Las puertas estallaron en fragmentos. El humo sirvió de distracción. Jonast no quería moverse, pero James lo motivó. Agachados, con el antebrazo a la altura de la nariz, salieron al otro lado. El pánico se desató: los civiles corrieron al exterior. Dos explosiones más: Janette había entrado en combate. —¡Debo apoyar a mi hermana! —gritó Jonast. —¡No, Jonast! —espetó James, tomando del brazo a su mejor amigo—. Tu hermana fue clara y ella está dando su vida para protegerte. Jonast calló por unos segundos, con la vista hacia el humo n***o. Ráfagas de disparos se oían. La energía de Janette era percibida por ambos pilotos. —No puedo abandonar a mi hermana, James —dijo con la voz quebrada—. Ella es como una segunda madre para mí. —Lo sé, Jonast, pero arriesgó su vida para sa

