Camila se mordió el labio inferior con rabia. —¿Quién la empujó? —Se cayó —respondió Alexander, mirándola con los labios fruncidos. Camila exhaló con fuerza. —Entonces límpialo. Tengo sueño. Se giró para volver a acostarse. —¡Oye! —gritó Alexander. Ella se incorporó de nuevo, irritada. —¡¿Qué?! Él volvió a meter las manos en los bolsillos. —Ven y límpialo —dijo con una sonrisa arrogante. Camila soltó una risa incrédula. —Yo no la empujé. —Yo tampoco —mintió Alexander con descaro. Ya estaba cansada de esas discusiones interminables con él. Debería estar dormida, pero ese hombre insistía en molestarla. —Eres el hombre. Deberías limpiarlo tú. A Alexander le divertían esos intercambios. Disfrutaba ver el enojo reflejado en su rostro. —Se cayó porque estás en esta habitación —r

