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922 Palabras
Las nubes cubrían el cielo haciendo que el sol de medio día no alumbrara con toda su fuerza, era un día opaco, todo lo contrario, a lo que Keily sentía en sí interior.       Según Dafne era un día maravilloso, Keily sentía que los días soleados eran mejores, pero no contradijo a la castaña, además estaba con ella, de cierta manera sí era un día maravilloso.       Hacía un par de días la mayor se había saltado sus últimas clases por ir a comer con Dafne, la mayor dijo que por una vez no habría problema tener faltas, pero esa salida se repitió, justo en ese momento estaban haciendo lo mismo.       No habían podido verse para sus prácticas porque Sarah había pasado en vela las últimas dos noches debido a la migraña que tenía así que no perdieron la o por de salir en cuanto vieron oportunidad, de cualquier manera, las únicas clases que le faltaban a Keily eran dos de historia, podría ponerse al corriente más tarde y a Dafne… bueno Dafne no tenía problema en ponerse al corriente incluso en la clase más pesada.       Ese día decidieron ir a un centro comercial, simplemente comerían chatarra y andarían por ahí como dos estúpidas que no podían reconocer frente a la otra el hecho de querer que su relación ya no se limitara únicamente a seguir con el juego de te enseño a besar y a tocarme mientras lo que sentimos sigue creciendo.       La mayor se sentó en una mesa comiendo un helado y la otra lo hizo a su lado.       —      ¿Quieres acompañarme a un sitio hoy por la noche? —cuestionó la castaña luego de acomodarse.       —      ¿A dónde? —cuestionó la menor.         —Es una fiesta.       Keily hizo una mueca, odiaba todo eso.       —Este…       —      Di que sí, será parte de la práctica de socializar y tu porte tops, así veré que tanto logras hacer que a las mujeres se les pare lo que no tienen —dijo para convencerla, lo que en realidad quería era estar con ella por la noche ya que si Sarah seguía con su insomnio serían otros dos días sin ir a verla.       —      Dudo que me den permiso, mi madre sigue con su dolor de cabeza y creo que yo soy la responsable.       —      No pierdes nada con intentarlo, además me has dicho que estos días te has portado como un angelito con ella.       Keily soltó un suspiro y asintió.       —      Está bien, te avisaré más tarde.       —Genial. Es a las diez, si tu mamá te pregunta dile que es el cumpleaños de Aura.       —      ¿Quién es Aura?       —      No importa, solo dile así, di que es una de tus amigas y que es una santa.       Al volver a casa vio a su mamá en la sala con las piernas flexionadas sobre el sofá y leyendo una revista. Sonrió al verla mejor, sin duda lo estaba puesto que la casa se miraba más ordenada y estaba con las ventanas abiertas.       —Hola, ma —dijo entrando y sentándose junto a ella.       Sarah cerró la revista y le sonrió a su hija al verla junto a ella.       —      Hola, cariño —respondió besando una de las mejillas de Keily —, cada día te veo más linda.       —      Quizá porque soy tu hija.       —No, hay algo en ti, te veo más alegre y animada. Así me gustaría verte siempre, no enojada o discutiendo conmigo.       Ok, muchas veces no era ella la que comenzaba los problemas con su madre, pero no diría nada, simplemente sonrió porque necesitaba salir por la noche.       —      Gracias, creo. Tú también luces mejor.       —Me siento mejor, creo que ya acabó mi pequeño martirio de migrañas.       —Me da gusto. Ya me había aburrido del montón de pizzas congeladas que compró papá.       Sarah comenzó a reír ante la ocurrencia de su hija.       —      A todos ustedes solo les importa la comida, lo mismo me dijo Larry.       —      Se supone que el amor entra por el estómago ¿no?     —      Keily —se quejó Sarah.       —      Ya, no es cierto. Te queremos ma, pero obviamente también extrañamos tu comida.           Claro le dio un abrazo y la mantuvo ahí mientras le preguntaba por su día y charlaban sobre cómo les había ido a ambas, sobre que su hermano estaba jugando fútbol con los vecinos afuera y que Tefy había ido a casa de una de sus compañeras.       —      Por cierto, mami —habló Keily y Sarah supuso que pediría algo por como la llamó.       —      ¿Qué sucede?           Keily se incorporó para ver a su madre a la cara.       —      ¿Puedo ir a un lugar hoy en la noche?       Sarah abrió los ojos sorprendida, tenía quince años y nunca había pedido un permiso así, ni siquiera le gustaba ir a las fieras infantiles de pequeña.       —      ¿Una cita o algo por el estilo?       —      No, es el cumpleaños de Aura. Es una amiga de la escuela.           —      Pues le diré a tu papá que te vaya a dejar y…       —No, yo quiero ir con mis amigas, ellas pasarán por mí y también vendrán A dejarme.       —      ¿Te avergüenzas de nosotros señorita? —cuestionó más bien en broma.       —No, ma, solo que será raro que…       —      Tranquila, comprendo, también tuve tu edad.       —      ¿Entonces es un sí?       —Sí, hija, solo espera la hora de la cena para que tu papá y yo te digamos a qué hora te queremos de vuelta.       —De acuerdo—dijo con una gran sonrisa antes de tomar sus cosas e ir a su habitación.       «Mi mamá dijo que sí B)» le envió Keily a su vecina en cuanto cerró la puerta de su alcoba tras ella.
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