09

1466 Palabras
La voz de Sarah sacó a Keily de sus pensamientos haciéndola dar un pequeño salto en su lugar.       —     ¿Pero que ha pasado contigo? —le dijo su mamá con una sonrisa y notorio asombro.       —     Mamá me asustaste.       —     Lo noté —indicó acercándose más a su hija para luego acariciar su cabello —¿Desde cuando te hacen cortes de cabello en la biblioteca?       —     A sí, no te mentí, lo que pasa es que terminamos temprano y luego acompañé a una chica que me encontré a practicar su… sesión de tinte para sus clases.           —     Ok, no estoy molesta, solo que debes avisarme porque no me gusta pensar que estás en un sitio cuando estás en otro.       —     Sí mamá, no hay problema.           —     Ve a lavar tus manos que tu papá no tarda en llegar —señaló pasando nuevamente su palma por la cabellera de la ojiverde.       Sarah sentía más que antes que su hija estaba enamorada de algún chico, eso por el maquillaje, el cabello, e incluso porque sus uñas iban arregladas cuando Keily nunca antes se había preocupado por ello.       La más joven ya en la cena volvió a lidiar con los ojos curiosos de sus hermanos y por un interrogatorio por parte de Noah sobre si salía con alguien, la respuesta obviamente fue que no.       Pasando las diez y una vez en su cuarto, decidió checar su móvil, había mandado una fotografía a Nora cuando quedó su nuevo corte y color de cabello, quería la opinión de su amiga. Ahora tenía once mensajes de ella.       «Keily <3»       «¿De verdad eres tú?»       «asdfghjkl»       «Me vuelo lesbiana»       «Si mi heterosexualidad muere tu pagas el funeral»       «Dile a tu vecina que donde quiera le pongo su altar»       «Dejo que me des y no consejos»       «Eres mía y no te comparto»       «No inventes, hasta las maestras van a querer contigo»       «¡Hazme un hijo!»       «Mejor que sean dos 7u7»       Las respuestas de la morena le sacaron varias risillas, en ocasiones Nora podía ser bastante exagerada y su montón de mensajes luego de la imagen que le mandó no fueron la excepción.       «Los que quieras uwu» respondió justo al instante en que notó que la luz de la habitación de Dafne se encendió.       Dejó a un lado el móvil y vio a la castaña salir del baño envuelta en una toalla. Sin embargo no pasó a más puesto que Dafne abrió la puerta del armario y se cambió tras ella, era más fácil cerra la ventana pero, en su interior, a la mayor le gustaba provocar a la ojiverde.       Keily se acercó para sentarse cerca de la ventana esperando por la atención de Dafne.       La castaña una vez con la pijama puesta, que consistía en un short y una playera celeste con pequeñas ovejitas regadas por todo el conjunto, se acercó y observó a la ojiverde antes de mandarle un texto.       «Espía» le envió la mayor.       «Tú y tu mania de mantener la ventana abierta» replicó Keily.       «Descansa, tienes escuela mañana»       «Aún no tenho sueño» indicó levantando la vista hacia la otra.       «Aveces olvido que eres nocturna»       «A Nora le encantó mi cabello, dice que está enamorada de mí xd»       «Yo te vi primero e.e»       «Hahaha, gracias por este día, Dafne»       «Gracias a ti, Lo, aunque aun tenemos mucho por hacer antes de que te vuelvas tops alfa»       «Lo sé ¿Cuándo será la siguiente lección?»       «No lo sé, hoy salí temprano pero entre la universidad, tus exámenes y las tareas creo que apenas tendremos tiempo» escribió recordando que la menos entraría en exámenes la próxima semana y no quería afectarla.       «¿Qué tal el fin de semana?» sugirió la ojiverde.       «¿Qué tal ahora?»       «¿Ahora?»       «Sí, justo en este instante estamos perdiendo valioso tiempo. Aprovechemos hasta que nos dé sueño» indicó la castaña.       «Pero ya no me dejarán salir»       «Ni a mi pero eso no es problema»       «¿No?»       «¿Tus padres ya están durmiendo?»       «Sí, por lo menos ya están en su habitación» respondió de inmediato la ojiverde.       «Entonces espérame en la puerta de la cocina, que nadie te oiga»       Keily leyó el último mensaje para luego alzar la vista hacia donde estaba Dafne, ya no la vio así que, sin pensarlo dos veces,  hizo lo que el mensaje dictaba. A pasos pequeños y viendo hacia ambos lados del pasillo antes de siquiera hacer un movimiento más, Keily salió de su habitación. Bajó las escaleras y se internó en la cocina, miró ligeramente por la rendija, no había nadie aún.       Fue cuestión de esperar un par de minutos para que a su móvil entrará un mensaje de la castaña diciendo que ya estaba ahí.       Keily hizo pasar a su vecina, procuraron ser silenciosas y caminaron con cuidado puesto que Dafne no conocía del todo la casa y era una pequeña gran travesía cruzarla en la oscuridad.       La menor cerró bien la puerta tras de sí una vez que estuvieron en su recamara para luego voltear hacia Dafne quien estaba quitándose el gran suéter que se puso para salir.       —Ya estamos en zona segura —mencionó Keily hablando bajo.       —     Espero nadie se de cuenta en mi casa de que me escabullí. Bueno nunca lo han hecho y espero hoy no sea la excepción.       La más joven le ofreció una pequeña sonrisa que apenas logró distinguirse entre la habitación que estaba apenas iluminada por la tenue luz que desde afuera se filtraba por la ventana.       La ojiverde se sentó sobre la cama y Dafne repitió la acción.       —¿Qué es lo siguiente? —cuestionó Keily.       —Los tacones, chiquilla que no tomó notas.       —     Bueno ¿para qué tomar notas si tú las tienes?       —     No es el punto pero da igual, pasemos a la práctica ¿dónde tienes tus zapatos?           —En el armario pero…       —     ¿Pero qué?       —No tengo tacones.       —¿Es una broma?       —No, nunca he usado.       —Pero por más las chicas tienen por lo menos un par que les obsequia su mamá o Alguna de sus tías.       —     Yo no, mi mamá compró unos para mi hace un año para una boda pero los hice perdedizos y luego me hice la enferma para no ir.       —     ¿Por qué?       —Porque me cansarían.       —     Y… ¿Por qué no querías ir a la boda?       —Porque estaría toda mi familia, son raros.       —     No, tú eres la rara —respondió soltando una risilla —. También trabajaremos en tu forma de socializar pero eso será después.       —     Entonces… ¿me prestarás zapatos?       —     Sí, pero dejaremos ese punto para después, no volveré a cruzar el patio.       —     Ok ¿Qué es lo que sigue?         Dafne reprimió una sonrisa antes de ponerse de pie y cerrar bien las cortinas bajo la atenta mirada de Keily, desbloqueó su móvil para alumbrarse un poco y volvió a sentarse junto a la menor.       —     Sigue besar como Dios griego —respondió la castaña.       —Este…       —     ¿Qué sucede?       —¿Cómo valorarás eso? —preguntó un poco nerviosa.       —Primero con una pregunta ¿Haz besado a alguien?       —     Sí, pero nunca le he preguntado a nadie qué tal lo hago.       —     Que bien, si les preguntabas seguramente te mirarían raro.           Keily rió más por nervios que por gracia.       —Pero creo que ni lo hago tan mal, sino se hubieran alejado de mí ¿o no?       —Bueno punto, aun así debemos comprobarlo.       —     ¿Vas a buscar a esas personas para preguntarles qué tal estuvo?       —No, creo que será más fácil si me lo muestras ahora —respondió la mayor.       La ojiverde asintió ligeramente y vio a Dafne apagando el celular para volver a quedar a oscuras.       Sintió como el rostro de la castaña se acercaba al suyo y en pocos segundos sus labios estaban juntos presionando suavemente unos contra otros.       Dafne comenzó a mover los labios sobre los de Keily y esta la siguió tratando de hacerlo lo mejor posible. Era caliente pensar que estaban haciendo eso sobre su cama aunque sabía que no pasaría a más, era solo una “Evaluación” que Dafne le estaba haciendo.       Después de un momento, la lengua de la mayor acarició ligeramente el labio inferior de la ojiverde y poco a poco se adentro en su boca, Keily sintió el calor de esta introducirse y eso la estaba excitando.       Dafne acarició la lengua de Keily con la suya para luego tomar ritmo y seguir haciéndolo de forma lenta. La castaña también se estaba excitando con la situación y no desaprovechó la oportunidad de profundizar el beso.       Un ligero gemido se escapó de la garganta de Keily cuando sintió que su vecina mordió ligeramente su labio para su ego seguir besándola esta vez con más fuerza y necesidad hasta que necesitaron respirar.       Se separaron y Dafne relamio sus labios. Keily, por su parte no podía creer que su vecina la hubiera besado de tal manera, al principio creyó que quizá sólo sería un corto beso que no duraría ni para recordarlo sin embargo fue todo lo contrario.       Todo era parte de su pequeño proyecto pero ahora le encantaba el sabor de los labios de la mayor y esperaba que esa sesión fuera tan larga como la sesión en la que se aprendió a delinear los ojos. Después de todo esta sí la estaba disfrutando y apenas comenzaba.
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