— ¡Vaya! — dije cuando terminé de sentarme. — ¿Qué te pasa? — me preguntó Hannu mientras miraba la carta. —Vas a mirar en la dirección que yo te indique, cuando yo te indique y no dirás nada— le dije mientras yo también veía la carta. —Está bien— me contestó tranquilamente. De seguro la escena era un poco graciosa. Los dos fingiendo que estábamos viendo la carta, cuando solo queríamos mirar de una vez por todas. —Detrás de ti, a las… mmm, doce en punto— le dije cuando levanté solo la vista para ver bien. Hannu dejó en la mesa la carta e hizo como que algo se había caído al suelo para mirar disimuladamente. Cuando volvió a su posición recta, abrió sus ojos enormes y se quedó en silencio. Parecíamos estúpidos la verdad, con cara de sorpresa los dos. Nos reímos un poco y Hannu comenzó a

