Capítulo 7

1430 Palabras
Alexander miró la foto de Renata en su teléfono y sonrió. La amaba demasiado; ella siempre lograba hacerlo feliz. Después de guardar el teléfono en el bolsillo de su traje, se volvió hacia Rony con una expresión seria. —Señor, todo está listo —le informó Rony. —Está bien, vamos a echar un vistazo. Salió con paso firme, sus largas piernas cubiertas por pantalones negros, mientras Rony lo seguía. … Edificio Joey. La familia estaba cenando junta, pero el asiento de Camila estaba vacío. Trevor miró a su esposa. —Laura, ¿Camila no va a comer con nosotros hoy? —preguntó. Acababa de regresar de su viaje de negocios y aún no la había visto. Laura suspiró. —Ha estado así desde hace días —le respondió a su esposo. Camila bajó las escaleras con su padre detrás de ella. Vio a su madre y a su hermano sonriendo, quienes parecían felices por el éxito de su esposo al lograr traer de vuelta a su hija. Camila se acercó a su madre. —Lo siento, mamá, por todos los problemas que te he causado —se disculpó. Sabía que su madre estaba preocupada por ella. Laura negó con la cabeza y tomó suavemente las manos de su hija. —No, Camila, ven aquí. La abrazó con fuerza. —No volveré a hacerte preocupar —dijo Camila. —Eso es parte de ser madre; siempre nos preocupamos por nuestros hijos —respondió Laura con sinceridad. —Te amo, mamá —susurró Camila. —Yo también te amo —Laura le acarició la mejilla con cariño—. Ve ahora al comedor, tu cena está lista. —Gracias, mamá. Camila se fue a cenar. Laura se sentó junto a su esposo, que estaba viendo un canal de noticias, y lo miró con admiración. —Tienes algo que a mí me falta —le dijo. Ella había hablado con Camila sin lograr convencerla de bajar, pero con solo un intento de su marido, la chica había bajado y además estaba alegre. Trevor la rodeó con un brazo y sonrió. —Yo también tengo un papel que desempeñar en la familia y en la crianza de nuestros hijos —dijo con ternura. Se amaban y todavía se sentían como jóvenes enamorados. Laura lo miró y preguntó con curiosidad: —¿Qué le dijiste para que su estado de ánimo cambiara tan rápido? —Es un secreto entre Camila y yo —respondió, pellizcándole la nariz con cariño. Laura sonrió ante su gesto. —Está bien, no te obligaré a decirlo. —Gracias. Trevor la besó en los labios y ambos volvieron a mirar la televisión. --- Fiesta en el club Se vio a Gabby bailando en la fiesta cuando un chico se acercó por detrás y le puso la mano en el trasero. Ella se dio la vuelta para ver quién era. —¡Oye! —dijo Gabby sonriendo mientras seguía bailando; ya estaba disfrutando de la atención. —Eres hermosa y sexy —le dijo el hombre con una sonrisa en los labios. Ella se rió, sabiendo que él estaba coqueteando con ella. Gabby también sabía hacerlo; que comenzara el juego. Lo miró. —Tú tampoco te ves nada mal. Él notó su interés. —¿Quieres ir a un lugar más tranquilo para charlar? —le preguntó. Gabby se inclinó cerca de su oído. —¿Te gusta beber y ser juguetonamente rudo? —susurró, dejando su cálido aliento rozar su piel. —Wow, me encanta esta chica —sonrió de lado. —¿Malas chicas? —preguntó Gabby, guiñándole un ojo. —No… belleza con cerebro —respondió, con lujuria en la mirada. Gabby se dio cuenta de que podía ser alguien interesante, alguien que no la aburriría. —Tomemos un trago primero —le dijo. Ambos se sentaron en la barra del club y pidieron un vaso de whisky. —Entonces, ¿qué te trajo a esta fiesta? —preguntó ella. Él la recorrió con la mirada; pensaba que tenía una gran figura. —Buscaba a una chica como tú. —Un gancho para despejar la cabeza —dijo Gabby, dando un sorbo a su bebida. —Algo así. ¿Y tú? —preguntó él. —Me encantan las fiestas, no te arriesgues —respondió, mirándolo de frente. Sí, era guapo. Él se rió y se inclinó un poco hacia ella. —¿Qué tal si me llevas contigo? —preguntó. Gabby puso los ojos en blanco. —Nah… te rompería el corazón —dijo, recostándose en su silla. Él sonrió. —Me encantan las rompecorazones. Gabby lo miró; también era bastante interesante. —Entonces te daré lo que quieras. Ella se inclinó y le dio un beso profundo y caliente. Al separarse, aún sin aliento, murmuró: —Entonces, arriesguemos. Maldita sea, los besos de esa chica solo lo hacían desearla más. —Ok —sonrió, rodeándole la cintura y volviendo a besarla con más intensidad. Gabby frunció el ceño y lo empujó suavemente; él iba demasiado rápido y ella necesitaba detenerlo. —¿Sabes qué…? —dijo, recostándose de nuevo en la silla. —¿Qué? —preguntó él. Maldita sea, esos labios eran tan deliciosos; quería más. Gabby tomó un sorbo de su bebida. —¡No eres un buen besador, es como si no supieras besar! —dijo sin mirarlo. —¡Eh! —la miró, sorprendido. Gabby ignoró su reacción y continuó: —¿Soy la primera chica que has besado? Te ves como un cachorro mojado, obligado por sus amigos a venir aquí a jugar al chico malo —dijo con una sonrisa burlona. —¡¿Qué?! —se quejó, un poco molesto; ella era una pequeña insolente. Gabby lo miró y sonrió. —Es una broma —rió, disfrutando de su expresión. —¡Eres una perra grosera! —dijo él, alzando una ceja. —Puedes decirlo otra vez —sonrió Gabby, dando otro sorbo a su bebida. —¡Eres una mocosa! —Sí, lo soy —admitió; no era la primera vez que se lo decían. —Y no te queda bien esa actitud. —Lo sé —respondió Gabby, sin darle importancia. Él se inclinó hacia su rostro. —Aun así, te deseo… y mucho. Tomó un trago de su bebida y la besó con más intensidad que antes. Gabby, que parecía disfrutarlo, se rió. —Aunque amo a tu tipo. Ambos rieron. —Es hora de ir a tu habitación tranquila para el juego rudo —dijo ella. Entendiendo a qué se refería, él sonrió, y ambos dejaron la fiesta del club rumbo a su lugar. ---- Renata conoció a Alexander fuera de su lugar de trabajo y ambos se dirigieron a un restaurante cercano. Después de hacer su pedido, comieron y charlaron amablemente. —Eres muy bonita —dijo Alexander, mirándola con cariño. Para él, ella siempre había sido hermosa, y esa noche llevaba una falda ajustada de trabajo y una camisa azul marino a juego. Su cabello castaño estaba recogido en una cola de caballo. Renata se sonrojó. —Gracias. Sabía que nunca se acostumbraría a su cumplido. Alexander miró su rostro enrojecido y sonrió. —¿Puedes venir a mi casa esta noche? No quiero dormir solo —le dijo. —¡Eh! —Renata lo miró, sorprendida. Alexander notó que había dicho algo torpe. —Quiero decir… no quiero estar solo —añadió de inmediato. Renata sonrió al verlo corregirse; era tan lindo así. Luego lo miró con seriedad. —¿Problemas en el trabajo? —preguntó. —Estoy muy estresado y te necesito. De verdad necesito un abrazo, Renata. Creo que les he fallado a mis padres, a mis abuelos, a todos —dijo con la voz ronca. —No digas eso —respondió Renata con dulzura. Alexander suspiró con tristeza. —El sitio de producción tardará algún tiempo en volver a la normalidad, y la fecha de finalización del contrato es el próximo mes. ¿Por dónde se supone que empiece? —preguntó con expresión abatida. —Alexander, puedes hacerlo, estoy segura —lo animó Renata. Él la miró con profundidad. —Renata, soy feliz… y estoy feliz de tenerte —le dijo. Ambos se miraron a los ojos. Alexander se inclinó para besarla, pero fue interrumpido por el timbre de su teléfono. —Responde —le dijo Renata. Alexander dudó un momento, luego contestó. —Hola, Blake. —No puedo encontrar a Gabby en el club nocturno —dijo la voz preocupada de Blake al otro lado de la línea.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR