Sarah despertó con un terrible dolor de cabeza, quizá eso era una mala señal, seguramente el día de todos sería un martirio.
La mujer preparó el desayuno, sintió que le quedó un poco insípido pero ya no le importó, lo único que quería era aliviar el dolor.
Tomó un par de pastillas y luego avisó a su familia que el desayuno estaba servido.
¿A qué se debía el dolor? Podía ser por muchas cosas, el ser madre es una ardua tarea sobre todo cuando tu hija mayor y tú tuvieron una discusión recientemente.
Algunas ocasiones crees que estás enseñando lo mejor porque así te lo enseñaron a ti y es frustrarte cuando alguien no acepta tus ideas o no quiere acatar tu mismo comportamiento, es más frustrarte si ese alguien es tu hija.
Vio a su familia empezar a llegar a la mesa, Noah le dio un casto beso cuando bajó, eso la hizo sonreír ligeramente a pesar de la molestia y el dolor.
Sus hijos más jóvenes aparecieron tras su padre, la única que faltaba era Keily.
Volvió a llamarla un par de veces más mientras los otros tres miembros de su familia comenzaban. No hubo respuesta por parte de la adolescente.
Sarah arrugó ligeramente el entrecejo y se llevó una mano a la frente al sentir ahí una punzada luego de ser ignorada por Keily, mi siquiera respondía algo.
Subió a regañadientes y tocó la puerta de la habitación, al no ser atendida abrió y en el momento sintió como si su cráneo se agrietara, no fue una Exageración, era un gran enojo.
— ¡Keily! —gritó con ganas.
La chica se despertó de golpe.
— ¿Qué? —respondió la menor aún media dormida y con el corazón acelerado del susto.
— ¿Qué te crees para seguir durmiendo a esta hora? Ya deberías estar lista tomando tu desayuno para largarte a la escuela pero no, la señorita sigue soñando como el angelito que es —exclamó.
Keily vio inmediatamente la hora, quizá se le olvidó ajustar su despertador pero la alarma del teléfono había soñado y ella ni enterada, se había desvelado más de lo que acostumbraba.
— Lo siento —dijo incorporándose rápidamente para meterse a la ducha.
— Eres el colmo, Keily. Parece que estos últimos días solo vives para hacerme enojar —comentó quizá sin realmente ser sincera peor para Keily eso fue hiriente, para cualquiera lo hubiese sido viniendo de su madre.
La chica decidió ignorar lo dicho por Sarah y siguió con lo suyo, después de todo no quería discutir o hacer más grande la situación.
Cuando finalmente la ojiverde estuvo lista No siquiera probó bocado antes de salir, eso también molestó a su mamá.
Al llegar a la escuela y con el pasar del tiempo sentía como cada vez su apetito se abría más, la hora del descanso fue como la llegada de la gloria, sobre todo cuando vio que Dafne estaba sentada en una banca cercana a su casillero.
— Oye, maestra tops —exclamó hacia Dafne mientras abría su locker.
— Hola alumna estrella.
— ¿Qué haces aquí?
— ¿Qué más puedo hacer boba? Vine a supervisar. Creo que todo está en orden.
Keily sonrió dejando algunos libros antes de cerrar el casillero y acercarse a la castaña.
— Oye necesito desayunar algo ¿me acompañas?
— Seguro pero… ¿Qué tal si vamos a otro Sitio a comer? —propuso la mayor.
— Este… suena bien.
— Pero si vamos ya no regresamos, es un poco lejos.
— ¿Y no podemos ir a un lugar más cercano.
— No.
—Aún me faltan varias clases.
— Igual a mí pero por un día no vamos a afectarnos —dijo con una sonrisa radiante ante la que Keily no se pudo negar.
Salieron del edificio juntas, charlaban y un par de calles después Dafne decidió tomar la mano de Keily.
Tomó por sorpresa a la ojiverde pero fingió que no fue así, solamente correspondió al gesto de su vecina, era quizá una cosa insignificante que las parejas cursis hacían pero se sentía bien entrelazar sus dedos con los de la castaña.
Keily en ese momento vio que todo a su alrededor desaparecía y que sólo importaba la chica junto a ella sonriendo y hablando de trivialidades.
La presión de su madre, las clases pendientes, las personas que hablaban, el cielo nublado, el motivo por el cual estrechó su relación con Dafne, todo se reducía a nada en el momento el que la castaña se acercaba a ella.
Quizá si fuera otra la situación, Keily se atrevería a decirle a la mayor lo que estaba comenzando a sentir, quizá sí le gustaba ella y no sólo lo que hacía con ella, pero seguramente quedaría en ridículo confesando algo que no tenía sentido porque Dafne solo actuaba de esa manera, la besaba y la tocaba, por un proyecto que estaban llevando a cabo Juntas.
Solamente le quedaba a la ojiverde disfrutar de lo que estaba ocurriendo, disfrutar de cada acción o mínima palabra que Dafne le obsequiara hasta el día en que esas sesiones de prácticas y supuestas clases terminaran.
Eso era lo que hacía Keily en ese preciso instante, disfrutar y perderse un poco en los ojos oscuros de Dafne.
La castaña era la clase de chica que sonreía y hacia florecer un campo en otoño, le gustaba la lluvia y leer autores demasiado cliché, tomaba café y no salía de casa sin arreglarse al menos un poco, era distinta a la ojiverde en varios aspectos pero a la menor le gustaba aquello en lo que diferían porque era interesante conocer cosas nuevas y si esas cosas nuevas venía de Dafne aún mejor.
Keily jamás creyó que su vecina fuera tan especial…
… Y si el fin del mundo llegaba En ese momento ni siquiera se daría cuenta de ello.