Camila miró la puerta de la izquierda, preguntándose qué estaría escondiendo allí. Luego observó el sofá y se burló. Ella era la esposa, la que debería dormir en la cama, pero ese hombre era demasiado egoísta. Sonrió al pensar en Gabby. Le agradaba; después de todo, era una mujer con clase. El teléfono que Alexander había dejado sobre el escritorio comenzó a sonar, y Camila vio el identificador de llamadas: era Renata, la chica que Alexander amaba. También vio su foto. Era una mujer hermosa, y hacían buena pareja. Su expresión se ensombreció. ¿Cómo habían terminado así? Alexander entró en la habitación y contestó la llamada delante de Camila. —Hola, amor. Renata… —dijo con suavidad—. Ya estoy de vuelta, acabo de llegar. Sí. —Me alegra que hayas vuelto —respondió Renata, sonando feliz

