capítulo 26

2246 Palabras
Un sueño, un evento. Jazmín Terminamos de comer y todos estamos tranquilos, La Paz abunda este hogar, no podía evitar cuestionarme donde estaban los hijos de la señora Lucia y el señor Héctor. No veo ninguna foto aquí en la sala de algún joven o adulto que pudiera ser su hijo, tampoco hablan o mencionan que tienen nietos, lo cual me parece poco inusual. Normalmente los padres siempre hablan de sus hijos o nietos con mucho orgullo. Tal vez ellos son diferentes, igual no preguntaré, mantendré la discreción. Me dirijo con la señora Lucia y la ayudo a lavar sus platos y todo lo que usamos, organizamos y limpiamos la cocina. — Señoritas, que les parece si vamos a la orilla del lago y nos sentamos en unas silla de manera que están allá, será un rato agradable ver a los pagos en el agua. Dice el Señor Héctor con un sonrisa. — Me parece excelente — responde Lucia. En eso voltea Andrew — Claro que si vamos, mi amor ¿te animas?— pregunta. — Si, esta bien vamos. Nos aseguramos que todo estuviera organizado y nos fuimos todos caminando en dirección hacia el lago. —¿Cómo te fue en el trabajo amor? ¿Ayudaste mucho al señor Héctor? — pregunto tomando de la mano a Andrew. Suelta mi mano y me abraza mientras vamos llenos aproximando al lugar donde estaremos. — Si me fue muy bien con él, pude ayudarlo en varias cosechas y me enseñó a ordeñar una vaca, fue chistoso pero lo hice. ¿y a ti? , ¿cómo te fue con la señora Lucia?. Dice y me mira a los ojos, dándome un dulce beso en la frente. — Precisamente de eso queria que habláramos mi vida, tuve un sueño muy raro, de hecho, podría decir que fue ¡aterrador! — exclamó y la señora Lucia nos escucha. — Jazmín, deberías hablar de sueño con todos nosotros, aprovechemos este tiempo frente al lago para hablar juntos. Dice la señora Lucia mientras se sienta. — ¿Paso algo que no me entere? — pregunta el señor Héctor. — ¡Ya les voy a contar a todos! porque de verdad me siento algo preocupada por ese sueño. Nos acomodamos en las sillas, son cómodas. Eran las 5 de la tarde, el cielo ya se tornaba de un color rojizo que indicada el anochecer acercándose. — Bueno comienzo. — Estábamos Andrew y yo por una carretera en un auto n***o con estampado, eran llamas de fuego en las puertas. Seguimos y de repente, veo a un elfo mágico y un hada, lo cual me parece extraño porque ellos siempre están en si región, nunca tan lejos de sus zonas. Pero Andrew los reconoce y les pregunta —¿Qué hacen aquí?. —Vamos Ciudad Oscura, asesinaron a nuestra familia hace años, pero hoy es un día especial, serán ejecutados todos los jefes de clanes que han gobernado con crueldad ese lugar. Dice el hada y el elfo mágico responde — Si, estos milagros no pasan todos los días. De inmediato Andrew se ve estresado y acelera el auto para llegar a la ciudad y cuando por fin estamos en la entrada del lugar, bajamos del vehículo y con los rostros cubiertos entramos. Vemos demasiadas personas y mucho ruido y sonido de música, me encuentro impresionada y asustada al mismo tiempo. Cuando entramos hay 2 jefes de clanes, se ve que están peleando hasta la muerte. De pronto un ogro grita —El que logré sobrevivir le será perdonada la vida y desterrado de esta ciudad para nunca volver. Cuando nos fijamos bien en quienes están en las arenas de la lucha, son el padre Andrew y otro Jefe de un clan que nunca he visto. Uno de ellos cae en el suelo ya sin fuerzas, era el padre de Andrew, vemos como se acercan con antorchas encendidas y un hombre toma un gran galón de un liquido, de repente, tono que es combustible, lo bañan en eso y le arrojan con fuerza una antorcha, comienza a quemarse vivo... Sus gritos eran profundos, casi insoportables el escucharlo. Sollozando de dolor. Andrew se quedaba a mi lado y aunque sus ojos se llenaron de lágrimas, mantuvo la calma y fríamente le tocó solo observar. Ya era tarde, todo el pueblo se había levantando en contra de ellos y nada se podía había hacer para detener lo que estaba pasando. Seguimos caminando y vemos que otras personas, secuaces que pertenecían a los clanes, estaban encadenados y en el suelo. Uno de los encadenados se suelta, libera a otros dos y con mucha debilidad comienzan a ejercer su poder, controlan el hierro así que logran romper algunas cadenas — mientras miró todo esto solo puedo llorar, nunca había vivido nada así. El terror invadía mi mente y mis piernas no paraban de temblar. La ciudad se veía destruida y casas destrozadas, no había bebés, solo niños robando a otros adultos que estaban borrachos tirados en los andenes de las calles. Llegan mujeres de hermoso aspecto, que podía volar. Traían grandes trajes de colores oscuros como café y vino, otras de azul y aunque el tono era opaco, brillaban como si tuvieran pequeñas luces encima. Sus rostros podían engañar a cualquier, viéndose hermosas y de buen parecer, incluso deseables para un hombre perdido. Pero yo veía sus intenciones y lo más profundo de ellas. Eran brujas y estaban de cacería aprovechando el bullicio y la multitud de gente aglomerada en el lugar. Solo quería irme de ahí, antes que fuera demasiado tarde y algo peor pasará. Ya no está Andrew conmigo, me encuentro sola y perdida entre tantas personas, así que comienzo a correr para salir de ahí. Con toda mi voluntad hago lo posible por encontrar la salida de esa ciudad, ya que grandes muros rodean la zona. Decido por ver hacia arriba y se encuentra 2 brujas haciendo un conjuro, querían hacer el mayor sacrificio escuchado en la historia, ¡Quemar a todos lo que estaban en la ciudad vivos!. Mis nervios aumentaron y la adrenalina en mi sistema era inmensa. Cuando por fin veo la salida y corro con todas mis fuerzas para llegar, los gritos de la gente comenzaron a oírse y el escándalo de alegría por su cruel acto, se transformó y su peor consecuencia. Salí y observé de lejos como ella lanzaban bolas de fuego de color azul a todas las casas y partes de la ciudad. Se derrumbó todo, quedando nada, y la brujas llenas de satisfacción y más hermosura volvieron al bosque de donde había salido, un bosque que yo no había notado debido a que la ciudad lo ocultaba con su gran estructura. Se veían felices, como si hubiéramos cumplido el sueño de sus vidas. Nadie sobrevivió y solo escombro y llamas quedaban de ese lugar. Desperté. Quedamos todos en silencio unos minutos y se notaba que no sabían que decirme. — La verdad, es delicado todo lo que viste, pudo ser real como pudo ser una pesadilla demasiado específica en sus detalles. — dice la señora Lucia algo asustada sin tener nada mejor que decir con la intención de que no me alarme. — Todo va a estar bien, no iré a Ciudad Oscura y menos contigo, nos quedaremos lejos siempre. Te voy a cuidar toda mi vida. Andrew me abraza. Solo seguimos observando el lago y el señor Héctor encendió una fogata en medio de nosotros para que nos diera calor e iluminará nuestra noche. Sabia que todo lo que había soñado y visto, tenía un precio, pero mientras Andrew esté a mi lado, confiare en que nada nos va a pasar... Mejor seguimos observando esta hermosa noche de estrellas (...) Pasamos a estar afuera mirando las maravillas de la noche, hasta que llegamos a nuestra cabaña. Otra noche que tendría miles de nervios juntos teniendo en cuenta lo que podría pasar. Trato de ignorar los malos pensamientos, y me concentro en tener la ingenuidad de que nada malo podría pasarme. Siento unas manos bajar por mi espalda, efectivamente es Andrew. —¿Que te está pareciendo la noche?—soba mis caderas. —Bien, supongo. Besando mi cuello—Podría ser aún mejor. Me separé de golpe recostandome a la cama. Sin decir ni una sola palabra, comenzaron a atacarme los nervios, esto no podía estarme pasando. Oh sí que está pasando. Cállate conciencia. Siento su peso a mi lado—¿Te pasa algo?—me toca el hombro. —No, para nada—hago un intento de sonreír. Me abraza por la espalda, siento su m*****o en mi trasero. A decir verdad, no me incomodaba mucho, pero si un poco. No estaba acostumbrada a este tipo de situaciones, o tener una pareja que pasara más allá. ¿Así de tiempo estuve sola? No sé si lo hacía intencional o era solo por cariño. Esto comenzaba a cuestionarme mentalmente. Me volteo a mirarlo a los ojos, quedando pegados cuerpo a cuerpo. Mirándonos a la cara. Me parecía realmente muy guapo, verlo así de cerca me hacía enamorarme cada vez más. Siento como su mano choca con mi espalda nuevamente, besa mi cuello, y comienza a jugarse con el lóbulo de mi oreja. Diablos, sabe mis puntos débiles. —¿Que pretendes?—le dije mirándolo de reojo. —Nada que tú no quieras—me dice inocente. Le creo de cierta manera, puesto a que noches anteriores, siempre ha respetado mis decisiones. O sino quisiera tener nada en cuanto al tema de la intimidad, me sentía demasiado primeriza. Nunca había estado con nadie hasta ahora, iba a ser mi primera vez. Me deje llevar un poco conforme fueron pasando las horas. Me toma de la cintura—¿Como le haces para ser tan preciosa? Mis ojos morados se impresionan al verlo, y mi sentido auditivo escucha esa dulce voz. No pude evitar no sentirme con gran elogio. —Eso debería de preguntartelo a ti, mi chico precioso—beso su nariz. Rozamos nuestras narices, sentíamos esa conexión que complementaba al otro. Hasta que de pronto, siento que llega ese furor del momento. Mi blusa comienza a subirse, y no por arte de magia. Él era quien la estaba subiendo como un juego. Hasta que ese juego se convirtió en hacerse realidad, de repente en cuestión de minutos mi blusa había caído al suelo. No me detuve a pensar las cosas en su tiempo. Sólo me deje llevar, hasta que lentamente, me llevaba a hacerme suya. Siento como desabrocha mi sostén, este cae al suelo. No nos detuvimos por mirar a donde caía la ropa, mis senos quedan en el aire. Por pocos segundos duraron desnudos, ya que me dio un poco de pena. Y comencé a cubrirme. Me toma de la sábana—Tranquila, no te tapes—me dio tanta seguridad sus palabras. Que al final, quite mi agarre, y deje de cubrirme. Quedando completamente al desnudo para él, arranqué su camisa sin pensarlo mucho. Amé observar su torso pálido, y la musculatura que ahora tenía. Ya no es el mismo niño, se había convertido en todo un hombre. Sobo sus pectorales admirando cada uno, y observo que su pantalón está un poco tenso... Que nervios. Mi pantalón pasa a otra vida, había sido completamente arrancado por el. Parecía caperucita roja, a punto de ser devorada por el lobo feroz. Mis panties las quita con su boca, bajando por mis piernas. Se veía tan entretenido mirar todo lo que estaba haciendo, pero preocupada donde había aprendido tanto... Es inevitable que mis inseguridades tardarán en salir... Me mira a los ojos—¿Estas segura? Con una sonrisa divertida dije—Sí. Eso fue suficiente para que ese hombre se transformara, y lentamente se introdujera dentro de mi. El dolor se sentía, pero gracias a sus toques, los besos y el amor que se sentía en el ambiente. Era como si aplacase mi dolor, haciéndome perder la noción del tiempo. Centrándonos en que solo existieramos él y yo. Susurra a mi oído—Esta fue la mejor noche de mi vida. Lo miro—La mía también—besa mis labios. Deja un profundo beso, que me hace perder de otros pensamientos, sintiéndome completa. Como si no me faltará nada más que solo él. A su vez sentí como él me llenaba de tanto amor y de pasión al mismo tiempo. No me detuve a pensar que pasaría después, pero siento que una vez que iniciamos, no íbamos a poder parar. Así que esa noche, fue donde acabé siendo suya. Nuestros cuerpos lo pedían a gritos. Y la carne es débil... Comienza a lanzar fuertes envestidas dentro de mi, mi boca se abría pero el la tapaba de maldad. Decía que era para no hacer ruido. Pero disfrutaba del momento, lo amaba al mismo tiempo. Es divertido jugarnos así con el otro. Es una chispa que no supe que se podía conseguir, una vez que estuvimos un rato en ese vaivén, moviéndonos y jadeando. Se escapa uno de mis gemidos haciéndome retorcer, el se enciende el doble. Al pasar un rato, con nuestras respiraciones agitadas... Llegamos al clímax. Caemos rendidos a la cama, siento un poco la molestia aún, me supongo que es porque fue mi primera vez. —Te amo jazmín. —Y yo a ti andrew. Nos dijimos mirándonos a los ojos, completamente expuestos al otro. Disfrutando de esa noche alocada.
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