Capítulo 8

1463 Palabras
—Ella volvió a hacer novillos —Alexander arqueó una ceja. —Parece que sí —dijo Blake. Blake la había seguido al club nocturno desde que ella insistió en ir. La había estado observando de cerca, pero la perdió de vista tras distraerse un momento. —¿Has preguntado por ahí? —preguntó Alexander perezosamente. —Sí, se fue con un chico —informó Blake. —Maldita sea esta chica… —Alexander suspiró—. Blake, no te preocupes, la rastrearé usando su GPS. Dijo eso y colgó. ---- —Está en eso de nuevo. Renata lo miró. —¿Tu hermana? —preguntó ella. —Sí, Renata. Tengo que irme. Se levantó de la silla. Su hermana era una mocosa malcriada que siempre estaba metiéndose en líos. Tenía que encontrarla antes de que se metiera en problemas. —Está bien —dijo Renata con comprensión. Alexander pagó la cuenta y se fue. Con la ayuda de su teléfono, rastreó la ubicación de Gabby y se dirigió hacia donde ella estaba. Abrió la puerta y encontró a su hermanita mimada besando a un chico en la cama de la habitación. Apartó a su hermana del desconocido y le dio un puñetazo en la mejilla. —¡Oye, basta! —le gritó Gabby a su hermano. El tipo que había sido golpeado por Alexander se puso de pie. —¿Quién demonios eres? —preguntó. —¿Y quién eres tú para estar con ella? —gritó Alexander. El hombre intentó golpear a Alexander, pero este le tomó la mano, se la retorció a la espalda y lo empujó a un lado. —¡Ay! —gimió el extraño de dolor. —¡Ambos deberían parar! —gritó Gabby. Miró a su hermano con furia. —¡Eres el peor hermano que he tenido en mi vida! —le espetó antes de salir corriendo. Él la siguió. —¡Hey, Gabby, detente! Afuera, Gabby se detuvo y se volvió para enfrentarlo, furiosa. —¿Qué tienes que decir? —preguntó ella con enojo—. Viniste y arruinaste mi noche, y ahora quieres darme un discurso. ¡Cállate, Alexander! No quiero escucharte. —Estas cosas no son prudentes, Gabby —intentó razonar Alexander. —¡Guárdate tus sermones, Alexander! No eres mi madre ni nada. ¡Déjame en paz! Salió corriendo nuevamente. —¡Maldita sea! —Alexander golpeó la pared con el puño, lleno de ira. Alexander Zack llegó a casa y encontró a Gabby bebiendo vino en la mesa del comedor. Se sentó cerca de ella. Ella se volvió para mirarlo con rabia. —¿Y ahora qué? —preguntó—. ¿También vienes a sermonearme para que deje de beber vino? —No… yo mismo necesito uno. Se sirvió una copa, dio un largo sorbo y miró a su hermana. —Lo siento, Gabby —se disculpó. —Sabía que dirías eso —suspiró ella. —Hablo en serio. No he sido un buen hermano… y tampoco he sido bueno conmigo mismo. Lo siento. —Sé que estás sufriendo, Alexander, pero por favor no descargues eso en mí —dijo con seriedad. Alexander la miró con expresión profunda. —Gabby, solo te tengo a ti y a los abuelos. No quiero que desperdicies tu vida de esta manera. Sé que no debí irrumpir en tu cita, pero lo que hiciste es peligroso. Apenas conocías a ese chico. Vivir así no es una opción. —Entiendo tu punto. Gabby tomó otro sorbo de vino. Su hermano la regañaba demasiado. En ese momento, el teléfono de Alexander sonó. Contestó. Era Eric. —Hola, Alexander. —Sí, Eric —respondió, notando el tono serio en su voz. —¿Has visto las noticias que acaban de salir al aire? —No… ¿qué noticias? —preguntó Alexander. —Enciende tu televisor y sintoniza el canal 122. —Está bien. Alexander colgó y encendió la televisión. —¡¿Qué demonios?! —Su expresión se ensombreció. Gabby volvió la cabeza hacia la pantalla y su rostro reflejó sorpresa. —Ese eres tú, Alexander. ¿En qué te has metido? En las noticias hablaban del heredero del emporio Glammaly. Un reportero había captado un video de él y Camila Joey en la carretera, donde él le entregaba dinero y ella se lo devolvía. Los comentaristas decían que se merecía lo que la señora le había hecho, ya que no mostró ningún remordimiento y simplemente le arrojó dinero. También cuestionaban si él sabía que la mujer había llorado en el lugar, si habían estado en contacto durante algún tiempo y cómo pensaba resolver el problema. —Qué absurdo —se burló Alexander—. Esto no tiene ningún sentido. Gabby se rió de él con burla. —Me llamaste mocosa grosera, pero tú acabas de hacer algo peor y ahora todo el mundo lo sabe. Gabby suspiró. ---- —Al menos no es mi hija la que sale en la televisión —dijo Trevor, que estaba viendo las noticias. Acababa de reconocer a Camila en la pantalla. Laura se acercó y vio lo mismo. —¡Camila! —gritó. —Sí, mamá —respondió Camila desde la cocina, donde estaba lavando los platos. —Ven aquí —le dijo Laura. —¿Qué pasa, mamá? Camila entró en la sala. —¿Por qué estás en la televisión? —preguntó Laura. Camila miró la pantalla y su expresión cambió a sorpresa. —¡¿Qué demonios?! —¿Por qué me están haciendo recordar el horror que ocurrió esta tarde? —dijo, sentándose—. Papá, mamá, solo fue un incidente. La noticia morirá pronto —les aseguró a sus preocupados padres. Trevor miró a su hija con expresión seria. —Camila Joey, tu vida acaba de dar un nuevo giro —le dijo. —¿Qué giro? —preguntó Camila, mirando a su padre. Trevor soltó un largo suspiro. —He tratado con la prensa por mi trabajo, y te aseguro que esto no morirá ni se detendrá aquí. Si una cadena de noticias ya lo está transmitiendo, se avecina un problema mayor… y tiene que ver con el heredero del emporio Glammaly. Camila parecía tranquila. —Ni siquiera lo conozco. Solo fue un encuentro con alguien grosero. Me voy arriba. Subió a su habitación. Su teléfono comenzó a sonar y contestó. —Hola, Nick. —¡¿Viste las noticias?! —preguntó Nick sin rodeos. Camila puso los ojos en blanco y se sentó en la cama. Al parecer, todo el mundo ya estaba enterado. —Sí. ¿Y cuál es el problema? —respondió con desgano. No entendía por qué todos estaban tan preocupados. —¡Te has vuelto popular! —exclamó Nick desde el otro lado de la línea. Celine se burló al fondo. —Eres un exagerado, Nick —dijo. Nick ignoró el comentario. —Oye, esa es tu boleto de oro para convertirte en una superestrella. Camila suspiró. Su primo estaba diciendo tonterías. —Basta, Nick. Estoy cansada. Tengo que descansar. Buenas noches. Colgó sin querer escuchar más. Dejó el teléfono a un lado y se recostó para dormir. Lo único en lo que pensaba era en su búsqueda de trabajo al día siguiente. ---- —¿Cómo vas a resolver esto? —le preguntó Gabby a su hermano, al ver que estaba distraído. Alexander parecía muy preocupado. —¿Por qué tenía que pasar justo hoy? —murmuró. Su teléfono comenzó a sonar y contestó. —Alexander, ¿qué has hecho ahora? —se escuchó la voz de Ethan al otro lado de la línea. —Es un malentendido, abuelo —respondió sin dudar. —Tienes que darle la vuelta a esto y asegurarte de que la noticia no se extienda más —le advirtió Ethan. —Lo haré —dijo Alexander, aunque en realidad no sabía cómo. —Ven a mi villa mañana a primera hora. —Sí, abuelo —respondió Alexander. Ethan colgó. Alexander se llevó la mano a la frente y presionó el entrecejo con tensión. Gabby cruzó los brazos y luego las piernas. —¿Cómo se siente que ahora te estén señalando a ti? —preguntó con ironía. —Ahora no, Gabby —respondió Alexander con cansancio. Sabía que ella usaría sus propias palabras en su contra—. Es un malentendido. —Claro —dijo ella, poniéndose de pie—. Bien, buenas noches. No tenía nada más que decir. Él debía resolver sus problemas solo. Subió a su habitación. Alexander se recostó en la silla y suspiró. —Esa chica sí que tiene mala suerte… —murmuró, refiriéndose a Camila. En ese momento recordó a Renata. Tomó su teléfono para llamarla; tenía que explicarle lo sucedido antes de que lo malinterpretara.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR