—Y esto… —dijo Camila, entregándole el pequeño joyero. Alexander lo tomó con cuidado y lo abrió lentamente. Dentro había un collar dividido en dos partes, un colgante diseñado para separarse. En cuanto lo vio, ya no pudo contener más las lágrimas. —Estoy seguro de que fue idea de mi madre… —murmuró con la voz quebrada—. Ella nunca olvidaba nada. Camila observó el collar en sus manos con atención. —Siento que este collar guarda muchos recuerdos —dijo suavemente—. Algo así siempre tiene una historia. Alexander bajó la mirada hacia el colgante. —Una vez vi una película con mis padres… —comenzó—. Había una pareja que compartía un collar dividido en dos. Cada uno tenía una mitad. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa nostálgica. —Me gustó tanto que quise uno igual. Levantó la mi

