Mi padre exclamaba… —¡No me importa lo que digas Xedrik! ¡Céline quítales el poder a esos brazaletes! Y en ese momento vi esa mujer tan extraña, era muy alta, rubia, blanca con una belleza exótica… ella solo comenzó a brillar entonces los brazaletes de Alix y de su padre Xedrik cayeron al suelo. —Ónix es mi pareja y no importa todo lo que hagas ella siempre estará conmigo en cuerpo y alma. —¡Yo no estaría tan seguro de eso! Vamos hija ven conmigo… yo negaba con la cabeza… no estaba logrado digerir todo esto… Alix me miraba con ternura, pero mi padre me recordó nuestra conversación. Hija me prometiste que no ingresarías a este desierto, aquí corres peligro, por favor ven conmigo. Estaba consciente de mi promesa, pero, aunque no quería despegarme de Alix, comencé a caminar, porque me sentí

