Camila hizo una pausa y lo miró con atención. Esta vez hablaba en serio, pero no iba a dejarse engañar por su expresión. —¿Desde cuándo te preocupa si desayuno o no? Alexander exhaló con brusquedad. —No me importa. Tomó su reloj de pulsera y se lo colocó. —¿Quieres que te lleve?… Se giró hacia ella, inclinándose ligeramente. —Entonces corre —dijo con frialdad antes de volverse hacia el espejo. Camila apretó los puños sobre su vestido. Deseaba poder darle un buen golpe en la cabeza. —Tsk… adiós a mi puntualidad. Tomó su teléfono y salió de la habitación, murmurando maldiciones contra Alexander. Alexander bajó las escaleras. Shanne abrió la puerta del auto para que entrara y encendió el motor. En el camino, vieron a Camila corriendo hacia la parada del autobús. Alexander le indicó

