Las chicas continuaban en la oscuridad pero sus ojos ya se habían adaptado a ella así que su visión era un poco más clara.
La castaña miró a Keily pasar su lengua por sus labios al estar separadas y eso solo la hizo querer volver a besarla.
¿Dónde había quedado la mocosa que le hacía caras al pasar junto a ella?
— Creo que necesitamos practicar mucho —dijo Dafne sin separar los ojos de la boca de Keily.
—¿Lo hice mal? —cuestionó la menor un poco nerviosa.
— No —respondió estrechando su mirada —, pero recuerda que tienes que hacerlo excelente y la práctica es lo que hace a la maestra, Lo.
— Entonces lo hice bien.
La mayor soltó una risilla, aún estando en esa situación Keily era adorable.
— Un poco. Pero sé que lo puedes hacer mejor —señaló con un guiño —. Acaricia mi lengua con la tuya y si puedes succiona un poco.
— Ok —asintió Keily ante Dafne esperando haber comprendido.
La castaña se volvió a inclinar hacía Keily pasando sus brazos por el cuello de esta.
La ojiverde sintió como Dafne comenzaba a mover sus labios de nueva cuenta y entonces hizo lo que le había sugerido para luego sentir como la mayor se despegaba de ella casi al instante.
— Tampoco me tragues —indicó haciendo a Keily darse un golpe mental.
La universitária reprimió una sonrisa al ver a la más joven apenada y luego acarició su mejilla como diciendo que todo estaba bien y que no había problema. Después de todo eso era una “clase” y Keily estaba aprendiendo.
Acarició ligeramente la nuca de Keily y se acercó lentamente dejando un beso en la comisura de sus labios para invitarla a que ahora fuese ella quien iniciará el beso, sin embargo Keily no lo hizo, aún no se atrevía.
Entonces la mayor tomó de uneva cuenta la iniciativa, Keily mejoró, Dafne se aferró a la menor y le acarició las mejillas en tanto se besaban.
Los sonidos que emitían sus bocas, los sonidos húmedos y chasquidos estaban llenando la habitación haciendo que Dafne comenzará a sentir calor.
Dafne mordió ligeramente el labio inferior de la ojiverde haciéndola soltar un ligero gemido, luego pasó su lengua por el lugar y se separó sin alejarse mucho del rostro de la otra.
—Lo hiciste mejor, Lo —susurro.
— Tengo a una buena maestra —respondió y su aliento chocó contra los labios de Dafne.
Keily sentía que su v****a estaba palpitando un poco sin embargo no podía hacer nada ya que Dafne podría sentirse incómoda y dejar todo ese proyecto de lado, aunque lo que la ojiverde no sabía era que su vecina se estaba sintiendo igual.
Dafne se sentía como una estúpida chiquilla de secundaria, como la primera vez que estuvo con alguien, pero es que el ambiente a su alrededor, el miedo de que los padres de Keily o sus propios padres se dieran cuenta de lo que ellas estaban haciendo y el hecho de que le estaba corrompiendo la inocencia a su vecina que conocía desde pequeña era muy exitante.
Aún si Keily hubiese tenido tacones para prácticar, luego de dar los primeros dos pasos Dafne hubiera puesto de pretexto que hacían mucho ruido y que alguien podría escucharlas solo para poder pasar al paso de los besos ya que había sugerido la sesión nocturna con eso en mente.
— Y tú eres una buena alumna —contestó con una sonrisa en el rostro —. Ahora intenta… —añadió y dudó un poco en decir el resto.
— ¿Qué debo intentar? —preguntó la ojiverde sintiéndose cada vez más excitada por el aliento de Dafne revolviendo se con el suyo.
— Intenta tocarme un poco mientras lo haces —dijo finalmente la más grande.
Keily pasó suavemente sus palmas sobre la espalda de la mayor y no vio llegar el momento en que Dafne se puso a horcajadas sobre su regazo.
La mayor tomó las manos de la otra y las colocó en su espalda baja, mientras la miraba fijamente a los ojos.
— Acariciame —susurró la mayor —, así lo hacía Zeus.
Keily quizá le hubiera preguntado a Dafne cómo era que aseguraba que así lo hacía el Dios mayor de los griegos, pero esa duda se esfumó de su mente tan rápido como llegó debido a lo caliente que se sentía.
Comenzó a dibujar tímidamente figuras sobre la piel de Dafne que se asomaba bajo la blusa de pijama, solo era la punta de sus dedos y eso causó que Sintiera un poco de cosquillas.
Tomó el cabello de la ojiverde y enredó sus dedos el él.
Los besos se prolongaron por minutos y más minutos, ni siquiera se fijaron en cómo había pasado el tiempo.
Las caricias de Keily tomaron un poco más de seguridad y ambas trataban de ser lo más silenciosas posible. Sobre todo cuando Dafne tuvo que ahogar un fuerte gemido presionando su boca fuertemente contra la de la ojiverde cuando esta llevó las manos a su trasero y lo apretó.
Terminaron con los labios hinchados y las respiraciones agitadas.
Luego de percatarse de la hora, Dafne decidió que era tiempo de volver a casa y descansar ya que aún tenía mucho trabajo con Keily, Una sesión así tenía que repetirse.
Al diablo los tacones, Keily quería más lecciones para practicar cosas de besos y de caricias, no aprender a dominar la técnica de ser unos centímetros más alta.