Keily terminaba de arreglarse tal como Dafne le había enseñado, aún no dominaba lo de los tacones y al no tener simplemente no usó.
Al llegar las diez de la noche su celular comenzó a sonar.
«Le dije a una de mis amigas que pasara por ti, diles que es tu amiga, se llama Danna, procura que tus papás la traten lindo y que no la interroguen porque tiene una lengua muy larga. Te veo en un rato» dijo Dafne en el mensaje que mandó.
Keily acató lo dicho, no quería que se enteraran que iría con Dafne porque Sarah parecía quererse morir desde que la relación de la castaña con su hija se hizo más cercana, estaba bien que fuera su vecina y que cruzaran palabras pero el salir juntas y que se dedicarán tiempo la una a la otra era algo que puso en alerta a Sarah, aunque la homosexualidad no es una enfermedad, la mujer sentía que el pecado se contagiaba y se la pasaba pregonándolo.
La ojiverde bajó al escuchar el timbre y se detuvo al pie de la escalera cuando encontró a su madre abriendo la puerta para recibir a una chica alta de cabello largo y rubio, era muy guapa, incluso parecía una modelo por su porte y forma de vestir. Ella debía ser Danna.
La chica acomodó su cabello y saludó a la mujer frente a ella quien, al igual que Keily, estaba un poco sorprendida de ver a Danna.
Sarah la veía de arriba abajo obviamente no por los mismos motivos que Keily, quien no pudo evitar pensar en Dafne y sentir celos al imaginar que Danna y la castaña pudieran tener algo más que amistad. Por su parte, Sarah la veía con ojos de esta chica no parece de la edad de mi hija, ni siquiera parece una estudiante de preparatoria ¿Es ella su amiga con la que irá o me estoy confundiendo? Y si no estoy confundida ¿a que clase de lugar le di permiso de ir?
- Buenas noches -contestó finalmente Sarah tratando de disimular.
- ¿Se encuentra Keily? He venido por ella -dijo con amabilidad.
- Claro ¿tú eres su compañera o algo? -preguntó para saber a ciencia cierta con quién se iría su hija.
Entonces la ojiverde reaccionó y se acercó rápidamente a la más alta, Danna vio que efectivamente se trataba de Keily por el montón de fotos que Dafne le había mostrado de ella y entonces sonrió de forma amplia al finalmente conocerla en persona, no solo a través de una pantalla.
- Hola, Danna -exclamó la menor tratando de sonar como si la conociera de toda la vida.
- Keily, que gusto ¿nos vamos?
- Seguro, Danna.
La ojiverde se acercó a su madre para despedirla y cuando dejó un beso en su mejilla, Sarah la sostuvo del brazo para que no se retirara.
- ¿Quién es ella? -le preguntó al oído.
- Es una de mis amigas.
- No parece de tu edad.
- Es un poco más grande.
- Pues se ve muy mayor.
- pero no lo es.
- ¿Algún problema? -cuestionó Danna al verlas sin separarse.
- No -respondió Sarah alejando a su hija -solo le recordé que no tiene que volver tan tarde.
- No se preocupe, yo la traigo de vuelta.
- Sí, por cierto ¿Cuántos años tienes Danna? -cuestionó al no creerle a Keily quien solo puso los ojos en blanco con fastidio.
- Diecinueve -indicó sonriendo puesto que ya estaba acostumbrada a esa pregunta y a los rostros sorprendidos cuando la contestaba.
- ¿Y eres compañera de Keily?
- No, yo soy universitaria -respondió.
- Sí, mamá, pero la conozco desde que ella estaba en último año y nos hicimos amigas.
- Ok, entiendo. Supongo que entonces que esa niña Aura es de tu edad también -dijo Sarah hacia Danna.
- No, claro que no -fue la respuesta dada por la más alta.
- Ah bueno -exclamó la mayor un poco aliviada, quizá Danna Aura cumpliría dieciocho o era una quinceañera.
- Aura cumplió veintitrés hace poco pero hoy volvió a la ciudad y le celebraremos su cumpleaños -añadió Danna dejando a Sarah con la boca abierta.
-¿Qué?
- ¿Está bien señora?
- Sí, Danna, es solo que creí que mi hija iría solo con un montón de chicas de exactamente su misma edad. Me dijo que eran amigas de la escuela -agregó dedicándole una mirada a Keily.
- No especifiqué cuál escuela -se excusó la ojiverde un tanto nerviosa.
- Qué más dá -exclamó entre un suspiro de resignación -, te la encargo mucho, Danna y si le ocurre algo a mi hija, conozco la matricula de tu auto -, indicó ante lo cual la más alta sonrió.
- Quédese tranquila, señora -dijo para luego irse de ahí con la ojiverde.
-Gracias, Mami -le susurró a Sarah la adolescente antes de subir al auto.
Sarah logró leer sus labios y negó con una sonrisa, después de todo esa chica Danna se veía excepcional.
Danna podía ganarse a cualquiera y fue por eso que Dafne no dudó en mandarla por Keily, tenía una sonrisa demasiado agradable y aunque era un gran riesgo su boca parlanchina también valía la pena por su habilidad para hacer que las personas confiaran en ella.
Keily en cuanto cerró la portezuela del vehículo y se acomodó, sintió unas manos taparle los ojos desde atrás y un beso en su mejilla.
La más alta vio la escena enternecida y comenzó a conducir mientras Dafne seguía dejando pequeños besos por todo el rostro de Keily.
- Daf, detente -pidió la ojiverde sonriendo.
- ¿Cómo sabes que soy Dafne?
- Conozco tus manos.
- ¿Solo por eso? -le preguntó en un susurro al oído.
- También tú voz.
- ¿Y qué más? -volvió a cuestionar rozando su oreja con su boca al hablar.
- También tus labios -respondió la menor con voz apenas audible ya que se sentía un poco tímida por el hecho de que Danna estaba ahí.
Eso era todo lo que Dafne quería escuchar así que descubrió sus ojos y le dedicó una nueva sonrisa.