se enojaría y echara a perder el avance que he logrado hasta ahora. — Sí, está todo casi listo. — Lo miro a los ojos y veo ese brillo perverso que lo identifica, es extraño, porque por lo general me mira así cuando quiere meterse ente mis piernas, ¿será que el señor Black siente un deseo secreto por mí? —Estoy tan agradecida por todo lo que has hecho, necesito tus honorarios. — Niega porque estoy segura de que no va a querer cobrarme. —Es un favor personal para tu padre. — Me gustaría que pudieran ver a través de mis ojos esa perfección dentaria que tiene en esa sensual boca, esto es una maldita tortura, ¿cuándo podre besarlo de nuevo cuantas veces me dé la gana?. —No puedo permitirlo, envíame una factura con tus honorarios y el presupuesto para renovación, lo antes posible. — Le exijo haciéndome la seria, extraño acariciar su hermoso cabello. —Está bien, pero me debes un almuerzo. — El señor Black quiere pasar más tiempo conmigo... por supuesto que quiero también. —Vale. — Nos quedamos mirando a los ojos por un buen rato y creo que hasta aquí llega mi fuerza de voluntad, me voy acercando a su cara lentamente con la mirada fija en su boca, cuando escucho un carraspeo, es Edward que nos interrumpe, cosa que me molesta, pero también agradezco porque estaba a poco de saltar sobre él y besarlo; nos dice que John tenía un fuerte resfriado que podría haberse convertido en neumonía, pero que gracias a nosotros se pudo evitar una desgracia, nos informa que fue trasladado a una habitación donde lo están tratando y van a hacer todo lo necesario, sonrío feliz por esta noticia, él va a estar bien; media hora después nos dejan pasar a la habitación y veo donde está dormido en la cama, limpio y en una bata azul, agradezco a Dios por haber podido ayudarlo de nuevo, agradezco por esta nueva oportunidad del universo. — Gracias Doctor Marshall, le debo una. — Le agradezco cuando estoy por irme. — ¿Qué tal una cita? No conozco a mucha gente aquí y sería bueno tener el honor de conocerte mejor. — Casi suelto una carcajada, salir con Edward en plan romántico para mí sería la cosa más extraña del mundo, él es como un hermano para mí al igual que Julián, pero si necesito reunirlo con su verdadero amor; Benjamín está a mi lado con cara de pocos amigos y tengo ganas de saber si estoy imaginando cosas así que hago lo que mejor sé hacer, provocarlo. —Me encantaría, ya tienes mi número, escríbeme cuando tengas un poco de tiempo y nos veremos ¿está bien? — Le doy una sonrisa radiante, no porque me emocione salir con él, si no por la cara de asco de Ben. Salimos del hospital y Ben se ofrece a llevarme a casa, ya que es muy tarde para volver al restaurante; en el camino suelta como si tal cosa: —Un poco lanzado el Doctorcito ¿no crees? — Quiero guardar esto en mi memoria para siempre, ¿no que es absolutamente feliz con Mads y lo tiene todo?, y una mierda es eso. —No lo creo, es guapo, educado, tiene una gran profesión y yo soy soltera, guapa, sin compromiso, pienso que es una buena opción ir a una cita con el doctor Marshall —Lo escucho soltar un gruñido y me aplaudo mentalmente, hay cosas que no cambian, pero en serio ¿por qué le importa?, él está casado con el supuesto amor de su vida, me fustigó por años porque lo separé de la mujer de supuestamente amaba con locura; ¿está celoso?, o me ve como una hermanita pequeña, no necesito que quiera ser mi hermano mayor; lo quiero en la cama encima de mí, dentro de mí, entrando y saliendo una y otra vez hasta que me haga llegar al más delicioso clímax, me sonrojo pensando en los orgasmos que me da todo el tiempo en nuestra vida juntos, quiero a mi hombre de vuelta. Ben rompe el silencio, cosa que agradezco porque cuando comienzo a pensar en mi verdadera vida me amargo de inmediato. —Ven el viernes a mi oficina a las 4:00 pm y tendré listos los planos con las ideas que me diste. — Dice estacionando el auto fuera casa, me alegra saber que vamos a vernos mucho más estos días. —Te veo el viernes. — Le respondo con una sonrisa radiante despidiéndome con la mano. Entro a la casa con una sonriendo de oreja a oreja y casi me choco con mi madre que está cruzada de brazos mirándome con sospecha. — ¡Madre!, me asustaste — le recrimino. — Así has de tener la conciencia. — Ruedo los ojos, me molesta que me trate como a una chiquilla adolescente; nota mental conseguir mi propio lugar. — Creo que Ben quiere contigo. — Luego de decir esto se voltea y me deja ahí sola con mis pensamientos, por absurdo que parezca creo que lleva un poco de razón. Necesito investigar qué fue lo que sucedió aquella noche y solo hay una persona que puede ayudarme, tomo el teléfono, marco su número y me saluda alegre al otro lado de la línea: — Emma, que sorpresa tan agradable. — Definitivamente, la mujer me ama. —Hola Evangeline, ¿puedo pedirte un favor? — Tengo la excusa perfecta para meterme en su casa y hacer mis averiguaciones.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR