Capítulo 8.2

3226 Palabras
- Creo que debemos llamar a padre de inmediato. Él es el único que lo puede ayudar –señaló Mammon, y repitió tres veces el nombre del embaucador, apareciendo este enfrente de sus hijos. - Espero que el motivo por el que me has llamado valga la pena para interrumpir lo que hacía –dijo Satanás ni bien se materializó en los aposentos de Belcebú en el palacio, pero al fijar la mirada en la gula y verlo en tan mal estado, dejó todo aire de superioridad y fastidio para optar por uno de preocupación-. ¿Quién le ha hecho esto a su hermano? –en la voz de Satanás se podía escuchar ira. - Unos sobrenaturales ingresaron a tus dominios para robarte las piedras de luna –empezó a decir Mammon, y por el simple hecho de haber mencionado a las piedras de luna, se ganó la atención por completo de su padre-. Pude evitar que se llevaran una, por lo que, para recuperar la otra, Belcebú, Belial y yo empezamos a perseguirlos. Sin embargo, uno de ellos, un licántropo, alzó una barrera de fuego proveniente del centro del planeta, y Belcebú no pudo evitar chocar contra esta, por lo que sus alas se encendieron en llamas. - Tras nuestro hermano caer y perder la consciencia, vimos cómo las llamas se extinguieron, pero la quemadura seguía carcomiendo su piel y huesos, por lo que decidí arrancar sus alas para evitar que la quemadura alcance su espalda –interrumpió Belial a Mammon, haciendo que Satanás girara el rostro hacia él. - Fuego del Dios Supremo –dijo Satanás entre dientes mientras apretaba los puños. El señor del Inframundo conocía muy bien el efecto destructivo del fuego proveniente de El Creador, ya que de ese elemento estaba hecha la espada que Miguel Arcángel usó para cortar las alas de aquellos que se levantaron en contra de El Todopoderoso. - Nos preocupa ver que Belcebú no ha cambiado a su forma humana tras perder la consciencia –agregó Belfegor mientras soltaba un bostezo. - Es porque el fuego del Dios Supremo bloquea todo poder de aquel que haya tocado, y es así como es posible que lo destruya todo –explicó Satanás tocando con sumo cuidado las heridas en la espalda de Belcebú. - ¿Puedes ayudarlo, padre? ¿Nuestro hermano recuperará sus alas? –preguntó Leviatán. - Sí puedo ayudarlo, pero no sé si sus alas volverán a crecer –respondió Satanás con enojo por la situación que la incursión de los sobrenaturales había causado. Sin decir más, Satanás empezó a repetir unas palabras en la lengua que usaban Los Celestiales, una que sus hijos, por más esfuerzos que hayan puesto para aprenderla, nunca lo lograron. Y vertiendo sobre las heridas de Belcebú el líquido de un pequeño pomo de vidrio que sacó de entre sus ropas, esté dejó su forma demoniaca, luciendo su aspecto humano. - Dejemos que su hermano descanse –dijo Satanás arropando a Belcebú con las sábanas que vestían la cama-. Vayamos a la sala de las piedras de luna, tienen mucho que explicarme. Los hijos híbridos de Satanás caminaban detrás de su padre con nerviosismo. Los cuatro habían estado en el palacio cuando ocurrió la incursión de los espías sobrenaturales, por lo que eran responsables de la pérdida de la piedra de luna en cierto grado. El señor del Inframundo quería conocer cada detalle de lo ocurrido, ya que conocía muy bien a sus hijos y era capaz de reconocer cuando le mentían, así que empezaría a interrogarlos en grupo, para que entre ellos terminen acusándose y develando la verdad. Para responder Mammon la pregunta de cómo se percató que había espías sobrenaturales en el palacio, este empezó a narrar una historia que era contraria a la verdad, donde él reparó en unas sombras que no reconoció, y al seguirlas se encontró con el licántropo dentro de la sala donde se guardaban las piedras de luna. - Ese malnacido tenía ambas piedras de luna en su poder, así que me fui sobre él, logrando quitarle una, pero cuando quise perseguirlo al ver que huía, una barrera invisible me detuvo. Así estuve prisionero por algunos minutos, hasta que el brillo de la piedra de luna que sostenía me hizo recordar que podía abrir un portal para escapar de la prisión en la que estaba atrapado –relató Mammon cambiando la historia para deslindarse de culpabilidad. - En los aposentos de tu hermano hablaste en plural sobre los espías. ¿Dónde estaba el resto de sobrenaturales mientras tú te enfrentabas al licántropo que tomó las piedras de luna? Y lo más importante: ¿Cómo un simple licántropo pudo darte batalla? –Satanás miraba fijamente a Mammon para descubrir su mentira. - Pues, supongo que para buscar en el palacio se habían dividido, por lo que solo me encontré con el licántropo –decía Mammon tratando de no evidenciar nerviosismo-. Y ese licántropo no era cualquiera, ya que fue él quien hizo despertar el fuego del Dios Supremo y creó la barrera que hirió a Belcebú y nos impidió a Belial y a mí a ir tras el resto de espías –la respuesta de Mammon dejó pensando a Satanás. - ¿Es cierto lo que dice tu hermano? Sobre que ese licántropo fue quien alzó la barrera de fuego –preguntó Satanás a Belial. - Sí. Nosotros corríamos con la intención de detener a los espías cuando el licántropo cambió de trayectoria y empezó a correr hacia nosotros. En un determinado momento se detuvo, dejó su forma de lobo y alzó los brazos, elevándose el fuego del Dios Supremo. Belcebú intentó rebasar la barrera, pero esta siguió creciendo y alcanzó a quemar las alas de nuestro hermano, ahí es donde nos detuvimos para socorrerlo y esperar a que el divino elemento termine consumiendo al licántropo para cruzar la entrada a tus tierras hacia el camino que lleva a la superficie y recuperar la piedra de luna, pero ese sobrenatural no moría y su cuerpo se mantenía en buen estado, aunque las llamas habían encendido cada espacio de este –respondió Belial mostrando asombro mientras recordaba lo ocurrido. - Y luego bajó un querubín –soltó Mammon, captando toda la atención de Satanás. - ¿Qué dijiste? ¿Un Celestial en el Inframundo? –preguntó el embaucador completamente emocionado. - Sí. El querubín ayudó al licántropo a mantener la barrera de fuego por varias horas. Y tampoco se vio afectado por el elemento que proviene del Dios Supremo –recalcó Mammon. - Ese querubín parecía que era el alma gemela del licántropo –soltó Belial mirando fijamente a Satanás. La soberbia quería descubrir algún cambio en su padre al escuchar el comentario que hizo-. Cuando llegó la hora de partir, el querubín le habló con mucha ternura al cuerpo inerte del licántropo, y se lo llevó hacia Los Cielos. - Y fue por la cobardía de Belial que no atrapamos al querubín y el cuerpo inerte del licántropo para traerlos como ofrenda ante ti, padre –dijo Mammon pretendiendo que Satanás volcara su ira sobre alguno de sus hermanos, olvidando profundizar en el encuentro que sostuvo con el licántropo en la sala donde se guardaban las piedras de luna. - El único cobarde aquí eres tú, Mammon –soltó Belial notoriamente enojado-. Ya habíamos perdido demasiado tiempo esperando que la barrera de fuego descienda para cruzarla, y Belcebú necesitaba ayuda. - ¡No quieras excusarte, Belial! Ver que esos dos aguantaban el elemento entregado por el Dios Supremo te acobardó, por eso no quisiste detener al querubín. Un Celestial del segundo coro angélico hubiera sido una gran ofrenda para padre –insistía Mammon para desviar toda la atención de Satanás hacia ese hecho. - ¡¿Una que reemplace la segunda piedra de luna que pierde padre por tu culpa?! –soltó Belial perdiendo la paciencia-. ¿Acaso crees que padre es estúpido y va a creer que el licántropo encontró las piedras de luna por sí solo? ¡Debiste guiarlo a la sala ante tu estúpida fijación de volver a tener una entre tus manos! –lo dicho por Belial sorprendió a Mammon porque había dado en el clavo, pero la avaricia no podía dejarse intimidar por la soberbia, sino perdería la opción de salir bien librado del castigo que Satanás le daría por ser reincidente en el error de perder una piedra de luna. Mammon dejó su forma humana y se lanzó contra Belial, quien pudo transformarse a tiempo y recibir con un fuerte golpe la embestida de su hermano. - ¡BASTA! –el grito que soltó Satanás hizo que los cimientos del palacio se remecieran-. Todos son culpables, hasta Belcebú porque no percibieron la presencia de los espías sobrenaturales dentro del palacio. Es más, todo demonio existente en el Inframundo es culpable por no haber descubierto a esos infelices andando hacia el palacio desde la entrada a mis dominios desde el plano humano –manifestó Satanás mirando a sus cuatro hijos con desprecio-. Por estos episodios, cuando demuestran lo ineptos e incompetentes que son, es que me arrepiento de haberme mezclado con Lilith y que esta pariera mi descendencia. Quizá si hubiera elegido a otra clase de hembra, mis hijos hubieran sido mejores que lo que son ustedes, tira de inútiles –la dureza con que Satanás hablaba, dolía a sus hijos, pero en vez de que en ellos naciera la tristeza, la ira se despertaba. »Al quedarme con una sola piedra de luna me veo obligado a cambiar mis planes, por lo que tendré que desistir de los enfrentamientos contra los sobrenaturales hasta que pueda reorganizar mis fuerzas –la avaricia, la soberbia, la envidia y la pereza miraban atentamente a Satanás, esperando que dijera algo sobre castigarlos por el error cometido-. Y el tiempo que dure la interrupción de esta guerra estará impuesto por ustedes, según cuánto se demoren en culminar la misión de castigo que les daré a ustedes cuatro, al que se unirá Belcebú cuando esté recuperado: construirán con sus propias manos otro palacio como este en el extremo norte de mis dominios, sin herramientas ni ayuda de las legiones que comandan, ya que los despojo de sus cargos y jerarquías. Les recomiendo que tras dejar el palacio se trasladen de inmediato a la zona donde construirán uno nuevo, ya que ese será el único espacio donde estarán a salvo de ser acosados por otros demonios. Si salen de ese lugar, no respondo por lo que los que han quedado por encima de ustedes les puedan hacer». - ¡Eso es injusto! –soltó Leviatán molesto-. Esto es solo culpa de Mammon. De seguro lo que señaló Belial es la pura verdad, y este imbécil llevó a los espías sobrenaturales hacia donde estaban las piedras de luna –la avaricia ya iba a arremeter contra la envidia, pero la intervención de Satanás detuvo todo acto de violencia entre hermanos, al menos enfrente del padre. - ¡HE DICHO QUE BASTA! –además de moverse los cimientos del palacio, truenos se dejaron escuchar-. Donde los he confinado encontrarán todo lo que necesitan para satisfacer sus necesidades humanas, excepto a sus cortesanas, ya que se mantendrán solos y trabajando. Solo les permitiré que lleven una carga simple con algunos objetos de valor para ustedes. En sus manos está el que recuperen lo antes posible lo que ahora les estoy quitando. Con un gesto despectivo, Satanás ordenó que lo dejen solo. Mammon, Leviatán y Belfegor salieron corriendo a preparar lo que llevarían consigo hacia donde purgarían su castigo. El embaucador quedó mirando a su hijo, el más bello de todos, al no entender qué esperaba para irse. Lo que la soberbia le preguntaría tomó por sorpresa al señor del Inframundo, pero a la vez lo alivió al darse cuenta que tenía a alguien en quien podía confiar. - Cuando escuché la dulce manera que el querubín usó para dirigirse al licántropo, deseé que exista alguien que me hable de esa misma forma –Satanás dejó de reflejar dureza en su mirada para explicarle un par de cosas a ese hijo que le recordaba la belleza de Los Celestiales y la propia que perdió al hacerse el señor del Inframundo. - Los demonios o hijos de estos no tienen derecho a que se les conceda un amor predestinado, así que olvídate de esas ideas estúpidas –soltó bruscamente Satanás. - Pero algo de Celestial debe haber en mí, en lo más profundo de mi ser, por ser hijo de quien fue el serafín más amado –comentó Belial manteniendo un semblante serio. - Yo dejé de ser un Celestial cuando llegué al Inframundo, decidí ser el líder de los demonios y seguir con mi accionar para destruir a la humanidad, ya que fue por ellos que lo perdí todo en Los Cielos –precisó Satanás con burla. - Madre me contó que cuando ella quedó preñada de mí, tú te habías comportado extraño, y que no lucías como a diario te vemos –lo dicho por Belial paralizó a Satanás. - ¿Qué has dicho? –preguntó el amo de los demonios con sumo interés. - Cuando copulaste con madre, y ella quedó embarazada de mí, no lucías como el señor del Inframundo. Madre me dijo que ella se había topado con un ser de extrema belleza, a quien sedujo y enredó entre las sábanas de su cama. Ella creía que era un espíritu que había caído en el Inframundo por sus pecados y aún no se había corrompido porque recién había llegado, pero cuando despertó te encontró a su lado y con rastros en tu cuerpo de haber sido quien la había llenado de su esencia –Satanás estaba mudo de la impresión. Claramente había amenazado a Lilith para que nunca revele que lo había visto luciendo como el Celestial que fue, mucho menos de que había copulado con ella bajo esa forma. Luego se ocuparía de ella por haberlo desobedecido. - Tu madre está perdiendo la cabeza de tanto follar con cualquiera –soltó Satanás amenazante. - Me concebiste manteniendo tu versión de Celestial, por eso soy el más bello de tus hijos en cualquiera de mis formas. Soy la soberbia porque el pecado que te hizo caer de Los Cielos fue ese. ¿Es por ello que también deseo tener para mí una compañera exclusiva, que no esté entregando el culo a cualquiera cuando yo no estoy mirando, como lo hace madre? –la pregunta que hiciera Belial llamaría la atención de Satanás. - ¿También? ¿Qué otras cosas deseas? –preguntó el embaucador a su hijo. - No, te equivocas. Ese “también” no significa que tenga más deseos, sino que, al igual que tú, yo también quiero a alguien que sea solo para mí; que no sea una mujerzuela pecadora incapaz de mantenerse exclusiva para mí por amor –lo dicho por Belial hizo que Satanás recordara sus días en Los Cielos, al lado de aquella que existía para ser su compañera, siendo feliz al gozar eternamente de la luz del Dios Supremo a su lado. - Eso pasó hace mucho, y lo cambié por todo esto –dijo Satanás mientras abría los brazos, señalando lo vasto de su enorme dominio. - Pero no olvidas lo que sentías al estar a su lado, siendo ella solo para ti y tú solo para ella. Es por ello que buscaste las piedras de luna. Sabes que con ellas puedes llegar a Los Cielos. Quieres ir por ella –lo dicho por Belial hizo sonreír a Satanás al darle gusto de que su hijo, la soberbia, era todo lo inteligente que él siempre fue, siendo el más parecido a él. - Está bien, Belial, hablaré sin mentiras ni encubrimientos. Que tu madre sea una puta que me falta el respeto hasta con mi propio hijo, tu hermano, me hizo sentir muy herido, y fue ahí que recordé lo que tuve antes de dejar Los Cielos. Sin embargo, tampoco quiero perder mis dominios. Aquí soy un dios, y me merezco serlo, por lo que no me arrepiento de la rebelión que lideré y que se me haya expulsado de Los Cielos. No obstante, ella, la que existe para mí, me hace mucha falta, y quiero recuperarla. El ir a Los Cielos solo tiene el propósito de secuestrar a mi compañera eterna para traerla al Inframundo y que sea ella, no tu madre, la señora de todo esto. Que un querubín haya estado en mis dominios, me anima a intentarlo, ya que hay posibilidades de que pueda mantener su pureza en este plano corrompido mientras la pongo a salvo. El palacio que tú y tus hermanos construirán será la morada de mi amada, la cual mantendré en perfecta pureza para ella con el domo de magia élfica que he levantado y encierra esa zona del Inframundo. - ¿Eso es lo que te ha mantenido ocupado todo este tiempo? ¿Por eso dejaste bajo mi mando y el de mis hermanos el comandar las batallas contras los sobrenaturales? –preguntó Belial sin mostrar alguna emoción. - Sí. Mantenerlos ocupados yendo contra los vampiros que han dejado el pacto que alzaron conmigo y el resto de sobrenaturales que los apoyan sirvió de mucho a mi propósito. Toda la esencia élfica que he podido acumular desde la llegada de Las Potestades a La Tierra me ha servido para hacer un pequeño paraíso en el Inframundo, lugar donde vivirá mi amada –respondió Satanás con una enorme sonrisa de satisfacción al recordar a aquella que era su predestinada. - Pero la esencia pecadora de mis hermanos y la mía mancharán ese paraíso –refutó Belial. - No. La magia es tan fuerte que su esencia demoniaca será controlada, por lo que, mientras estén ahí, se comportarán como seres inmaculados, y ese también será su castigo –Satanás sonrió a su hijo con burla, pero después de unos segundos, el semblante del embaucador cambió a uno lleno de complicidad-. Si eres bueno y haces que tus hermanos no pierdan tiempo al construir el nuevo palacio, tras lograr que mi predestinada esté a mi lado en el Inframundo, te permitiré que busques a la que nació para ti entre los humanos y sobrenaturales –lo dicho por Satanás confundió a su hijo híbrido-. Te engendré siendo Celestial, así que, en verdad, no eres un demonio, por eso luces tan bello hasta cuando dejas tu forma humana, por lo que alguien debe haber nacido o nacerá para ti. Si me ayudas a conseguir mi propósito, yo te ayudaré a encontrar a tu compañera eterna. Lo ofrecido por Satanás entusiasmó a Belial, pero este no se lo haría notar a su padre, ya que lo conocía muy bien, y sabía que lo que acababa de decir podía ser simplemente una artimaña para conseguir su apoyo, y luego no cumplir lo pactado al traicionarlo. - Te ayudaré simplemente para que te des cuenta que, de todos tus hijos, el que más se parece a ti y merece tu aprobación, soy yo –dijo Belial, y extendió el brazo hacia su padre, quien no dudó en apretar el antebrazo del hijo con su mano, como hacían en la Antigua Roma para cerrar un pacto entre amigos o aliados.
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