Capítulo ocho

1813 Palabras
Joel tocó el timbre de la casa del rizado y esperó hasta que éste o algún otro m*****o de su familia la abriera. Él estaba nervioso y dudoso con ir, pero al final se había decidido por ir, él no perdía nada con ir allí, es más, ganaba, ya que le atraía bastante el rizado. La primera cita fue hermosa, compartieron mucho y hace bastante tiempo que no se abría con alguien como lo hizo con Killian, le habló de su familia y de lo que sentía sobre otras personas con las que había salido anteriormente. Había sido divertida también, hicieron muchas cosas en un día. Un poco le asustó porque en sus otras citas había sido más indiferente a la persona con la que salía y de repente Killian así de inusual como era, le comenzaba a gustar y no quería dejar de conocerlo ahora.  Al cabo de unos minutos, un sonriente rizado le abrió la puerta, a pesar de su sonrisa lucía más tímido de lo normal, si es que eso era posible. Lo saludó con un casi inaudible hola y un beso en la mejilla, luego lo tomó de la muñeca y lo jaló dentro de la casa. Lo llevó de la muñeca por la sala de estar. Le ofreció si quería tomar algo y terminaron merendando juntos café con tostadas y dulces sentados en el sillón.  Hablaron de las clases que compartían, las tareas que debían, los trabajos y exámenes que iban a tener en las siguientes semanas, porque se acercaban los finales que Joel tanto odiaba y que a Killian le daban igual. El chico de cabello azul le contó sobre cómo le costaba la escuela y el rizado se terminó ofreciendo a ayudar en tareas, por lo que quedaron en verse unos días más tarde.  También conversaron sobre los estrenos que iba a hacer en el cine el próximo mes, Killian estaba emocionado por la última película de marvel que iba a salir y aunque Joel no era fanatico y ni siquiera había visto una de la saga de la que le hablaba, no le importó decirle que iba a verse toda la saga para el mes que viene llegar a verla con él en el cine. A Joel le impresionó la velocidad con la que había hecho otros planes.  Cuando terminaron de merendar y antes de que se haga de noche, subieron las escaleras de la casa del rizado, el chico de cabello azul solo lo siguió obediente. Lo había tomado de la mano apenas terminaron su café y no quedaba más que migas. Desde esa noche que se besaron por primera vez, se había quedado con ganas de follar con Killian así que si este lo llevaba a su habitación así como así, no tendría razón alguna para rechazar la propuesta.  Aunque el rizado en su cita anterior le había confesado que era la primer persona con la que salía y que no había tenido sexo todavía, parecía que Killian estaba siendo muy directo acerca de ello llevándolo a su habitación. Joel tenía experiencia y le gustaba las personas que la tenían, había estado con algunos universitarios o chicos más grandes; en casi todos los caso pensaba que se estaba arriesgando y terminaba sintiéndose mal muchas veces, por eso había desistido de las citas por sexo casual. Había muchos hombres malintencionados en busca de menores y parecía perturbador solo la idea. En ese sentido, de sentirse seguro y cuidado, Killian le hacía sentir bien, aunque le intimida el hecho de ser la primera vez de alguien más.  El rizado solo abrió la boca cuando ya estaban dentro de su cuarto pero la cerró dudando. Joel le sonrió con dulzura y de una manera disimulada pero a su vez poco sutil, se dedicó a observar la habitación del rizado. Su habitación era todo lo contrario a lo que era la suya. Mantenía orden, por lo que se veía, y una decoración minimalista con colores neutros y claros en general. Si fuera Hippie, Joel diría o pensaría algo sobre que le da paz. Tenía un escritorio sobre la pared, como si fuera una repisa pero funcionaba de escritorio, acompañado de una silla, con un organizador por mes o semana por encima, algunos recordatorios en colores opacos que lo rodeaban y una rejilla con materiales como resaltadores, fibrones y lapiceras. Como un capricho de alguien que derrochaba organización. También tenía una pizarra con cosas escritas y conectadas entre sí que no llegaba a leer pero podía suponer que se trataba de alguna de sus investigaciones. Algunas ilustraciones abstractas decoraban la pared que acompañaba una biblioteca llena de libros, apuntes y cuadernos perfectamente acomodados. El resto del cuarto iba de una cama de dos plazas con un acolchado blanco medio beige y dos mesas de luz, por debajo había una alfombra negra apenas estampada. Y un armario que en realidad estaba incluido en la casa directamente. Joel quedó bastante sorprendido de su habitación, principalmente porque no había ni una pila de ropa, siquiera limpia. —Hola, culo lindo. —Murmuró enseguida con un tono bajo pero pícaro (lo que sorprendió bastante a Joel). Estaba nervioso y se le notaba, sonriendo de igual forma que lo hacía cuando le abrió la puerta. El chico de cabello azul rió a carcajadas con el cambio de actitud que tenía.  Joel al escucharlo bufó y puso en blanco los ojos, sonriéndole divertido. —Hola. —Quedó por unos segundos en silencio esperando que el rizado volviera a hablar pero al ver que no lo hacía, prosiguió él, recordando que habían quedado en verse por un trabajo práctico en el que le había pedido ayuda. —Y, eh... ¿En que trabajo práctico tengo que ayudarte? Killian amplió un poco más su sonrisa, acercándose sigilosamente al castaño hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para no tener que hacer mucho esfuerzo para poder tocarlo. Joel se sintió ansioso y nervioso por la nueva cercanía, pero el rizado no hizo nada más que volverse a alejar, luego de haberle dejado un beso suave y lento en una de sus mejillas. —Sácate la ropa y acomódate sobre la cama, ya vuelvo. —Murmuró solamente y se fue hacia otro lado de la habitación. Y bueno, no se iba a negar a esa petición, aunque definitivamente no era como esperaba que Killian reaccionara, teniendo en cuenta que no había tenido ninguna cita, ni sexo antes. El chico de ojos azules pensó que iba en busca de un lubricante y un condón, así que con un encogimiento de hombros se comenzó a quitar la ropa, primero su camisa, luego su pantalón y por último el boxer n***o que llevaba debajo. Le dio impresión lo ordenado y limpio que estaba la habitación, que incluso acomodo su ropa en la silla que estaba en el escritorio. Muy raro en él, que tenía ropa desparramada y desordenada por toda su habitación. Cuando estuvo completamente desnudo se acercó a la cama y se recostó sobre su espalda en ella, apoyando su rostro en una de sus manos y la mirada hacía el techo. Le encantaría haberse atrevido a acomodarse directamente en cuatro, esa era una de sus posiciones preferidas y una que le facilita bastante el trabajo de prepararlo, ya que él no había tenido relaciones desde hace un tiempo. Pero teniendo en cuenta que Killian era completamente nuevo en esto, podría ser esa una imagen digna de ahuyentarlo, aparte de que no dejaba de pensar en eso. Esta sería su primera vez y su mente se lo repetía, lo que hacía que sus nervios estén a flor de piel. Él esperó paciente por minutos hasta que escuchó unos pasos y el ruido que producía el colchón cuando un cuerpo caía sobre él, giró su cabeza y se sorprendió al encontrarse a Killian abriendo un cuaderno y no un lubricante. —¿Qué haces? —Casi gritó indignado el castaño, su voz incluso sonó más aguda, su ceño estaba fruncido y su boca un poco abierta, en señal de sorpresa. Ciertamente tenía un poco de curiosidad y hasta en cierto punto lo divertía. Aunque definitivamente no era lo que esperaba. —Escribo sobre tu culo, ¡daaa! —El rizado contestó como si fuera lo único que podría hacer teniendo a otro chico desnudo sobre su cama, tomó una lapicera que había traído anteriormente y comenzó a escribir algo en su cuaderno. — Eres estúpido eh. —Imitó el tono de "es lo más obvio del mundo" que antes había usado Killian y volvió a hablar (o mejor dicho, gritar). Enseguida se sintió mal porque eran cosas que no entedía el tono, la ironía y que él haya supuesto que iban a tener sexo porque le dijo que se sacará la ropa. Quizás escribir sobre su culo era lo único que pretendía, aunque Joel no. —¿No me la vas a meter? —preguntó suciamente, en un tono más tranquilo del que había hablado antes. Killian levantó la vista de su cuaderno y centró sus ojos verdes en los azules del castaño, mientras deformaba su rostro, poniendo en él una expresión de asco. — ¿La lapicera? —Frunció más su ceño y apretó más sus labios, mostrando de esa forma lo que sentía ante el pedido del castaño. — ¡Eso sí es asqueroso y muy poco higiénico! — ¡No soy raro como tú! —El castaño indignado se levantó un poco en la cama, acomodándose en ésta. Fue lo primero que le vino a la mente y que salió por su boca y si, no debería haberlo dicho, Killian le había confesado que padecía un transtorno, pero en realidad no se vio afectado con el comentario, por lo que siguió, calmando su tono nuevamente.—Claro que no quiero una lapicera enterrada en mi culo, quiero ¡tu pene! El de rizos suspiró aliviado y soltó una leve risa. —Oh, bien. Eso si puedo hacerlo, pero espera que termine de escribir esto, por favor. Joel solo volvió a poner sus ojos en blancos, aunque soltando una risa divertida pero a su vez, estaba abrumado. Y como forma improvisada de eliminar su frustración, dio su cabeza contra la almohada.  Ese chico sobrepasaba sus niveles de entendimiento sobre ese tipo de cosas, eso era seguro. Pensándolo, él iba esperando cosas que podrían no pasar, Killian le había dado dos besos, le había dicho que le atraía, interesaba o gustaba pero nada más, nunca le había dicho que se moría de ganas de follarlo o le había dado señales directas de eso. Sí, le hablaba de su culo pero algo que le gustaba de eso a Joel era que nunca lo hacía con un tono s****l o doble sentido. Así que, ¿por qué esperaba más de lo que le ofrece y por qué se decepciona como lo hace?
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