Tengo una entrevista
En una de las ciudades más importantes e icónicas; la lluvia era algo habitual, las calles parecían pequeños riachuelos, los automóviles luchaban por salir del tráfico, el sol había decidido no mostrar clemencia, dejando como evidencia enormes nubes negras que cubrían el cielo, la ciudad estaba cubierta en una sombría y errante lluvia, que, a no ser por qué la gente de aquel lugar estaba más que acostumbrada a vivir con agua cayendo sobre sus cabezas la mayor parte del año, podrían pensar que se encontraban en un nuevo diluvio.
Parecía que el tiempo transcurría de prisa, la poca luz hacía creer a cualquier despistado que estaría a punto de terminar la tarde para darle paso a la penumbra de la noche, sin embargo eran las 8:15 de la mañana de un viernes, del mes de julio.
Un hombre con el nombre de Bastián Scott, corría por la calles de la ciudad tratando de llegar impecable a su entrevista de trabajo, sobre su cabeza llevaba una revista, para evitar que el agua arruinara su cabello, Bastián corría con mucha energía abriéndose paso entre la jungla citadina, llevaba quince minutos de retraso, y tardaría aún cinco minutos más para llegar al edificio más alto en la ciudad.
—¡A un lado!.. ¡Por favor!.. ¡Abran paso!.. ¡Disculpen aún lado!.. ¡Necesito espacio!.. —eran las palabras de Bastián, al tratar de abrirse camino.
Bastián estaba abrumado, no podía creer que justo el día de la entrevista, que él consideraba la más importante de su vida, la que podría iniciar su carrera en el periodismo, fuera precisamente en el peor día de su vida.
…
Ese mismo día pero un par de horas antes, el despertador se había averiado, la pila en su celular estaba agotada y por si fuera poco la luz del sol no había entrado en su ventana, haciendo que esté no se despertara a tiempo. Cuando Bastián intentó ducharse, tuvo que hacerlo con agua helada, pues su “roomie” había olvidado pagar el servicio de gas. Un pedazo de pizza con pepperoni rancio había sido su desayuno y cuando él creía que las cosas no podían salir peor, la lluvia en la ciudad, comenzaba a caer sin clemencia.
…
Al cruzar la esquina Bastián podía visualizar el enorme edificio donde se encontraban las oficinas de la revista “Style”, Bastián suspiró tratando de llenar sus pulmones, para encontrar la cordura, después de haber atravesado media ciudad, con la ayuda de su piernas. Justo cuando estaba por entrar al edificio, un taxi que había logrado avanzar a mayor velocidad, lanzaba sobre su cuerpo agua encharcada, firmando así, el peor día de su vida.
—No, no, no ¿Por qué a mí? —se cuestionó gritando, mientras varios de los transeúntes lo miraban con incomodidad.
—¿Qué ocurre con ustedes? ¿Acaso nunca nadie los ha bañado? —cuestionaba indignado preguntando a nadie en específico, tratando de secar sus ropas con sus manos.
—Y ahora… ¿Qué debo hacer? ¿Entro y finjo que no pasa nada? No… lo mejor será solicitar una nueva entrevista, no, si hago eso es probable que no me den otra oportunidad… ¡¿Qué hago?! —pensaba tratando de llegar a una solución que fuera adecuada.
Después de algunos minutos Bastian decidió cumplir con la cita, tal cual la había programado, arrancó algunas hojas de la revista internado, secar sus ropas mientras subía en el elevador al piso treinta. Bastián observaba en el espejo del elevador, los daños causados por la lluvia y el taxista sobre su apariencia.
Su cabello castaño y ondulado, estaba tan húmedo que parecía una bola de espaguetis escurriendo, sobre un bowl. Bastián vestía un traje azul marino y una camisa azul a cuadros que desencajaba por completo, pero Bastian había decidido usar el mismo traje que había utilizado para su graduación, dos meses atrás, zapatos de color n***o, y medias del mismo color del traje completaban el desafortunado atuendo de Bastian. Pero sus bellos ojos de color miel, eran grandes como los de un búho y su labios tenían un peculiar color rojizo, que contrastaban perfectamente con su piel blanca, su nariz afilada y su mejillas talladas sobre sus mandíbulas cuadradas y una barba tupida un tanto desarreglada lo hacían lucir sumamente atractivo, sin embargo, Bastian escondía toda esa belleza debajo de unos lentes cuadrados de pasta de color n***o. Unas gafas enormes, que en ese momento trataba de limpiar mientras miraba su bello rostro sobre el espejo.
Con tan solo 23 años de edad Bastian buscaba cumplir su sueño de ser un importante escritor pero sabía que si quería cumplir sus sueños, primero tenía que pagar el alquiler de su departamento.
La revista “Style” buscaba un candidato para el área de asistente de editor, dónde Emiliano Campbell, hombre con tan solo 34 años de edad era el Director creativo y Editor en jefe, de la revista a nivel Internacional.
La puerta de el ascensor se abrió de par en par, Bastian salió en el piso treinta, y de inmediato observó el logo de la revista de moda más importante de aquella ciudad “Style” los nervios lo invadieron por completo al ver qué por fin después de tantas desventuras, estaba frente a las oficinas de la revista más importante de la moda en aquella ciudad”
Las oficinas de la revista no eran como ninguna que Bastian hubiera visitado, llevaba varias semanas buscando una oportunidad para trabajar y no había tenido suerte, sin embargo a pesar de todo Bastian no se daba por vencido, quería conseguir trabajo a como diera lugar.
Después de muchas entrevistas sabía que no podía desaprovechar ese momento, sabía que era probablemente su última oportunidad.
La oficina era un caos, teléfonos sonaban, murmullos sobre los cubículos al fondo, una sala de estar en la recepción de color azul, acompañada de una recepción de cristal templado, y enormes ventanales rodeando casi por completo el lugar.
Un par de hombres apuestos y una mujer hermosa esperaban sobre la sala.
—Disculpe señorita, soy Bastián Scott y tengo una entrevista de trabajo —indicó levantando la mano, sin que la mujer en recepción tomará con alegría su presencia al ver que Bastian estaba empapado y escurriendo agua sobre el piso blanco con detalles dorados.
—Siéntate allá, tu turno ya pasó tendrás que esperar al final —sentenció con desagrado.
—Gracias señorita, yo esperaré —replicó expresando la peor sonrisa, que su boca le permitió.
Los hombres y la mujer en la sala de estar eran su competencia y tenían una ventaja sobre Bastián, no parecían vagabundos.