—No te preocupes, no voy a desquitarme con nadie hoy —dijo Gabby con desdén—. Odiaría escuchar a mi hermano regañándome durante horas... no tengo paciencia para eso ahora.
Se puso de pie y estiró el cuerpo con pereza antes de mirarlos uno por uno.
—Todos ustedes no son más que un grupo de idiotas aburridos —añadió sin filtro—. Me largo de aquí. Nadar me hará mucho más bien que seguir sentada escuchándolos.
Sin esperar respuesta, caminó hacia la piscina.
—Me alegra que por fin te vayas —murmuró Blake, rodando los ojos.
—Estoy segura de que sí —respondió Gabby sin mirar atrás.
Eric levantó una bebida y preguntó con cautela:
—¿Quiere un poco de jugo, señorita?
—Guárdalo, Eric —suspiró Gabby, ya al borde del agua.
—Necesitas amigos, Gabby —añadió Garrett.
Ella se detuvo solo un segundo antes de entrar a la piscina y giró el rostro hacia él.
—Garrett, tú también necesitas salir de este país —replicó con frialdad—.
Y tú, Blake, busca una nueva fiesta en algún club esta noche.
—Eres una desesperada —dijo Blake, aunque su tono era más preocupado que crítico—. Estudia esta noche y olvídate de los clubes nocturnos.
—Haz algo útil con tu tiempo —agregó Eric.
Gabby sonrió con descaro antes de lanzarse al agua.
—Ya lo estoy haciendo. Las noches son para las fiestas.
—Gabby, no hay clubes nocturnos para ti esta noche —dijo una voz firme y moderada.
Alexander acababa de llegar y había escuchado lo último.
—Aquí viene el jefe... —murmuró Gabby, suspirando mientras se sumergía y se alejaba nadando.
—Gracias a Dios que llegaste —dijo Eric, visiblemente aliviado.
Los amigos de Alexander se sentaron de inmediato cuando él se acercó.
—¿Por qué tardaste tanto? —preguntó Garrett.
—Estaba con Renata —respondió Alexander mientras tomaba asiento. —La próxima vez, por favor, no nos dejes solos con tu hermana —dijo Blake—. Es completamente incontrolable. Alexander sonrió con resignación.
—Tiene veinte años, pero todavía se comporta como una niña.
—No es una niña —corrigió Eric frunciendo el ceño——. Es una mocosa total. Alexander soltó una leve risa, aceptando la verdad sin discutirla.
—Lo sé —respondió Alexander con una leve sonrisa—. La conozco demasiado bien.
—Necesita amigos —añadió Garrett, observando la piscina de reojo.
—No —corrigió Alexander con calma—. Necesita ser enviada fuera de este país.
—¡Escuché eso! —gritó Gabby desde la piscina, sacando la cabeza del agua mientras todos estallaban en risas.
Alexander negó con la cabeza, divertido.
—Disfruta de tu piscina, sirenita —le dijo con tono burlón.
—¡Gracias, lobo terrestre! —respondió Gabby antes de sumergirse otra vez y desaparecer bajo el agua.
La sonrisa de Alexander se desvaneció poco a poco. Se giró hacia sus amigos y su expresión cambió por completo, volviéndose seria y firme.
—Muy bien —dijo con voz baja y autoritaria—. Ahora es momento de hablar de negocios.
De inmediato, las risas se apagaron. Todos se sentaron correctamente, con los gestos tensos y atentos, conscientes de que el juego había terminado y que, a partir de ese instante, solo importaba el trabajo.
…
Camila fue a visitar a su primo Nick Jade a su casa, un lugar al que siempre acudía cuando se cansaba de estar encerrada en la suya. Aquel ambiente le resultaba familiar y, por alguna razón, un poco más ligero. Se sentó en la sala junto a Clara, la hermana de Nick, charlando tranquilamente, mientras él —como de costumbre— estaba absorto frente a la pantalla, concentrado en su videojuego.
Camila lo observó unos segundos antes de soltar una pequeña risa burlona. —¿No te preocupa conseguir un trabajo? —preguntó con curiosidad—. ¿Cuál es tu secreto?
Vamos, no tienes que ocultárnoslo.
—Videojuegos —respondió Nick con total naturalidad, sin despegar la vista de la pantalla.
Camila frunció el ceño, confundida.
—Los videojuegos no son una empresa... ni un trabajo.
—Sí lo son —replicó él con calma—. Es un juego.
—No estudiaste cuatro años para quedarte jugando toda la vida —insistió Camila. En el fondo, hablaba desde su propio miedo: el temor de no encontrar trabajo... y de ver a su primo desperdiciando su futuro frente a una consola.
Nick detuvo el juego de golpe, como si hubiera leído sus pensamientos. Giró hacia ella y negó con la cabeza. —No tienes ni idea, Camila.
—Entonces explícame —respondió ella, levantando la barbilla con desafío.
—Voy a hacer juegos —dijo Nick, cruzándose de brazos, ahora completamente serio.
—¿Juegos.. .? —repitió ella, incrédula.
Nick suspiró con paciencia. Sabía que Camila siempre había sido así: ingenua, impulsiva, y un poco perdida cuando las cosas no seguían el camino tradicional. Sonrió levemente antes de explicarle con calma.
—Sí, juegos. Estudié arte, así que voy a ser dibujante y desarrollar videojuegos. Los ojos de Camila se abrieron con sorpresa.
—¡WOW! —exclamó, sin poder evitar sonreír—. ¿Te lo imaginaste todo tú solo?
Nick asintió con orgullo.
—Estoy celosa —admitió ella después de unos segundos, dándose cuenta de lo poco claro que veía su propio futuro en comparación—. En serio.
—Siempre lo has sido —bromeó Nick con una sonrisa ladeada.
—No seas tan creído —refunfuñó Camila frunciendo el ceño—. No siempre lo he sido.
Nick soltó una risa suave y volvió a girarse hacia la pantalla para continuar con su juego.
—Y dime —añadió Camila, pensativa—, si tú estudiaste arte y quieres ser dibujante... y yo estudié arte y administración, ¿entonces qué se supone que debería hacer yo?
La pregunta quedó flotando en el aire, cargada de inseguridad, marcando una vez más la diferencia entre quien tiene un camino claro... y quien aún no sabe hacia dónde ir.
—Entonces... ¿qué se supone que debería hacer? —se preguntó Camila en voz alta.
Nick y Clara se miraron un segundo... y ambos se rieron.
Camila frunció el ceño y los observó, confundida.
—¿Qué es tan gracioso?
Clara, que había estado observándola en silencio desde hacía rato, fue la primera en responder, todavía sonriendo.
—Tú lo eres.
Camila parpadeó.
—Bueno... eso es cierto —admitió sin pudor—. Si ninguna empresa quiere aceptarme, siempre puedo dedicarme al modelaje. Después de todo, soy bonita, ¿no? —añadió con una sonrisa orgullosa.
Nick, sin apartar los ojos del juego, respondió con total sinceridad:
—Claro que lo eres. De hecho, casi te beso en la fiesta de la escuela hace tres años... estabas tan encantadora y deslumbrante que me dejaste sin palabras.
Camila alzó el mentón, satisfecha.
—Lo sé. Soy encantadora y deslumbrante —suspiró, aunque enseguida frunció el ceño—. Entonces... ¿por qué nadie ve mi belleza?
Nick soltó una risa breve.
—Porque eres torpe.
Camila lo miró con incredulidad, tomó la cáscara de plátano que tenía a la mano y se la lanzó.
—¿Quién es torpe?
—¡Oye! —protestó Nick—. Soy mayor que tú, ¿recuerdas?
Ella no respondió. Simplemente tomó una taza y se la arrojó sin piedad.
—¡Camila! ¿Puedes parar? —se quejó él—. Estoy a punto de ganar este partido.
Nick estaba tan concentrado que apenas podía esquivarla.
Pero Camila, disfrutando demasiado el momento, siguió lanzándole cosas.
—Discúlpate primero —ordenó, cruzándose de brazos.
Nick suspiró, derrotado.
—Está bien, lo siento. No eres torpe —dijo rápidamente—. Ahora, por favor, deja de tirarme cosas y sigue hablando con Clara.
Camila se detuvo por fin. Se levantó y se sacudió las manos.
—Bien. Concéntrate en tu juego —dijo sin entusiasmo. Ya estaba aburrida de quedarse allí.
Clara la observó mientras recogía su bolso.
—¿Vas a algún lado? —preguntó. —Este lugar se volvió aburrido —respondió Camila—. Necesito salir a caminar. Tal vez encuentre algo mejor que hacer.
—¿Quieres que te acompañe? —ofreció Clara de inmediato.
Camila sonrió. Siempre le había gustado estar con ella. —Me encantaría.