El doctor entró y al ver a Vanessa, sorprendiéndose al verlos, pero no dijo nada. Debido a la época era relativamente normal que las parejas pelearan y era bastante extraño que aún así, se sintiera tanta calma a pesar de todo.
Lo raro era que las heridas del hombre se veían más aparatosas. Dejándolo ver bastante mal.
Una de las enfermeras entró y molesta atendió a Vanessa, se veía bastante irritada.
En automático ella notó el motivo de su enojo, miró a Tobías, pero éste parecía perdido en sus pensamientos.
Mientras retiraba su canalizacion le dió un tirón.
— Ah! ¡¿Estás loca?! ¡¿Qué demonios te pasa?!
Gritó Vanessa furiosa.
La enfermera la miró con satisfacción y se preparó para salir.
Antes de pasar junto a él, miró espectante al hombre. Él permaneció impasible, y Vanessa casi vomitaba sangre de la ira.
Pero lo soporto...
”Maldita zorra"
Apretó los dientes y se volvió a recostar en silencio.
— Su señora puede retirarse. Debe de tener mucho cuidado, el bebé corre riesgo...
— ¿Porqué habla con ése hombre de mis asuntos personales?
El doctor incómodo por un segundo se asustó pero, se aclaró la garganta y se acercó a ella.
— Disculpe, debe estar en reposo relativo. No presionarse demasiado y llevar un embarazo tranquilo.
— ¿Es todo?
Preguntó ella como si no le importara y con cierta irritación.
— ¡Maldita sea! ¡¿Es todo?! ¡Llevas a mi hijo en tu vientre!
Escúchame bien, hasta que ése bebé salga, tú harás todo lo que los doctores digan.
Vanessa puso los ojos en blanco y permaneció indiferente como si no escuchara nada. El doctor asustado terminó de dar sus instrucciones y salió casi corriendo del lugar.
Después de unas horas más, le dieron el alta y mientras Vanessa se preparaba para salir, Tobías luchaba por contener su rabia, ella no le dirigió una mirada o palabra en todo momento, y permaneció indiferente todo el tiempo, sin darle la más mínima importancia.
Al llegar a la recepción, ella se acercó a la enfermera para pagar.
— ¿Cuánto es de la habitación 13?
— ¿He? ¿No es su esposo? Ya se encargó de los honorarios.
— ¿Cuanto fue?
La enfermera, perdida los miró a ambos. Tobías estaba estirando hasta lo más mínimo de su paciencia. Para hablar con ella y con los dientes apretados le habló con la mayor calma posible.
— Vanessa...
Ella lo ignoró y tratando de sacar lo que considero sería suficiente, lo puso en la mesa.
— Aquí está, regrese ese dinero.
Sin esperar una respuesta, caminó en dirección a la salida mientras, Tobías la siguió rápidamente.
— Vanessa, ¡Vanessa!
Gritó él, tomando su mano.
Ella se encontraba tan asustada, desconcertada y desesperada, que por reflejo volvió a abofetearlo.
Él no la soltó y aguanto el golpe en silencio.
Vanessa se sorprendió, pero después de un momento se recompuso, sus manos comenzaron a temblar y la mirada desconcertada desapareció después de unos instantes.
— Vanessa, por favor...
La voz de Tobías se volvió baja y suplicante.
Su ansiedad era tan sofocante al grado de suplicarle si fuera necesario o arrodillarse para salir de una vez por todas de esa terrible situación.
Sí ella se lo pedía lo haría sin pensarlo dos veces.
No importaba que, lo que menos quería era perderlos de nuevo y menos aún si ya su preciado tesoro estaba con ella.
Por fin podía tener lo que más había anhelado en el mundo. Una familia con la mujer que amaba y la vida que se le había negado, haría hasta lo imposible por darles lo mejor a todos y estaba dispuesto a hacer lo que fuera por ello.
Siempre pensó que el día que se convirtiera en padre, sería el más feliz y emocionante de su vida. Pero...
Fue más deprimente de lo que esperó, si tuviera que cumplir sus caprichos, aguantar su mal humor, consentirla e incluso ser padre de Manuel, lo haría sin preguntar y hasta con gusto. Pero sus palabras lo arrojaron de nuevo a un frío y crudo invierno.
— Aléjate de mí.
— ¿Qué?
— Aléjate de mí, de Manuel y mi hijo. ¡Ya estoy cansada de verte!
Por una extraña razón, ella se alteró al punto en el que se veía en pánico y muy estresada.
— Vanessa, necesito que me...
El te preocupó y trató de tranquilizarla, pero de nueva cuenta, la gran boca de Vanessa entró en acción.
— Tobías, sí no lo haces. Te juro que abortare a tu hijo.
Tobías apretó su agarre y la giró violentamente hacia él. Estaba tan furioso y dolido que no pensó en absoluto y habló impulsivamente.
— Y yo, te juro que sí algo le pasa a mi hijo. Te mataré a tí y a ese bastardo que está en tu casa.
Vanessa no podía creer sus palabras, sintió como si su sangre se hubiera drenado por completo. Tobías se había transformado al instante esa mirada se volvió casi sanguinaria y sin una pizca de calor.
Aunque eso era lo que buscaba, sintió un dolor genuino, apenas contenible. Sabía que se habia excedido, pero no podía dar marcha atrás.
Cualquier cosa o cariño que hubiera sentido por él, trató de desvanecerlo y convertirlo en nada.
No podía confiar en él.
— Entiendo.
Respondió con una voz agotada y sin fuerzas. Tobías notó que algo no iba muy bien y tragó con nerviosismo. Quería golpearse con algo y sintió un arrepentimiento más allá de lo explicable.
Vanessa bajó la mirada y después de un largo suspiro habló.
— Te daré al bebé.
A cambio quiero que me dejes ir a mí y a Manuel lo más lejos posible, no quiero dinero, casa o algún favor especial.
Sólo quiero largarme de aquí y no volver a saber nada de tí ni de tu familia.
Jamás...
Eso no llevaría a nada, una relación basada en engaños, infidelidades y traiciones no era apta para nadie, ya sé sentía agotada, lo mejor era superarlo.