La ojiverde se acercó hasta la puerta de la cocina de la casa de los Cabello, Keily sentía las manos frías por el clima, por suerte Dafne abrió en cuanto la escuchó acercarse ya que estaba atenta a que llegara.
— Estoy hecha hielo —comentó la menor al entrar y colocando sus palmas sobre las de Dafne para que está sintiese su temperatura.
— Tranquila, ya te calentarás aquí —indicó la castaña con un doble sentido que la más joven no captó.
Las chicas se fueron a la habitación de Dafne siendo iluminadas únicamente por el brillo tenue del móvil de la mayor. De cualquier forma la castaña conocía bien su casa como para no golpearse, pero la luz le servía a Keily.
La mayor aseguró la puerta, la ventana ya estaba cerrada y la habitación solo se alumbraba con lo más bajo de una lámpara de escritorio.
Dafne le explicó a Keily que era tiempo de aprender a usar tacones, entre lo que habló mencionó cosas como que debía mantener una postura derecha y que eso la ayudaría.
Sin embargo cuando sacó los zapatos y se los colocó, luego del primer pasó retomó los pretextos, el mismo que se le había ocurrido cuando fue ella a la recamara de Keily y descubrió que sería aún más fácil deshacerse de la idea de enseñarle a caminar con tacones ya que la ojiverde no tenía ningún par.
— No, imposible hacer esto. Mis padres pueden despertarse por el ruido —indicó la mayor guardandolos de nueva cuenta.
Keily reprimió una sonrisa.
— ¿Entonces seguiremos con…
— Con las prácticas —indicó sentándose en el regazo de la menor.
Inmediatamente juntaron sus labios, Dafne pasó uno de sus brazos al cuello de Keily y con la otra mano le sujetaba el rostro.
El beso comenzó fuerte no como la vez pasada, es que ambas ya esperaban el momento de volver a besarse.
La mayor mordió con rudeza el lábio inferior de Keily haciéndola quejarse aunque el dolor fue remplazado rápidamente por excitación ya que Dafne lamio y luego descendió hasta el cuello de la más joven con pequeños besos húmedos.
La ojiverde se estremeció cuando su vecina llegó a la parte de atrás de su oreja y soltó un gemido bajo.
Mientras Dafne besaba su cuello y mandíbula, la menor llevó sus manos a la cintura de esta y comenzó a acariciarla metiendo sus manos debajo de la blusa de pijama.
La castaña sonrió sobre la piel pálida de su vecina, dejó un par de besos más y se separó viéndola directamente a los ojos, notó la lujuria que había en la menor, estaba pervirtiendo a su vecina, qué más daba, valía la pena.
— Acuéstate sobre tu espalda —le susurró Dafne poniéndose de pie para dejarla acomodarse.
Keily lo hizo sin cuestionar nada.
La más grande tomó el borde de la playera de la ojiverde y la levantó por arriba del ombligo para luego subirse a horcajadas en ella.
La menor sintió las manos de Dafne apoyarse sobre su abdomen desnudo y su pelvis sobre si vientre bajo.
La respiración de la mayor se mezcló con la de Keily cuando se acercó de forma torturosamente lenta a su rostro para besara castamente.
— Te voy a enseñar algo muy importante —dijo la castaña y siguió besándola.
— ¿Q…qué es lo que vas a enseñarme? —no podía imaginarse algo mejor que el hecho de que le estuviera enseñando a besar de esa manera.
— A tocar los lugares indicados —respondió la mayor.
La menor se equivocó, las cosas si podían mejorar. Sobre todo cuando Dafne tomó las manos de Keily y las guió hasta su trasero sin separarse del beso, la ojiverde, al sentir lo que su vecina hizo, no dudó en apretarlo.
Dafne gimió en respuesta y metió su lengua a la boca de Keily encontrándose así con la cálida lengua de la otra que empezó rapidamente a jugar con la suya.
Trataban de reprimir cualquier ruido que quisiera escaparse usando la boca de la otra para amortiguarlos, sin embargo era especialmente difícil para Keily porque era la primera vez que se encontraba en una situación así y su cuerpo estaba respondiendo ante el momento, ante su ardiente vecina sobre ella.
El hecho de que la ojiverde fuera una adolescente en plenitud con las hormonas a tope no ayudaba a que se mantuviera callada, mucho menos si seguía amasando el trasero de Dafne mientras esta frotaba su cuerpo contra el suyo al besarse.
La castaña subió las manos a los pechos de Keily para apretarlo y en ese momento la ojiverde gimió sonoramente.
Dafne tuvo que separarse al instante, apoyando sus manos a cada lado de la cabeza de su vecina, y esta también la soltó un poco apenada por gemir de tal manera. Luego ambas se quedaron en silencio e inmóviles por un instante hasta percatarse de que nadie en la casa las hubiese escuchado.
— Lo lamento —dijo Keily en un susurro.
— No te preocupes, Lo, yo soy quien lamenta que no estemos en otro sitio. Creo que nadie oyó nada —respondió la mayor con el mismo volumen de voz acercándose una vez más al rostro de la otra.
— También yo lo creo —mencionó recibiendo los labios de Dafne.
Solo se dieron un pequeño pico que sólo dejó a Keily con la sensación de querer más, se relamió los labios rogando mentalmente que Dafne volviese a besarla y se estremeció al sentir la respiración de la castaña sobre su boca.
— Creo que la sesión acaba por hoy —dijo Dafne acariciando, apenas un poco, los labios de la ojiverde al hablar.
El oír decir a Dafne que habían terminado por esa noche hizo que Keily se quejara através de un gemido apenas audible.
Dafne quiso sonreír pero no lo hizo, le agradó saber que la menor quería continuar y también hizo que su cuerpo sintiera una leve corriente eléctrica al oírla.
La mayor estaba a punto de decirle que mejor continuaban para luego darle un nuevo beso pero en eso sintió las manos de Keily sujetarla de su espalda baja para atraerla nuevamente con ella dejando caricias en la zona con los pulgares.
— Creo que no he aprendido lo suficiente esta noche —dijo haciendo un puchero.
Dafne sonrió inevitablemente. La ojiverde por fin estaba tomando iniciativa en algo aunque fuera por medio de una indirecta.
Se mordió el labio inferior y luego beso rápidamente el puchero de la menor que más que provocarle ternura le provocó excitación ¿eso era algo enfermo? ¿Ver algo que se supone debe ser adorable y te resulte caliente está mal? Porque sentía como si estuviera a punto de hacerselo a Kitty-Chan con un dildo rosa pastel.
— Entonces sigamos un poco más —señaló ignorando el sentirse pedófila, solo eran tres años de diferencia. No eran nada realmente.
Un par de minutos más tarde, ambas se pusieron alertas un tanto asustadas cuando vieron la luz del pasillo encendida.
Dafne se quitó de encima y se acostó junto a Keily para luego cubrir a ambas completamente con las mantas.
La luz se mantuvo por un par de minutos que parecieron una eternidad y fue hasta que todo volvió a quedar en silencio y penumbras y que dejaron pasar un rato para que la situación se calmara completamente que Dafne se volteó hacia Keily.
—Ya es tarde, debes volver a casa —mencionó acariciando la mejilla rosa de la más joven.
El reloj no mentía, ya era casi la una de la mañana. La temperatura del cuerpo de las dos ya había descendido así que ninguna tuvo problema en separarse de la otra al menos por esa noche.
Keily volvió a su propia recamara con una sonrisa que delataba todo lo que le había gustado estar con su vecina, solo dormiría un poco más de tres horas puesto que tenía que madrugar para ir a la escuela temprano, pero sin duda valía la pena.