Camila parpadeó y frunció el ceño. —No tienes que ser tan arrogante. No soy una niña a la que puedas empujar de un lado a otro. Tomó su toalla con rapidez y entró al baño. Alexander soltó una leve risa entre dientes. Ella era demasiado terca… y, de alguna forma, eso lo divertía. Tomó otra toalla y comenzó a secarse el cabello mientras miraba pensativo la puerta cerrada del baño. —Tengo que decírselo… —murmuró para sí mismo—. Pero no puedo. Ella se esfuerza demasiado por ocultar lo que siente. Minutos después, la puerta del baño se abrió. Camila salió vestida con unos jeans azules informales y una blusa rosa sencilla. Su cabello aún estaba ligeramente húmedo. Alexander, que estaba sentado en el sofá, levantó la mirada hacia ella. —¿Estás lista? —No estoy vestida a tu estilo —respon

