Después de aquella noche, las cosas se volvieron peor. Neizan se veía cada día más descuidado, con enormes ojeras y demasiado pálido. No hablaba con nadie y se encerraba todo el día en su oficina. De vez en cuando, asistía a las reuniones. No entendía cómo Noah no se daba cuenta de lo que estaba sucediendo y cómo no hacía nada por su hermano. Aleix me había prometido no interferir en nada y, aunque sabía que le estaba costando mucho ver a su hermano así, estaba siguiendo mi petición al pie de la letra. Él también se encerraba todo el día en su oficina, porque así, evitaba encontrarse con Neizan en algún lugar de la empresa. Las semanas continuaron pasando y Neizan había dejado de asistir a los eventos familiares. Ahora sí, nadie lo veía nunca. Sabíamos que estaba bien, porque al menos, r

