CAPÍTULO 6
Ayer luego de salir de la oficina de Ben, estuve trabajando con los chicos en las estrategias que utilizaremos para comenzar con las adecuaciones lo antes posible; Julián dice que por ser arreglos menores de pisos, baños y tuberías, el permiso será más sencillo y, ya que Ben accedió a participar, con ayuda de su constructora, en un par de días podremos comenzar con las reformas.
Cuando conseguí este lugar la primera vez, estaba tan asustada por ser descubierta y ocupada con mis estudios, que Julián se encargó de prácticamente todo lo necesario para que pudiera abrir mi negocio y aunque participé dando ideas, fue él quien consiguió la empresa y los empleados que hicieron los arreglos para que yo estuviera tranquila; pero esta vez seré yo quien organice las cosas.
Me gusta la idea de hacerlo todo de nuevo desde el principio, más con la ayuda de las personas que amo; las chicas están en la tarea de conseguir el mobiliario, los electrodomésticos y las decoraciones, mientras julio y yo nos encargamos de contactar proveedores y también hacer arreglos para comenzar las obras, me siento tan o más emocionada que la primera vez; se siente bien volver al principio, recordar todo lo que logré una vez.
Estoy concentrada escuchando una propuesta de Julio para la cocina cuando alguien pone su mano en mi hombro, pego un salto porque me tomo por sorpresa, me volteo y me recibe la vista de los ojos azules que me trasnochan.
—¡Ben! Me diste un gran susto. — Le reclamo sobresaltada, aunque pensándolo bien, si me desmayara tal vez él me daría respiración de boca a boca y podría volver a sentir esos sensuales y perfectos labios sobre los míos, ¡Dios!, es una tortura estar separados, quiero terminar con esto ya.
—Lo siento, no fue mi intención. — Se disculpa dándome una sonrisa de esas que hacen que mi ropa interior explote.
—Está bien, te perdono. — Respondo con una sonrisa coqueta; ¡no coquetees con él Emma!, ¡no coquetees con él!, me regaño, que no sepa tus intenciones, me repito una y otra vez, pero de verdad es superdifícil no hacerle ojitos o barbear encima de él, todos saben cómo lo amo con locura.
—Es un gran lugar el que tienes aquí — Dice señalando el espacio con la barbilla. — ¿Me das el tour? —Dios, quiero besarlo, arrancarle la ropa y no dejarlo salir de mi cama en un mes completo
—Claro, vamos. — Respondo con falsa serenidad, le enseño mi sitio y voy diciéndole las ideas que tenemos para la renovación y como queremos que aprovechar el espacio; él asiente y luego de mostrarle la cocina y contarle lo que queremos hacer con ella, rompe el silencio y dice lo que esperaba escuchar.
—Creo que es un gran proyecto el que tienes aquí, me encantaría participar. — No me puedo contener y lo abrazo emocionada, fue demasiado fácil, él no me separa de su cuerpo como pensé que lo haría, si no que pasa su brazo por mi espalda y me dice al oído: — Pensé que después de lo que pasó la última vez no querrías saber nada más de mí. — Por supuesto que tenía que sacar a colación el episodio del acoso en su casa.
—Por suerte me golpee la cabeza hace pocos días y tengo una inflamación que me ha hecho olvidar gran parte de esa época. — Lo tranquilizo separándome de mala gana de su caliente y prefecto pecho, quiero llorar de impotencia al no poder tocarlo o besarlo a mi antojo como suelo hacerlo en casa.
— ¿No recuerdas nada de lo que sucedió?, ¿en serio? — pregunta con un poco de incredulidad, es molesto, mi Ben sabe que no digo mentiras, soy un poco manipuladora y a veces omito información, pero no soy mentirosa.
—Nope, ni un poco, así que no tienes que preocuparte porque te enseñe mis tetas de nuevo. — Trato de aligerar el ambiente bromeando con él, sonríe mostrándome esos dientecitos hermosos que tiene y me derrito.
— Ya que no recuerdas nada, supongo que te lo contaron. — Me tapo la cara con ambas manos y luego las aparto y lo miro a los ojos haciendo una mueca de disculpa.
— Si, mi madre lo hizo cuando pregunté por ti, de verdad lo siento. — La verdad es que no lo siento, pienso. — Aunque son un gran par de pechos si me lo preguntas. — Me río de mi misma.
— ¿Ahora bromeamos con eso? — Es extraño, no recuerdo que Ben antes de nuestro arreglo fuera así amable conmigo alguna vez, o tal vez si yo hubiera dejado que el destino tomara su curso, en algún momento él y yo podríamos haber sido buenos amigos o amantes.
—Supongo que quedó en el pasado. — Le aseguro sonriente.
—De verdad ¿no recuerdas nada? — Me intriga su insistencia de si es verdad que no recuerdo; o desconfía mucho de mí o me estoy perdiendo de algo, aquí hay gato encerrado, ¿qué no me está diciendo señor Black?
— Lo juro. — Voy a tener que investigar más a fondo, pero por ahora debo pasar la mayor cantidad de tiempo posible con él. — Me alegra que podamos hablar sin sentirnos incómodos. — Necesito que él me mire de nuevo con ese brillo de amor y deseo con el que lo hace siempre, solo quiero que esto termine y volver a mi vida; creo que la única manera es haciendo que él se enamore de mí de nuevo.
— Quiero que sepas que siento mucho todo lo que sucedió. — No debería disculparse, es tan propio, yo me metí en su cama, lo acosé y él es quien se disculpa.
— No hiciste nada malo. — Muerdo mi labio inferior, tengo un plan, pero lo necesito a solas. — ¿Vamos por un café para ultimar detalles? — Propongo, no quiero que se vaya tan pronto, quiero que me conozca de nuevo y se dé cuenta que yo soy con quien debe estar.
—Me gustaría mucho. — Hago un baile interno, al parecer en este universo él no me la pondrá tan difícil.
Me despido de todos y salgo con Ben al restaurante de en frente, vamos caminando hacia el lugar; cuando cruzamos la calle, miro hacia el pequeño edificio que es mi restaurante y un movimiento cerca al basurero en el callejón llama mi atención, ¡John!
De verdad quiero pasar un buen rato con Benjamín, pero en mis días más tristes este hombre me dio una motivación y me enseñó a ser generosa, espero poder tener otra oportunidad para estar con mi chico, si no, algo me inventaré; por ahora hay prioridades.
Cruzo la calle nuevamente y escucho a Ben llamarme, pero no le hago ni caso, voy hasta la guarida mugrosa donde vive John y lo veo donde está acurrucado debajo de sábanas harapientas, me duele el corazón al verlo así, más que ahora sé que sufre una enfermedad mental, debo evitar que se enferme hasta la gravedad, lo escucho toser y sé que esto se convertirá en una neumonía, no lo pienso, saco mi teléfono y llamo a la persona destinada a ayudarme, marco varias veces hasta que al fin me contesta.
— ¿Hola? — Escucho la voz de Edward confundido sin saber quién es.
— Edward soy Emma, la chica del hospital, ¿recuerdas que te dije que iba a necesitar de tu ayuda?, realmente te necesito ahora, por favor… — Lloriqueo, recuerdo que una de las cosas que le gustaron de mí cuando sufrió aquel tonto enamoramiento del cual no hablamos para que mi marido no se ponga como un energúmeno, fue el hecho que fuera generosa con alguien que apenas si conocía, más porque él siempre ha sido un buen hombre y un gran médico porque su motivación principal es ayudar a los demás, así que cuando le cuento la situación me dice que terminará lo que está haciendo y vendrá en una hora aproximadamente.
Ben llega donde estoy y se agacha junto a mí, mira todo con asombro y pregunta:
— Que pasa Emm, ¿quién es él? — No puedo contarle las cosas sin parecer una demente.
— Es John el vagabundo, pero no es un vagabundo realmente porque solo es un anciano que está perdido de su hogar. — No puedo explicarle nada para que no piense que soy una loca, así que solo balbuceo incoherencias varias. Ben lo revisa y John no opone resistencia, está muy débil y enfermo
— Creo que está muy mal de salud, debemos llevarlo a un hospital. — ¿Vieron esa sincronía de nuestras ideas?, estamos conectados.
— Ya llamé a un amigo doctor, dice que vendrá en aproximadamente una hora a revisarlo. — Él niega con la cabeza.
— Creo que debemos ayudarlo ahora, dile a tu amigo que lo llevaremos al hospital, ayúdame a sacarlo de ahí y subirlo en mi auto — Le digo a John que vamos a ayudarlo, que estará bien; se resiste a que lo levantemos, pero luego me mira a los ojos y algo debe ver en mi cara, porque me deja que lo tome del brazo, con la ayuda de Ben lo movemos y lo llevamos a su auto; él lo acomoda en el asiento trasero y lo asegura con el cinturón de seguridad, el pobre anciano se acurruca hacia la puerta y mi corazón se rompe al verlo tan débil, delgado, sucio y enfermo de nuevo, luego de encontrar a su familia Ben y yo lo visitamos de vez en cuando, así que esta imagen es desgarradora para mí; subo al asiento del copiloto y Ben se pone al volante, arranca el auto mientras me pregunta en qué hospital trabaja mi amigo, le digo que en el Saint Louis, me pide que lo llame para que nos espere, ya que vamos para allá, cosa que hago de inmediato, mientras avanzamos lo miro concentrado en el camino y un par de lágrimas ruedan por mi mejilla, este es el Ben generoso que me volvió loca desde que era una chiquilla; amable, bueno, un ser humano siempre dispuesto a ayudar al prójimo, yo lo oscurecí cuando lo obligué a vivir una vida que él no quería, tal vez no estábamos destinados a estar juntos, a lo mejor él sería una mejor persona sin mí, tal vez habría logrado todos sus objetivos sin mi presencia para distraerlo de su verdadero camino.
— No llores Emm, todo va a estar bien ¿vale? — Se me hace un nudo en la garganta, acabo de tener una epifanía, por primera vez en la vida, me doy cuenta que lo amo tanto, que quiero que él sea feliz, aunque no sea conmigo.