—Así que… ¿eso es todo? —Camila exhaló suavemente. —¿Estás haciendo esto para impresionarlo? —se burló Gabby. —Lo siento, Gabby. No puedo hacer nada por alguien que no me ama —respondió Camila, desviando la mirada hacia la nota que tenía en la mano. Gabby se frotó la frente con frustración. —Tú y Alexander… ¿por qué se odian tanto? No lo entiendo. Son una pareja, deberían dejar de lastimarse. —Es un idiota —espetó Camila, recordando lo mucho que él lograba sacarla de quicio—. Perdón por llamarlo así —añadió, mirando a Gabby. Gabby sabía que tenía derecho a decirlo; muchas veces Alexander actuaba como tal. —Está bien. Lo sé. Pero están casados… deberían comportarse como una pareja de verdad. Camila se pasó la mano por el cabello con nerviosismo. —Gabby, eso no puede pasar. —No hay

