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2392 Palabras

Dafne despertó con una sonrisa, desde que Keily había dejado su recamara sentía un montón de emociones revoloteando en su estómago y ya quería volver a verla, quizá nada podría arruinar ese día. Solo quizá. Una vez lista para irse a la universidad, su padre se ofreció a llevarla, era raro cuando eso pasaba. Sólo cuando Bruno debía trabajar más temprano de lo regular. La castaña subió al coche y pasó su cinturón por el pecho antes de que su padre hiciera lo mismo. El hombre se acomodó en su lugar y suspiró antes de hablarle a su hija sin dejar de ver al frente. —No entiendes ¿Verdad? Dafne arrugó el entrecejo al no saber de qué hablaba su papá. — ¿Qué o cuál? —cuestionó. — Keily —respondió estrechando la mirada de la chica. ¿Se había dado cuenta de lo de anoche? Estaba muerta. Su

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